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miércoles, 2 de mayo de 2012

Liniers y Bremond : virrey en el Rio de la Plata


Liniers y Bremond : virrey en el Río de la Plata
©Juan B  LORENZO de MEMBIELA

En  Santiago de Liniers Bremond  (Niort, 1753), último  virrey del Rio de la Plata  nombrado por monarca de España, se erige el ideal romántico de la tragedia personal y política.  El hombre como  víctima de una  naturaleza  caprichosa  dirigida por   hados perversos.  Acontecimientos  erráticos , con ímpetus destructivos.  Vientos  sin rumbo que fuerzan naufragios vitales.
De noble cuna a  fosa común : de virrey de España a convicto de muerte.
Los Pactos de familia suscritos entre España y Francia  durante el s. XVIII permitieron  que Liniers y Bremond sentara asiento como oficial  en el Real Colegio de Guardias Marinas de Cádiz  en 1776.  
Tuvo una corta pero intensa  carrera  naval. Participó en la expedición de Ceballos a Rio Grande en 1776 , en la guerra contra Portugal.
Combate en la campaña contra Inglaterra en  la flota franco-española al sitio y rendición de Mahón y al bloqueo de Gibraltar. Por sus actos de guerra es ascendido a Capitán de fragata en 1782. Llega a Rio de la Plata en 1788 ocupando durante años diversos destinos.
Desde su apostadero en  la Ensenada divisó a la importante flota británica que conquistó  Buenos Aires bajo la insignia del general  Beresford en 27 junio de 1806 .Desde aquel momento   ideo la liberación de la ciudad junto al gobernador de Montevideo, brigadier Ruiz Huidobro. Cuando el marino se presentó ante  la ciudad, entregó una misiva  al oficial inglés. Con arrogancia concedía 15 minutos para deponer las armas y entregar la ciudad:
« O dispuesto al partido de librar sus tropas a una total destrucción o a entregarse a la discreción  de un enemigo generoso ».
El ingles se vio obligado a la rendición.
En 14 de julio de 1806  el virrey Sobremonte delega en él  provisionalmente la jefatura de las fuerzas militares. Pero todavía el virreinato está  vacante oficialmente.
Volverá a  defender Buenos Aires,  de nuevo contra la flota inglesa, esta vez  bajo la insignia del general Whitelocke, en 5 de julio de 1807;  intento de conquista repelido (Demaria, 2001). 
Fue entonces cuando es aclamado y vitoreado por el pueblo para ser  virrey.  Único caso en la historia de esta institución administrativa. El rey no se opuso ( Radaelli,1954).
Liniers llega, al fin,  a su destino vital que lo cincelará  en el tiempo. Formalmente  juró su cargo en 16 de mayo de 1808 .
España sufría la invasión de Francia. El  origen francés de Liniers  suscitaba recelos en Buenos Aires  y en  Cádiz.  Que fue aprovechado por sus enemigos.
Su juramento  de acatamiento a SMC Fernando VII y a la Junta Suprema Central y Consejo de Regencia de España e Indias  le  impedía pactar  con  Napoleón y su hermano José I  a la sazón rey de España -que le hubiera supuesto importantes   ventajas personales y patrimoniales-.   
No lo hizo. Y así lo comunicó al marqués de Sassenay, enviado por el emperador.
 Lo reemplazó  Cisneros en julio de 1809.  ¿Cómo sí? El cargo de virrey se ejercía por periodos de 5 años, frecuentemente prorrogados. Es difícil no creer que las suspicacias  sobre su nacionalidad ocasionaran el motivo del relevo.
Fueron pocos años de gobierno pero intensos en conflictos: contra ingleses, contra  portugueses en Brasil, con propios y extraños… contra el sino de los acontecimientos en constante reto.
No regreso a España para ser enjuiciado por su gestión como virrey, en el llamado « juicio de residencia »  . La animadversión contra los franceses en la Península era tan  acusada como  para que obtuviera un juicio objetivo.
Optó por  retirarse a Alta Gracia, en Córdoba (Argentina) ,  a una apacible vida de hacendado.
La Revolución de Mayo en 1810  en Buenos Aires  por los criollos ( hijos de españoles nacidos en el país)  da por extinguido el virreinato. Eso  motivó  su regreso a una obediencia que ya no era del todo suya, oficialmente. Junto a su amigo  Gutiérrez de la Concha y otros españoles realistas,   intentaron la recuperación de Buenos Aires.
Detenidos todos,   la  lealtad de Liniers  a la corona de Castilla  y su carisma personal solo invitaba a que fuera pasado por las armas.
Ese mismo honor, vilipendiado y cuestionado por casi todos, engarzaba en su corazón  los colores de nuestra bandera.  A nadie importaba ya. La fatalidad para unos   siempre favorece a otros . Y a todos convino.
 En 26 de agosto de 1810, en el monte de los Papagayos,  cerca de la posta Cabeza de Tigre, en Córdoba (Argentina),  su lealtad se hizo inmortal.
Fue  el fusilamiento  más controvertido que tomaría la Junta revolucionaria de Mayo. Nadie pudo evitar lo que el jacobismo revolucionario exigió para consolidarse como opción de poder.
Debió la Junta reiterar la condena a muerte  por la reticencia de los oficiales y una más que posible negativa de la tropa. La generosidad  y valentía de Bremond   tantas veces desbordadas  impedía una medida tan extrema. La hermandad que fragua el combate es difícil de romper.
La vida de Liniers siempre estuvo ante el abismo  de las encrucijadas.
En lo personal, contrajo matrimonio en Málaga (España) con Dª Juana Úrsula de Membiela  en 1783, también de origen francés, aunque para ser preciso, habría que decir navarro, de la llamada  Navarra Baja.   Con ella tuvo dos hijos.  Dª Juana falleció a los dos  años  de llegar a  Rio de la Plata, en 1790. Seguida por su única hija del matrimonio, de menos de 2 años  , Antonia, en 13 de septiembre. Su hijo varón D. Luis Liniers de Membielle  regresó  con su tío materno D.  Juan de Membiela ( Pezzi, 2003) a  Málaga.
Es frase suya en el patíbulo:
« […]  el Señor, el que sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. El que me ha precavido en tantos peligros me precaverá en los presentes, si así me conviene y es arreglado a su justicia; pero si por sus altos decretos hallase en esta contienda el fin de mi agitada vida, creo que me tendría en cuenta y descargo de mis innumerables culpas este sacrificio[…]  »
Ante ello,  por ello, mencionar lo que dijo Rubén Darío:


«[…]  Era bueno, era puro. Era lo que hay que ser
Cuando se trae en el hombro la piedra del deber […] »



Se le concedió  póstumamente título de Castilla.