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martes, 25 de octubre de 2016

El monfortino VII Conde de Lemos y Miguel de Cervantes (y II)


El monfortino VII Conde de Lemos y Miguel de Cervantes (y II)

por

Juan B Lorenzo de Membiela



El secretario de Lemos, Lope de Vega[1] propició el encuentro con Cervantes.  Desde ese momento recibió su protección y socorro. Fue Lemos y el arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, sobrino del duque de Lerma, quienes evitaron que Cervantes muriese el 22 de abril de 1616 en penuria[2], pero no en extrema indigencia:  son cosas distintas[3].

El agradecimiento queda escrito en el Prólogo a la Segunda parte de «D. Quijote de la Mancha», de 1615, del siguiente modo:

«[…]Viva el gran conde de Lemos, cuya cristiandad y liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas; […] Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mía ni otro género de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el hacerme merced y favorecerme; en lo que me tengo por más dichoso y más rico que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre. La honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso: la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo […]». del
puesto en su cumbre.
Y, posiblemente impidieron, que fuera procesado por la Santa Inquisición debido a dos excomuniones: la primera, dada por el Arzobispado de Sevilla por la requisa de cereales en Écija. 

La segunda, dictada por el vicario general de Córdoba por encarcelar a un sacristán de Castro del Rio, reacio a entregar grano. La función recaudatoria , sea de la real de abastos para la Armada y la Flota de Indias[4], sea para otra empresa diferente, traía, en ocasiones, estas ingratas consecuencias[5] .

No fue el primer benefactor de Cervantes Saavedra.



En 1605, con 58 años, publicó «El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha», dedicado al duque de Bejar. La relación entre ambos no enriqueció a ninguno. No satisfizo a Cervantes, en cualquier caso, porque una vida surcada en horizontalidades no inspiraba en demasía. Más, para un innovador, que como todo creativo, precisaba desafíos, hazañas, lances…al menos, que excitaran su fuerza creadora[6].

Su dedicatoria en el «Quijote» de 1605, no es dirigida al titulado D. Alonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor, sino a los títulos que ostenta, lo que refleja una frialdad y distanciamiento que genera interpretaciones dispares.

Además, contrasta la originalidad del prólogo con una dedicatoria que es un plagio a la dada   por Fernando de Herrera en «Obras de Garcilaso, con anotaciones»[7], publicado en Sevilla en 1580.

La dedicatoria dice así:

«Al duque de Béjar

MARQUÉS DE GIBRALEÓN, CONDE DE BENALCÁZAR Y BAÑARES,
VIZCONDE DE LA PUEBLA DE AECOCER, SEÑOR DE LAS VILLAS
DE CAPILLA, CURIEL Y BURGUILLOS

En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda suerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías del vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso Hidalgo don Quijote ele la Mancha, al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, con el acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente en su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso ornamento de elegancia y erudición de que suelen andar vestidas las obras que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer seguramente en el juicio de algunos que, no conteniéndose en los límites de su ignorancia, suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajos ajenos que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en in] buen deseo, tío que no desdeñará la cortedad de tan humilde servicio.

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA».

Con Lemos, concurren otras perspectivas. Con experiencia de estado, civil más que militar…Sin haber entrado en años, pero alejado de las veleidades de una mocedad que no pudo permitirse, Cervantes se sentía protegido, pero tambien cómodo. Dos situaciones distintas que aplacan dos miedos diferentes: el exterior del mundo y el interior de la conciencia.

D. Pedro de Castro era un mecenas, conocido por su patrocinio. Es comprensible que numerosos escritores buscaran su apoyo. Pero de entre muchos, con Cervantes, hay una relación diferente, distinta en entidad. Más diferente y más distinta a partir de la muerte, en 1613, del secretario del conde, el aragonés, Lupercio Leonardo de Argensola[8] .

Mostrar esa conexión entre ambos es difícil porque lo verdaderamente emotivo se guarece en lo sublime infinito. 

