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viernes, 30 de junio de 2017

El abuso de debilidad : vejez, dominación, persuasión, dilema social, disonancias, vicios del consentimiento (ensayo)

El abuso de debilidad  de  Marie France Hirigoyen y los nuevos retos sociales (ensayo)

por
Juan B Lorenzo de Membiela
Doctor por la Universidad de Valencia


Índice:

I.Introducción. II. Grupos de riesgo.II.1. Personas mayores. II.2. Minoría de edad. III. La dominación. a) Persuasión. b) Dilema social. c)Teoría de la disonancia-consistencia. d)Voluntad acrítica. IV.Conclusiones

Resumen:  El abuso de debilidad en la obra de Hirigoyen describe situaciones que no se agotan en singularidades. Antes bien, reflejan comportamientos- que no resultan extraños en países de nuestro entorno cultural. En Francia, han sido objeto de regulación normativa. Hay en ellos atisbos de una crisis sobre el hombre, en distintas etapas vitales, en donde se constata una deshumanización que no es otra cosa que declive civilizatorio.


Abstract, The abuse of weakness in the essay of Hirigoyen, describe  situations that are not exhausted in singularities Rather, they reflect behaviors, which are not strange in countries of our cultural environment. In France they have been subject to normative regulation. There is in them glimpses of a crisis over man, in different vital stages, where there is an incipient dehumanization and civilizing decline.


Obra comentada
I.Introducción.

La publicación por la psiquiatra francesa Marie Hirigoyen[1] de un estudio en 2012 sobre el abuso de debilidad no tuvo la repercusión mediática que sí tuvieron otros ensayos[2].

Cabe definirlo como la acción, por la que una persona, con conocimientos técnicos o habilidades personales, modifica la voluntad de otra en su perjuicio.

No es el abuso de confianza conocido en textos legales en España. Es algo más sutil.  Se trata de un avance analítico de los mecanismos psíquicos inductores de la sumisión y de la anulación de la capacidad crítica.

El Código penal francés lo recoge en el artículo 223-15-2 tras la modificación realizada por la Ley 2009/526, de 12 de mayo. Despliega sus efectos, además, en el ámbito civil, en actos jurídicos construidos sobre consentimientos que se presumen libres. 

Como grupos de riesgo: personas mayores deterioradas por la vejez o la enfermedad, menores de edad; tambien quienes padezcan un estado de «sometimiento psicológico». Quedan incluidos aquellos con dificultades para comprender un idioma en país extranjero.

El abuso de debilidad es una modalidad de abuso:  por el modo en cómo se realiza, por la condición de la víctima y por su finalidad patrimonial o lucrativa.

Lo relevante de la normativa francesa es el reconocimiento legal del llamado «sometimiento psicológico». Implica reconocer una estrategia para controlar a otro con independencia de su cualificación profesional o condición personal.

No es equiparable al maltrato que posee connotaciones de lesión corporal; el abuso opera a nivel psicológico y moral. Sin embargo, en textos dictados por organismos internacionales, ambos términos pierden toda sustantividad empleándose con idéntico significado.

II. Grupos de riesgo.

II.1. Personas mayores

La Nota Descriptiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de septiembre de 2016[3]  expone  la situación de maltrato a personas mayores. Su breve lectura muestra una situación apremiante de medidas para evitar desamparos lesivos a derechos humanos.

Como factores socioculturales que promueven situaciones de vulnerabilidad, cabe enumerar:  a) Debilitamiento de los vínculos familiares; b) Sistemas sucesorios de transmisión de patrimonio desiguales entre miembros de una misma familia; c) Migración de las parejas jóvenes, abandonando a padres ancianos en sociedades en las que, tradicionalmente, los hijos asumían su cuidado; d) Falta de fondos para procurar la atención precisa.

A título de ejemplo, Hirigoyen, expone los siguientes extraídos de su práctica médica:  aprovechando una disputa familiar, un tercero intentará alejar al anciano de su familia legítima, mostrándose como familia alternativa para recibir bienes o derechos, sea mediante donación, sea mediante herencia[4].

