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jueves, 12 de abril de 2012

Trafalgar : El desenlace ( 3 min.)


Trafalgar : El desenlace ( 3 min.)


©Juan B Lorenzo de Membiela

El total de caídos  es desconocido. Se cree que franceses fueron 3.701 muertos  y 1.556 heridos. Españoles, aproximadamente,  1056 muertos y 1.385 heridos, sin incluir los náufragos del  « Rayo», « Neptuno »  y « San Francisco de Asís » .Ingleses 449 fallecidos con 1.214 heridos.

El comportamiento de las tripulaciones fue épico, rememorando gestas de gloria, bramando valentía, furia en el semblante, presto el sable, la bala y el obús. Timbre de la bizarría del español que combate, retando incesante  a la muerte para gloria de la patria.

El comandante Pareja, del “Argonauta”, mencionaba en carta dirigida al almirante  Gravina: "... recomiende a la piedad de Su Majestad tan beneméritos vasallos, cuya súplica reitero a favor de los Oficiales mayores, de mar, tripulación y guarnición, que se han portado con un valor excesivo y más alto de lo que yo pudiera imaginar”.

O los ruegos del comandante Argumosadel navío “Monarca”  "...los demás Oficiales Mayores y de Mar, guarnición y tripulación, en los que he notado un espíritu y valor . con deseos de sacrificarse cual no he visto en muchas acciones en que he tenido el honor de encontrarme desde que estoy en el servicio.

Aquí se fragua el mito de Trafalgar.

 Si en Inglaterra, capitanes, oficiales y valientes merecieron nombres de calles y plazas, hasta columnas en la capital del reino. Oportuno es decir  que en España no exista mención honorifica, calle, plaza o columna alguna que perpetúe   tal valor y generoso sacrificio. Sólo en el himno de la Armada se alude a la “(...)victoria en Lepanto y la muerte en Trafalgar(...)”.
De entre todos los buques españoles quiero referirme a uno en especial: el Neptuno, de 80 cañones, capitaneado por el brigadier D. Cayetano Valdés y Flores; como segundo, el capitán de fragata  D.  Joaquín Somoza de Monsoriú, ambos heridos en combate, tomando el mando, como comandante accidental, D. Santos Antonio de Membiela y Rico, teniente de navío,  hasta el desembarco de heridos y tripulación.
Por Real Orden 6 de noviembre de 1792 se ordenó su construcción bajo la advocación de S. Francisco Javier. Botado en Ferrol en 26 de noviembre de 1795, su casco era  de color negro  con dos bandas amarillas en la  línea de baterías.  Desplazaba 2.362 toneladas y  contaba con 797 hombres de tripulación. 

Entró al combate  en ayuda al  « Santísima Trinidad »  y  al « Bucentaure », insignia de la combinada  .  Fue atacado por dos  navíos de tres puentes, sufriendo, durante  hora y media, un fuego extremo  tanto  por babor como por su   aleta. Desarbolaron el palo de mesana, masteleros mayores con destrozos en el cuerpo  del navío.  Otros dos barcos ingleses,  y a menor distancia, mantuvieron el fuego, hiriendo a su  capitán y a su segundo. En total   42 muertos y 47 heridos.

Sin buque alguno a quien pedir ayuda,  se  acordó la rendición a las 17.30h.. Quedo el navío sin posibilidad de gobierno y a merced de la tempestad que lo estrelló contra la  costa hundiéndose en las cercanías del castillo de Santa Catalina del Puerto de Santa María.

Tras la batalla siguió de inmediato un temporal ya previsto por la oficialidad española pero ignorada por el Almirante francés. Al amanecer del día 22 de octubre, rompió con especial virulencia con vientos del Norte-Oeste. Los buques apresados fueron libertados para salvaguardia de los propios   y poco a poco fue lanzando los navíos contra las rocas  del acantilado. Tras una calma, el viento sopló del Sur con más ímpetu  obligando a los combatientes  a socorrerse . El recíproco auxilio después del feroz combate borró la linea que divide a vencedores con derrotados.

Como testimonio del estado en que quedó la flota, baste referir la carta del comandante accidental del “Neptuno”, Santos de Membiela al almirante Gravina en 27 de octubre (González-Aller, 2005:1085):

“Excmo. Sr.: La tarde del 25 del corriente, acompañado de un singular gozo, tuve el gusto de salvar sin el menor auxilio de tierra y sólo con el que proporcionó el buque, la tripulación y guarnición del navío Neptuno de mi mando, a excepción de los heridos y treinta hombres de tripulación que quedaron para el socorro de aquellos infelices, acompañándome para lo mismo el teniente de fragata (...) los que contribuyeron con el mayor celo y actividad, a pesar de la falta de alimentos de tres días, al feliz éxito que hago presente a V.E. (...)

No puedo pasar a manos de V.E. una noticia individual de los muertos, heridos, ahogados y extraviados por haberse perdido todos los documentos y no ser posible la averiguación por el naufragio acaecido, y sólo sí por los vivos podrá saberse el número de cada clase.

Soy testigo de la situación lamentable de todos los oficiales, despreciando todo riesgo e intereses, cuidando únicamente con el mayor celo de su honor, precaviendo cada uno el modo de lograr el éxito deseado, y viéndonos en la más deplorable situación, sin más equipaje que la ropa puesta y sin algunos recursos, imploramos la piedad de V.E. para que active sus providencias para nuestra habilitación y precisa decencia, esperando las órdenes de V.E. para obedecerlas con la exactitud que lo exige el caso presente(...)”.

  Heridos y enfermos de  ambos bandos fueron socorridos  en los hospitales de Cádiz. Los prisioneros españoles y franceses libertados  en reconocimiento a esa gentileza propia de españoles. 


De los 33 navíos que partieron desde Cádiz el día 19 de octubre, quedaron solo 10:  5 españoles y 5 franceses. Posterior a ese combate , la armada española sufrió un abandono extremo pudriéndose  en los apostaderos  militares. Amén de la falta de paga durante meses a los marinos y la indigencia causada que incrementan su bizarría  ante la adversidad de los tiempos.

Trafalgar , en fin, supuso una soberbia lección de combatividad nunca más vista. 


Quedan para ser recordados héroes como Churruca- venerado por los ingleses tras la contienda-, Alcalá-Galiano, Alcedo, Gravina, Jado de Cagigal, Gardoqui, Iriarte, Hidalgo de Cisneros, Escaño, entre ortos. Junto a marineros desconocidos que merecen un reconocimiento especial porque el honor es patrimonio del espíritu sin distinción de galones.




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