Podríamos recurrir a la ascendencia gentilicia de Cervantes, que era gallega, ubicada en el concello o ayuntamiento de Becerrea (Lugo). Municipio bajo la jurisdicción de la casa de Lemos[9]. Y esa vinculación paterna, lejana en el tiempo, sí pudo conservarse en la cultura familiar propiciando afinidades: ¿Quién puede negarlo, quien puede afirmarlo?...

Advirtamos que, en vida, Miguel de Cervantes pasó inadvertido.  Sus obras se desvanecieron bajo la indiferencia de todos [10].No alcanzó la gloria de Lope de Vega y otros coetáneos[11].

 Es más, no fue conocido ni reconocido salvo por su benefactor y pocos más[12]. Las lagunas que existen sobre su vida son debidas a esto precisamente.  La falta de un retrato obedece a idéntico motivo[13]. No así a su autorretrato, descripción literaria, que la plasma en el prólogo de sus «Novelas Ejemplares»[14].

Además de escritor y comisario-recaudador fue soldado. Su milicia le marcó esencialmente.

Sangró en Lepanto en 1571 en la galera «La Marquesa», combatió en Terceira (Azores) en la batalla de Salga[15],penó en Argel[16] y ejerció inteligencia en Oran y Mostagán en 1581[17] .Fue , sin duda, su época más plena. El resto… una constante remisión a aquellas jornadas de alegría y gloria.

Su condición de «soldado viejo» le supuso, en ocasiones, encontrar empleos; en otras, descubrir el desencanto de una patria indolente hacia héroes, como él y como tantos otros cuyas hazañas presenció[18]

El 6 de junio de 1590 el doctor Núñez Morquecho, del Consejo de Indias, rechazaba la petición para desempeñar un cargo en el nuevo mundo: «Busque por acá, en que se le haga merced[19][…]».

Al menos una lacónica evasiva como respuesta, forma amable, preferible, al silencio humillante.

No perteneciendo a una familia influyente se vio obligado a buscar el favor de terceros, para subsistir, para publicar...para vivir.

Era hombre de valor y arrojo:  a nadie que ha combatido junto a la parca puede exigírsele mansedumbre y vasallaje incondicional[20]. Un carácter tan leal como confiado que bien pudo ocasionarle prisión[21]

O tal vez lo ineludible que así quiso. Un fatum enigmático que originó la creación del «Quijote». Obra atemporal, que traspasa el humor deslizándose hacia lo filosófico. Adentrándose en lo imperecedero del hombre en cualquier tiempo y en todo lugar: ¿Cómo pudo concebirse un cosmos de vida en esa estrecha y angosta celda? ¿cómo pudo continuarse después, bajo la sospecha maledicente de una sociedad hipócritamente puritana?[22]

Sin duda es, en este contexto, en donde la regresión intimista del escritor esculpió catedrales con palabras.

Cuatro son las obras que dedica a Lemos. Todas ellas con afecto, humildad y agradecimiento. Los auxilios de ese patrocinio los desconozco. Pero sabemos que siguió escribiendo, de modo fecundo, además, desde 1613, cuando la relación entre Lemos y Cervantes consolidaba sinceridad y admiración recíproca.

Las dedicatorias que también son llamadas «cartas», son escritas desde lo profundo de un solitario que se siente escuchado, comprendido. Es humildad orgullosa de un viejo soldado lacerado por la ingratitud de muchos.

En las «Novelas ejemplares» publicadas el 7 de agosto de 1613, consta la siguiente dedicatoria:

«A DON PEDRO FERNÁNDEZ DE CASTRO,

Conde de Lemos […]y Capitán General del Reino de Nápoles,
Comendador de la Encomienda de la Zarza
de la Orden de la Alcántara.