Otro patrón de conducta habitual citado: entre varios hermanos, uno de ellos tratará de ganarse a su progenitor en detrimento de los otros[5]. Son casos habituales o, al menos, no resultan extraños.

Pero la cuestión del abuso, así expuesta, puede ser cuestionada, porque puede privarse al anciano de la opción de disfrutar de una vejez más digna, falto de una atención y cuidado mínimos por los beneficiarios testamentarios, comportamiento tristemente frecuente.

Debe ponderarse la importancia de las emociones en esta etapa de la vida. En 2008, Fariseli y Ghini, investigadores de la Universidad de Bolonia[6], destacaron su relevancia para una vejez más plena o menos árida, al menos. Se ha constatado, científicamente, que el bienestar emocional en la vejez prolonga la vida frente a otras personas que no lo disfrutan[7].

El estudio demuestra una significación, estadísticamente relevante, de la hipótesis de que el bienestar emocional (y la felicidad a la que puede asimilarse) genera una mayor supervivencia[8].

Para Carstensen las personas mayores presentan metas motivacionales focalizadas al corto plazo, a diferencia de los sujetos de edad mediana y adulta[9]. Obtienen, así, satisfacciones por experiencias positivas más inmediatas. Sin duda, generar este escenario, procurar un hábitat más humano, es un beneficio con impacto vital. 

La percepción social existente sobre la vejez no es alentadora. Los estereotipos son negativos[10]. Se identifica con enfermedad, deterioro mental, rigidez de pensamiento, falta de compromiso, dependencia y problemas sociales y económicos[11]. El término empleado para identificar esta situación se denomina «Ageism». Traducido al español equivaldría a gerontofobia. Y significa un proceso de estereotipia y discriminación sistemática contra las personas por el hecho de ser viejas, de la misma forma que el racismo y el sexismo se originan por el color de la piel y el género[12].

Es manifestación de una insensibilidad social y cultural que se construye sobre el prejuicio atribuyendo a los demás una «identidad carente de valor». La demostración empírica de este constructo se encuentra en los análisis de Erving Goffman, en donde se detalla el proceso de desacreditación social a los discapacitados:  no se les reconoce la condición de humanos y, por ello, quedan manchados[13],  alienados.

Es frecuente el fenómeno psiquiátrico de la «proyección», por la cual se atribuye al otro, prejuicios propios que son ficticios. Supone banalizar la dignidad de la persona porque se prescinde de su voluntad y criterio despreciando su existencia. Debe recordarse que Honneth analiza la invisibilidad o negación social como forma de desprecio social[14]. Y para Fromm el aislamiento y la soledad conducen a la desintegración mental, del mismo modo que la inanición conduce a la muerte[15]. Una paradoja difícil de comprender por cuanto la vejez es un imperativo vital para toda persona.

Su rechazo favorece tanto la conducta abusiva del cuidador, como la omisiva de hijos y sobrinos, al no existir reprochabilidad social por las faltas de socorro, compañía y asistencia.

¿Y si decide el anciano realizar actos patrimoniales a favor de quien lo socorre y lo ayuda? No probándose abuso o inducción maledicente, el consentimiento se presume libre.  Aunque, como es natural, toda desproporción es tributaria de sospecha y, esa misma discrepancia, vendrá dada por las circunstancias particulares concurrentes. Se impone la equidad como criterio decisorio ajustado a las particularidades de cada situación.

II.2. Minoría de edad.

El art 2 223-15-2 del Código Penal francés equipara los menores a persona de especial vulnerabilidad, sea por edad, enfermedad, sea por discapacidad.

Entre las modalidades que puede adoptar el abuso de debilidad, hay un supuesto que no es desconocido: cuando uno de los progenitores manipula emocionalmente al hijo para rechazar al otro[16].

