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jueves, 2 de junio de 2016

A D. Jose Martínez Jiménez, Fiscal Superior del Tribunal Superior de Justicia de Castilla La Mancha en la imposición de la Cruz de honor de S. Raimundo de Peñafort.

A D. Jose Martínez Jiménez, Fiscal Superior del Tribunal Superior de Justicia  de Castilla La Mancha  en la imposición de la Cruz de honor de S. Raimundo de Peñafort.

por
Juan B. Lorenzo de Membiela
Letrado de la Administración de la Seguridad Social 

Hay muchos hombres que dedican su vida al cultivo de lo propio y otros, pero pocos, al cultivo de los demás. Entre estos pocos, magníficos pocos, encontramos a D José Martínez Jiménez, jurista, profesor y amigo.

Escribo estas palabras no al fiscal sino al hombre que ha esbozado vidas y trayectorias a través de su docencia. Porque si bien  las veneras y distinciones  sientan bien al cargo, alcanzan su máxima plenitud cuando son merecidas por  las virtudes  de la  persona honrada.

Unas virtudes que cabrían concretarse en dos principales sobre otras muchas: la generosidad hacia sus alumnos por las muchas privaciones personales y domesticas que conlleva todo magisterio. Y su sencillez y cercanía, inquebrantables a los ascensos a lo largo de una carrera profesional brillante.

Poco posee el opositor cuando comienza su camino: unas vagas ilusiones, muchos sueños y una soledad matizada de incertidumbre. Hay mucha resignación y esfuerzo en ello. Muchas privaciones y mucha vida invertida que pasa con la sutil levedad del agua que se escurre entre los dedos. Es una travesía sin final cierto y, como toda singladura, con peligros ignorados.

Como plasmó Lucrecio: «Grato es contemplar desde la orilla el peligro ajeno cuando los vientos furiosos revuelven los vastos mares».  En esta empresa que unos pocos emprenden, la presencia, constante y abnegada de D. Jose, reconfortó y dirigió.  Iluminando parajes cegados a cualquier luz, ciñendo la vela contra vientos que soplan tempestades… Con el talento de extraer el rendimiento preciso para afrontar un examen que condensa, en un breve instante, años de esfuerzo.

Sin embargo, la obra de D José no se agota en este afán generoso. Hay detrás de todo ello una actividad creativa que es esencial para fundamentar sociedades:  formar a hombres libres, alejados del prejuicio y respetuosos con la ley.

Y otra consecuencia, de carácter espacial, a través de este magisterio, muchos, por no decir casi todos, llevamos a Albacete en nuestro nacimiento. Nadie puede promover a su ciudad mejor que aquel que posibilita a sus ciudadanos preservar el interés general del Estado.

En la sede de este Tribunal Superior de Justicia, antigua Real Audiencia Territorial de Albacete, creada por SMC la Reina Gobernadora Maria Cristina en 1834, existe un hombre, de trato sencillo, cálido y cercano que es honrado merecidamente por todos sus servicios al Derecho y a la dignidad de la persona.

De su alumno, en agradecimiento y reconocimiento a un amigo admirado y querido.





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