En dos errores, casi de ordinario, caen los que dedican sus obras a algún príncipe. El primero es que en la carta que llaman dedicatoria, que ha de ser breve y sucinta, muy de propósito y espacio, ya llevados de la verdad o de la lisonja, se dilatan en ella en traerle a la memoria, no sólo las hazañas de sus padres y abuelos, sino las de todos sus parientes, amigos y bienhechores. Es el segundo decirles que las ponen debajo de su protección y amparo, porque las lenguas maldicientes y murmuradoras no se atrevan a morderlas y lacerarlas. Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso en silencio aquí las grandezas y títulos de la antigua y Real Casa de Vuestra Excelencia, con sus infinitas virtudes, así naturales como adquiridas, dejándolas a que los nuevos Fidias y Lisipos busquen mármoles y bronces adonde grabarlas y esculpirlas, para que sean émulas a la duración de los tiempos. Tampoco suplico a Vuestra Excelencia reciba en su tutela este libro, porque sé que si él no es bueno, aunque le ponga debajo de las alas del Hipogrifo de Astolfo y a la sombra de la clava de Hércules, no dejarán los Zoilos, los Cínicos, los Aretinos y los Bernias de darse un filo en su vituperio, sin guardar respecto a nadie. Sólo suplico que advierta Vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que, a no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados. Tales cuales son, allá van, y yo quedo aquí contentísimo, por parecerme que voy mostrando en algo el deseo que tengo de servir a Vuestra Excelencia como a mi verdadero señor y bienhechor mío. Guarde Nuestro Señor, &c. De Madrid, a catorce de julio de mil y seiscientos y trece.

Criado de Vuestra Excelencia,

Miguel de Cervantes Saavedra».

El 25 de julio de 1615 publica «Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados ».

Su dedicatoria es la siguiente:

«Al Conde de Lemos


Ahora se agoste o no el jardín de mi corto ingenio, que los frutos que él ofreciere, en cualquiera sazón que sea, han de ser de V. E., a quien ofrezco el destas Comedias y entremeses, no tan desabridos, a mi parecer, que no puedan dar algún gusto; y si alguna cosa llevan razonable, es que no van manoseados ni han salido al teatro, merced a los farsantes, que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras grandes y de graves autores, puesto que tal vez se engañan. Don Quijote de la Mancha queda calzadas las espuelas en su Segunda parte para ir a besar los pies a V.E. Creo que llegará quejoso, porque en Tarragona le han asendereado y malparado, aunque, por sí o por no, lleva información hecha de que no es él el contenido en aquella historia, sino otro supuesto, que quiso ser él y no acertó a serlo. Luego irá el gran Persiles, y luego Las semanas del jardín, y luego la segunda parte de La Galatea, si tanta carga pueden llevar mis ancianos hombros; y luego y siempre irán las muestras del deseo que tengo de servir a V. E. como a mi verdadero señor y firme y verdadero amparo, cuya persona, &c.

Criado de V. Excelencia:

Miguel de Cervantes Saavedra».

Y por último, la obra póstuma: «Los trabajos de Persiles y Segismunda», publicados el 23 de diciembre de 1616, cuya dedicatoria ha sido y es la más debatida por su enorme carga emocional:

«A DON PEDRO FERNÁNDEZ DE CASTRO,
Conde de Lemos […]

Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan:

Puesto ya el pie en el estribo,

quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras la puedo comenzar, diciendo:

Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
gran señor, ésta te escribo.

Ayer me dieron la Estremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuesa Excelencia; que podría ser fuese tanto el contento de ver a Vuesa Excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos, y por lo menos sepa Vuesa Excelencia este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle que quiso pasar aun más allá de la muerte, mostrando su intención. Con todo esto, como en profecía me alegro de la llegada de Vuesa Excelencia, regocíjame de verle señalar con el dedo, y realégrome de que salieron verdaderas mis esperanzas, dilatadas en la fama de las bondades de Vuesa Excelencia. Todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín, y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mía, que ya no sería ventura, sino milagro, me diese el cielo vida, las verá, y con ellas fin de La Galatea, de quien sé está aficionado Vuesa Excelencia. Y, con estas obras, continuando mi deseo, guarde Dios a Vuesa Excelencia como puede. De Madrid, a diez y nueve de abril de mil y seiscientos y diez y seis años.

Criado de Vuesa Excelencia,

Miguel de Cervantes».

Miguel de Cervantes escribía esta carta el 19 de abril de 1616, cuatro dias antes de expirar. Solo ella merece un estudio más profundo y no una simple referencia. Sin miedos ya que abordar, pasada la tempestad de la vida, afronta el transito con resignación. No hay relativismos que valgan, porque solamente desde una autentica convicción puede asumirse, de este modo, el misterio de la vida.  