A esta situación se denomina «alienación parental», constructo identificado por la sigla SAP, descubierto por Gardner en 1985[17].  Consiste en una alteración que surge casi exclusivamente durante las disputas por la custodia de un hijo. Su primera manifestación es una campaña de denigración contra un progenitor por parte de los hijos, campaña que no tiene justificación. Este fenómeno es el resultado de la combinación de una programación (lavado de cerebro) de un progenitor y en la que el niño contribuye con sus propias aportaciones, dirigidas al progenitor objetivo de la alienación».

Las causas, como expone Tejedor Huerta, pueden ser varias: la necesidad de apego a uno de sus progenitores, el miedo a sentirse solo o el intento de agradar al progenitor con el que convive para asegurarse una relación estable y evitar una nueva pérdida[18].

El SAP es un fenómeno destructivo[19]  para niños y familias pudiendo ser irreversible en sus efectos. Un sector de la doctrina lo considera maltrato infantil[20]; otro, rechaza su propia existencia. Y hay quien lo admite rotundamente aportando nuevas perspectivas y elementos[21].

Tambien es polémica su aceptación por los tribunales españoles [22].

Sin embargo, desde un prisma estrictamente médico, es una patología cuestionada por distintas escuelas. No ha sido admitido como trastorno mental por el DSM-5 de 2013 (y su actualización de 2015) de la Asociación de Psiquiatría Americana.  Tampoco por el CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud. Pero ello no impide que esa conducta sea tratada por otras disciplinas, la jurídica entre ellas, cuando se trata de proteger bienes jurídicos necesitados de amparo.

Para Irigoyen el SAP constituye abuso de debilidad, recogido en el art. 2 223-15-2 del Código Penal francés[23].

En Brasil la Ley 12.318 de 26 de agosto de 2010 regula la alienación parental comprendiendo algunas acciones u omisiones que enumera su art. 2: descalificaciones sobre el progenitor no titular de la patria potestad; dificultar el ejercicio de la autoridad parental; evitar el contacto en la crianza o adolescencia; obstaculizar la convivencia familiar; omitir deliberadamente información; presentar denuncias falsas, entre otras acciones.

Sin la intervención de los tribunales, como argumenta Tejedor, el progenitor rechazado no tiene ninguna oportunidad para solucionar el problema[24]. En cualquier caso, en un ambiente familiar crispado por la separación o divorcio todas las ventajas de la emoción positiva desaparecen. Entre ellas, favorecer un razonamiento eficiente, flexible, creativo, incrementando la focalización atencional[25].

III. La dominación.

Cualquier persona sin limitaciones psíquicas o físicas puede ser dominado y, con ello, anulada su capacidad crítica. Como dominación, se entiende, toda relación interindividual disimétrica   establecida sobre recursos desiguales […] que invitan a la sumisión, característica de una relación de dominación[26].

Lo sorprendente de dominar a una persona es su invasión cognitiva y volitiva. Al privarle de su consciencia como persona se le priva de toda capacidad para criticar y discernir sobre lo que para sí es beneficioso o perjudicial.

La dominación, así concebida, vicia el consentimiento que es la manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la que un sujeto queda vinculado con otro.

Jurídicamente el consentimiento es un requisito básico para el perfeccionamiento del contrato que consiste en una manifestación de voluntad de celebrarlo y de conformidad con su objeto y causa[27].

Íntimamente conexa, el consentimiento está unido a la capacidad de obrar que el Derecho reconoce a la persona mayor de edad. Capacidad para la adquisición de un derecho u obligación, su transformación o extinción o su persecución en juicio. Para todo ello se necesita inteligencia y voluntad, conciencia actual y plena ¿Cómo puede ser válido el consentimiento prestado por una persona dominada por otra? ¿cabe admitir que su consentimiento ha sido prestado de forma libre?

El dominado por el abuso  manifiesta de forma consciente una voluntad, aunque su libertad se encuentre sustraída por otro sujeto.