Además de su sentimiento, concurre otro rasgo único: la generosidad de Cervantes. Como dijo Vicente de los Ríos: «dedicatoria que es digna de que la tengan presente todos los grandes y todos los sabios del mundo, para aprender los unos a ser magníficos y los otros a ser agradecidos […]».

Ilustraciones: Gustav Dore


[1] Desde 1598 a 1600, vid. Enciso Alonso-Muñamer, I.: (2008): «Nobleza y mecenazgo en la época de Cervantes», Anales Cervantinos, v. IX, p. 50.

[2]  Alvar Ezquerra, A. (2004): «Cervantes: genio y libertad», en Temas de hoy: Madrid.

[3] ¿ Por qué los dirigentes del Imperio  no tuvieron a bien proveerle económicamente a cargo del erario publico? En otras naciones de Europa era practica común.

[4] Autores fechan su ingreso en la Administración real en el año 1587 con el empleo de recaudador o comisario de abastos de Sevilla, vid. Ossorio Crespo, E.: «Así fue…Miguel de Cervantes, Recaudador de Impuestos», en la revista digital La ventana de la Agencia, p. 20. Otra denominación del cargo que se ha utilizado por autores es la de recaudador de impuestos para la corona.

En una carta enviada por Cervantes al rey, indica que se encuentra bajo las ordenes de D. Antonio Guevara, Proveedor general de la Armada y Flotas de Indias, vid. Valverde Ferrer, C., «1607. Año cervantino en América» Actas XLII (AEPE), Centro Virtual Cervantes.

Ejerció el cargo de comisario desde 1587 a 1590 y desde 1591 a 1594, fecha en la que Felipe II sustituye el anterior sistema de requisas., véase: Munguía García, V.E. (2002): «Biografía de Miguel Cervantes Saavedra: estado de la cuestión», Madrid: Universidad Complutense de Madrid, tesis doctoral inédita, pp. 175 y 216.

Para el capitán de navío e historiador Cesáreo Fernandez Duro en su obra: «Cervantes, Marino. Demostración», Tipografía Gregorio Estrada, Madrid, 1869, fue el consejero Antonio Guevara, Proveedor general de las armadas y flotas de Indias, quien nombró cuatro comisarios que le ayudaran en el desempeño de su gestión, distribuyendo los caudales de la Real Hacienda en la compra de víveres y demás efectos necesarios con orden y economía. Uno de esos comisarios nombrados fue Miguel de Cervantes, expidiéndole despacho el 15 de junio de 1588.

Instrumentos notariales encontrados en el Archivo de Protocolos de Sevilla y datados en Puebla de Cazalla revelan que Cervantes firmaba como comisario de la Hacienda Real en 1593 recibiendo una sustanciosa paga por ello. Este hecho refuta el de algunos biógrafos que lo situaban bajo extrema pobreza. Aunque no deben olvidarse las responsabilidades pecuniarias y personales que afrontó en el ejercicio de su cargo.

Véase:http://noticias.universia.es/actualidad/noticia/2014/08/13/1109641/4-manuscritos-revelan-miguel-cervantes-cobraba-impuestos-corona.html

Sobre la estancia de Cervantes en Andalucía, puesto que no solo visito Córdoba y Sevilla, tambien estuvo en Málaga, Jaén y Granada puede consultarse: Rodríguez Marín, F. (1947): «Cervantes en Andalucía», Estudios cervantinos, Madrid: Atlas, pp. 79-92.

En el capítulo 41 del Quijote, Cervantes   cita expresamente a Vélez-Málaga, en donde explica las aventuras del capitán Ruy Pérez de Viedma.

Concretamente visito las siguientes localidades: Écija, La Rambla, Castro del Rio, Espejo, Sevilla, Carmona, Granada, Málaga, Palma del condado, Villarasa, Bollullos del condado, Almonte, Niebla, Villamanrique, Jerena, Valdivia. Es una enumeración no exhaustiva.

Cabe citar tambien a Montilla, cuyo Ayuntamiento comisionó al Inca Garcilaso de la Vega en 1587 para suplicar al rey cierta amabilidad en la recaudación.