Nuestro Código Civil declara en el art. 1265 que será nulo el consentimiento prestado por error, violencia, intimidación o dolo. Términos muy parecidos al empleado en el artículo 1109 del Código Civil francés.

El Código español, en la redacción originaria de 1889, enumera los vicios del consentimiento en el mismo artículo y con un idéntico contenido[28].

Sin embargo, los avances de la psicología y la psicosociología han detectado nuevos condicionantes del consentimiento que se presume libre y voluntariamente prestado.   
 
 Entre ellos, exponemos:

a)    Persuasión.

«Convencer» y «persuadir» no son sinónimos porque poseen matices discrepantes. «Convencer», trata que otro admita una forma de pensar o de actuar mediante explicaciones racionales. «Persuadir», busca un cambio en la voluntad del otro mediante argumentos lógicos, pero, además, mediante el uso de la afectividad[29].

Técnicamente, la persuasión se entiende como la capacidad de cambiar «actitudes». Por tales, Gordon Allport, entiende un estado de disposición mental […] que ejerce una influencia directa o dinámica sobre la respuesta del individuo acerca de objetos y situaciones con los que está relacionado[30].

Es decir, las «actitudes» condicionan nuestra percepción de lo que presenciamos supeditando nuestra respuesta. Facilitan la interacción interpersonal consiguiendo, bien aprobación social, bien reforzar la identidad y su propia estima[31].

De este modo, Petty y Cacioppo, entienden por persuasión cualquier cambio que ocurra en las «actitudes» de las personas como consecuencia de una comunicación que ha sido diseñada y ejecutada intencionadamente con ese fin[32].

Junto al elemento objetivo del mensaje emitido concurre uno subjetivo: la cualidad de quien lo emite. Para Cantero es importante las condiciones del emisor: credibilidad, atractivo, competencia[33].

Tambien las condiciones del receptor: edad, nivel educativo, creencias previas y factores más estructurados como pueden ser: 

a) La autoestima: a mayor autoestima menos susceptibilidad a la persuasión; 


b) El autoritarismo: las personas autoritarias son altamente propensas a ser influenciadas por comunicadores de prestigio; 


c) El aislamiento social: que genera mayor necesidad de la aprobación de los demás; 


d) El nivel de fantasía: las personas propensas a la fantasía son más susceptibles de ser persuadidas; 


e) El tipo de orientación vital: las personas independientes que valoran sus objetivos y patrones personales son menos susceptibles que aquellas con altos niveles de adaptabilidad y conformismo.

La importancia de la persuasión es su potencial para condicionar una conducta ajena[34].

b)   Dilema social.

Existen otros fenómenos que supeditan la voluntad. Investigaciones recientes profundizan en el llamado «dilema social». Se estudia la función del rol de las emociones morales en situaciones de intercambio social. Concretamente se plantea cómo éstas intervienen en la toma de decisiones y, por ello, cómo afectan a la voluntad del sujeto, alterándola.

Colman las define como aquellas situaciones producidas en la interacción o comunicación entre dos o más personas en donde se presenta un conflicto entre los intereses propios y colectivos[35].

Varias investigaciones han demostrado que bajo el «dilema social» las emociones morales como la culpa, la vergüenza y la ira, motivan a la gente a actuar en favor de intereses ajenos y no propios [36]. Sin duda, es un mecanismo del que pueden valerse otros para modificar sutilmente la voluntad de la víctima en su beneficio.

c)    Teoría de la disonancia-consistencia.

Hirigoyen habla en su libro del «principio de coherencia» [37]. No es otra cosa que una exposición casuística de la teoría de la disonancia-consistencia de León Festinguer.

La teoría defiende que las personas tratan de mantener una coherencia psicológica entre sus creencias, actitudes y conductas.  Se motivan, es decir, actúan, para mantener un orden y compatibilidad entre su conciencia, sentimientos y acciones. Cuando los individuos advierten de inconsistencias o incoherencias en sus creencias y actitudes, generan acciones u omisiones para restaurar el equilibrio roto[38].

El poder de la disonancia estará en función del valor de las ideas en contradicción. Normalmente, si hay disonancia entre dos ideas puede eliminarse al variar una de ellas. Y esto es, precisamente, lo que constituye el objeto de la manipulación de un tercero. Generar una disonancia para que cambie de criterio o voluntad a favor de la opción más coherente que será la propuesta por el estafador.

d)   Voluntad acrítica.

Se manipula a la víctima aislándola de su entorno social y familiar. La estrategia cumple diversas etapas. El autor se introduce en el territorio íntimo de la víctima mediante favores, y asistencias, anticipándose a sus necesidades. Esta fase recibe el nombre de «efracción» o ruptura.

Es seguida por otra etapa llamada de «captación». En ella, el abusador intenta adueñarse del psiquismo de la víctima, previo, en ocasiones, para adquirir su patrimonio o favor. Posteriormente aparece la etapa de la «programación»: se genera en el dominado una fascinación que promueve la pérdida de su identidad perdiendo todo sentido crítico de sus pensamientos y actos.  Es, precisamente, la falta de crítica, la inexistencia de todo pensamiento analítico sobre lo positivo o negativo de la acción lo que evidencia el sometimiento de la víctima.

III.Conclusión
 Subyace en todas estas conductas un elemento que genera inquietud: la deshumanización. Para Zimbardo es cuando actuamos pensando que los otros no tienen unos mismos sentimientos, pensamientos, valores y metas. Cuando borramos de nuestra conciencia toda cualidad humana que esos «otros» puedan tener en común[39].

La deshumanización es, empleando la confrontación laxa y precisa de Martin Buber, cuando la relación «yo-tu» es sustituida por la relación «yo-eso»[40] .

Las implicaciones éticas son evidentes, cosificar a la persona no es una opción vital admitida por la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2010 porque destruye la dignidad como cualidad innata del ser humano.

Otra cosa es preguntarse qué importa la dignidad de los otros en un mundo cada vez más estructurado en grupos con personas dependientes, mudas, grises, sin ninguna iniciativa, y en donde la individualidad, lo autónomo, se sacrifica por una pretendida irrelevancia…









[1] Hirigoyen, M.F. (2012) El abuso de debilidad y otras manipulaciones. Madrid: Paidós.

[2] Véase Hirigoyen, M.F. (1999) El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana. 24 edic. Madrid: Paidós.

[3] Disponible en «http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs357/es/ [consulta: 1 marzo 2017].

[4] Hirigoyen, M.F. (2012) El abuso de debilidad y otras manipulaciones. cit.,13.

[5] Carstensen, L.L., Fung, H.H. y Charles, T. (2003) Socioemotional Selectivity Theory and the Regulation of Emotion in the Second Half of Life. Motivation and Emotion, (27), 103.

[6] Perez Puentes, M.C., Gázquez Linares, J.L. y Molero Jurado M.M. (2015) Estimulación emocional de personas mayores. Mente y Cerebro, (35) y ss..

[7] Carstensen, L.L., Turan, B., Scheibe, S., Ram, N., Ersner-Hershfield, H., Samanez-Larkin, G.R., Brooks, K. P. and Nesselroade, J.R. (2011) Emotional Experience Improves With Age: Evidence Based on Over 10 Years of Experience Sampling. Psychol Aging, 26 (1), 21-33.

[8] El estudio arroja unos resultados de una supervivencia de más de 13 años de personas con una experiencia motivacional positiva frente a otros con experiencia negativa.

[9] Carstensen, LL., Isaacowitz, D. y Charles, S.T. (1999) Tomando en serio el tiempo: Una teoría de la selectividad socioemocional.  American Psychologist, (54), 165-81.

[10] Se considera estereotipo, las falsas concepciones o creencias que actúan a modo de cliché en el acercamiento a un fenómeno, grupo social u objeto, vid. Braithwaite, V. A. (2002) Reducing Ageism. En:  Nelson, T. Ageism, Stereotyping and Prejudice against older persons, London: A Bradford Book, 311-37.