De Jaén puede consultarse a Coronas Tejada, L. (1979): «Cervantes en Jaén, según documentos hasta ahora inéditos», BIEG, Diputación Provincial de Jaén, XXV, núm. XCIX, pp. 9-52.

[5] Estos incidentes obedecían a la escasez de cosechas en las distintas ciudades y pueblos y los riesgos de hambrunas además de las deudas de la corona por confiscaciones anteriores, vid. Astrana Marín, L., (1948-1958): «Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra» ,t. IV,  Edit. Reus: Madrid y Pérez Pastor, C. (1902): « Documentos cervantinos », inédito.

[6] Carácter apasionado tuvo el escritor si nos atenemos a las palabras del autor del Quijote malo (Alonso Fernandez de Avellaneda), quien define en su prólogo: «[…] Soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos […]», vid. Montero Reguera, J. (1992): «Epistolario de Miguel de Cervantes», Castilla: Estudios de literatura, p. 101, nota al pie núm. 6.

[7] Lanuza, J.L. (2010): «Dedicatorias de Cervantes», en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

[8] Munguía García, V.E. (2002): «Biografía de Miguel Cervantes Saavedra: estado de la cuestión», cit., p. 342.

[9] http://www.concellodebecerrea.com/lecer/outros-lugares/concello-de-baralla/

[10] Véase: VVAA (2005): «Don Quijote en el Campus: Tesoros complutenses, Biblioteca histórica "Marqués de Valdecilla», Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

[11] El 23 de abril de 1616, Miguel de Cervantes fue enterrado en el Convento de las Trinitarias de la capital en un entierro sencillo. Solo acudieron nueve personas.
En la obra «Jornadas de Miguel de Cervantes», Vicente Escrivá, escribió: «Entierro de pobre, sin pompas ni ceremonia alguna; con el sol amigo batiendo sobre el rostro descubierto […]».

[12] Era bien visto que las casas nobles promovieran el patrocinio cultural. Era algo obligado para las Casas principales del reino.

[13] Las primeras biografía, retrato y edición monumental de «Vida y hechos del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» son debidas al barón Lord Carteret[13], erudito, humanista y estadista británico. En vano, intentó el Lord inglés, obtener información sobre Cervantes del embajador de España y su señora en Londres.

En 1720, Lord Carteret, entusiasmado por el autor, encargó compilar toda su obra publicada en Inglaterra.

 Se encontraron las «Novelas Ejemplares», publicadas en Bristol en el año 1728. Constatando la inexistencia de edición monumental del Quijote, ordenó la impresión a la prestigiosa editorial Tonson por 1.200 libras.  La misma que publicó las obras de Shakespeare, Milton y Dreaden.

La iconografía fue encargada a John Oldfield. Siendo dibujantes y grabadores los más importantes del momento: como dibujantes, John Vanderbank y William Kent (autor del retrato de Cervantes); como grabadores: Vertue, Gerard Vandergucht y Claude du Bosc. Tomaron como referente las ediciones de Bruselas de 1607 y 1611, con el texto revisado por Pedro Pineda. Se publicó en 1738.

La biografía fue confeccionada por Gregorio Mayans i Siscar, de Oliva (Valencia), quien acaba su redacción del siguiente modo: «Salga, pues, nuevamente a la luz del Mundo el Gran Don Quijote de la Mancha, si hasta hoy Caballero desgraciadamente aventurero, en adelante, por V.E, felizmente Venturoso».

En pocas ediciones del Quijote se ofrece una riqueza iconográfica comparable a ésta, con 67 láminas a toda página, un frontispicio y un retrato de Cervantes.

Para Astrana Marín, como discrepancia aritmética, en todo caso anecdótica, son 68 láminas, vid. Astrana Marín, L (1948-1958): «Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra», t. I, Madrid:  Instituto Editorial Reus.

 «El Quijote» no género en España critica, o a favor o en contra: era simplemente desconocido. Se agotó la primera edición de 1604. Reeditó la primera parte en 1605 y en 1608, aunque en 1623 todavía quedaban en los almacenes 400 ejemplares, vid, Rico, F.: «De cómo el 'Quijote' llegó a ser un 'clásico' también en España», en Diario «El País», de 23 de abril de 2005.

La Real Academia no reparó en él hasta 1780 cuando editó una versión monumental, colocando a Cervantes entonces como classicus scriptor.

En 1799 es traducido al alemán, erigiéndose en referente estético para los escritores románticos del circulo de Jena y de allí a toda Europa.

Como anécdota, cabe citar que, en la I Guerra Mundial, todos los soldados ingleses portaban un ejemplar del «Quijote» en sus mochilas, vid. Estévez, F. (2005): «El Quijote, Modernidad de un clásico. Notas para una revisión» AISPI. Actas XXIII, en Centro virtual Cervantes.

Ninguna nación del mundo ha superado a Inglaterra en apreciar el mérito de Cervantes y su «Quijote», en atención a las ediciones publicadas desde el s. XVII. Tambien en Francia su éxito fue clamoroso desde el mismo s. XVII. Su primera edición data de mediados de 1614. Cesar Oudin preparó la Primera parte del «Quijote». Y en 1625 se publicó el «Quijote» completo.

[14] «Novelas Ejemplares», prólogo, vid. Lafuente Ferrari, 1948, p. 148 y Canavaggio (1992), p. 281.

[15] Diario «ABC» de 28 de octubre de 2007.

 Aunque es desmentido por Astrana Marín, en «Una carta inédita de Cervantes», Diario «ABC» de 21 de octubre de 1954.

[16] Debido a que llevaba consigo las cartas de recomendación de D. Juan de Austria, los turcos cifraron en 800 ducados su liberación. Circunstancia que lo mantuvo vivo, véase Leal, J, Los cinco años de prisión que inspiraron a Cervantes, en Diario «El Mundo. Magazine», de 17 de julio 2005.

[17] Astrana Marín, en «Una carta inédita de Cervantes», Diario «ABC» de 21 de octubre de 1954.

Allí conferencia con Martin de Córdoba general de aquella plaza. Y de allí a Mostagán cuyo alcalde le confía cartas y avisos. Desembarco en Cartagena el 26 de junio de 1581.

[18] Recuérdese el verso de Calderón de la Barca, «La Milicia»:

«(…) Aquí la necesidad no es infamia;
Y si es honrado pobre o desnudo un soldado,
tiene mayor cualidad que el más galán y lúcido;
Porque aquí, a lo que sospecho,
no adorna el vestido al pecho,
que el pecho adorna al vestido (...)».

[19] Brioso Santos, H. (2006): «Cervantes y América», Madrid: Marcial Pons, p. 181.

[20] De la obra de Martin Fernandez de Navarrete, M. (1943): «Vida de Miguel de Cervantes Saavedra», Madrid: Atlas, extraigo estos apuntes:

«[…]El valor lo acreditó en Lepanto cuando, enfermo de calenturas, se negó á permanecer en la cámara de la galera, como le rogaban sus compañeros, y pidió destino en el paraje de mayor peligro, donde peleó con ánimo esforzado y heroico, recibiendo tres arcabuzazos, dos en el pecho y otro en la mano izquierda, que le quedó manca y estropeada. Lo confirmó en las sucesivas campañas de su Tercio, y obtuvo testimonio oficial, comprendiendo el combate de la galera Sol en que fue preso habiendo peleado antes muy bien y cumplido con lo que debía […]».

[21] La prisión de Cervantes no fue causada por la comisión de delito alguno sino solo por la sospecha. El fraude consumado estaba condenado con pena de horca.

El Tribunal de Cuentas sentenció a muerte el 22 de diciembre de 1598 a varios funcionarios por delitos tales como la apropiación de suministros destinados a las guarniciones españolas en el norte de África (McKendrick 1986: 111).

Para Serpa Flórez, F. (1963): «Pequeña biografía: Don Miguel de Cervantes», p. 102, atribuye a su poca pericia en números el hecho de haber sido engañado por gentes del oficio debiendo responder con todo su peculio y con su persona.

[22] Una cuestión que abre una vía para nuevos estudios sobre el carácter del viejo soldado y el medio en donde vivía.

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