[11] Thornton, J. E. (2002) Myths of Aging or Ageist Stereotypes. Educational Gerontology, (28),4, 301 y Sánchez Palacios, C., Trianes Torres, M.V. y Blanca Mena, M.J. (2009) Estereotipos negativos hacia la vejez y su relación con variables sociodemográficas en personas mayores de 65 años, Revista Española de Geriatría y Gerontología, (52).

[12] Butler, R. N. (1969) Ageism: Another form of bigotry. The Gerontologist, (9), 243-246.

[13] Goffman, E. (1963) Stigma. Notes on the management of spoiled identity. Englewood Cliffs, New Jersey: Prentice Hall.

[14] Honneth, A. (2011) La sociedad del desprecio. Madrid: Trotta, 37.

[15] Fromm, E. (2004) El miedo a la libertad. Barcelona: Paidos, 39.

[16]  Hirigoyen, M.F. (2012) El abuso de debilidad y otras manipulaciones. cit., 13-4 y 82 y ss..

[17] Gardner, R. A. (1985) Recent trends in divorce and custody litigation. The Academy Forum, (29), 3-7.

[18] Tejedor Huerta, A. (2007) Intervención ante el síndrome de alienación parental. Anuario de Psicología Jurídica, (17), 79-89.

[19] Bernet, W. (2008) Parental Alienation Disorder and DSM-V, American Journal of Family Therapy, 36 (5), pp. 349-366.

[20] Aguilar, J. M. (2007) Interferencia de las Relaciones Paterno Filiales. El Síndrome de Alienación Parental y las Nuevas Formas de Violencia Contra la Infancia. Psicología Educativa, 13, 101-116; Tejedor, A. (2007) Intervención ante el Síndrome de Alienación Parental. Anuario de Psicología Jurídica, cit., 79-89.

[21]Walsh, M.R. y Bone, J.M. (1997) Parental alienation syndrome: An age old custody problem. Florida Bar Journal, 93 (6) y Vestal, A. (1999) Mediation and parental alienation syndrome. Family and conciliation courts review, 37 (4), 487-503.

[22] Véase Sentencia de la Audiencia Provincial de Málaga, Sección 6ª, de 15 de junio de 2015 (JUR 2015,291085) que cuestiona la tesis de Gardner. En sentido diferente, Sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias, Sección 5ª, de 29 de septiembre de 2009 (JUR 2009,2005).

[23] Hirigoyen, M.F. (2012) El abuso de debilidad y otras manipulaciones. cit., 14.

[24] Tejedor Huerta, A. (2007) Intervención ante el síndrome de alienación parental. cit., 79-89.

[25] Fredrickson, B. L. (2005) Positive emotions. En:  Zinder, C.R. y Lopez, S.J.  Handbook of positive psychology. New York: Oxford University Press, 121-34.

[26] Doron, R. y Parot, F. (2004) Diccionario Akal de Psicología. Madrid: Akal, 184.

[27] Muñoz Machado, S. (2016) Diccionario del Español Jurídico. Madrid: Real Academia Española y Consejo General del Poder Judicial, 480.

[28] Catalá y Gavilá, J.B. (1923) Texto y jurisprudencia del Código Civil. 2ª edic. Madrid: Imprenta de Faustino Gambón.

[29]   Hirigoyen, M.F. (2012) El abuso de debilidad y otras manipulaciones. cit., 32.

[30] Salcedo Fernández, A. (2008) Anatomía de la persuasión. Madrid: ESIC Editorial, 33.

[31] Shavitt, S. (1989) Operationalizing functional theories of attitude. En:  Attitude structure and function.  Pratkanis, A. R., Breckler, S. J. y Greenwald, A. G.  Hillsdale, New Jersey: Erlbaum 311-38.

[32] Petty, R. E. y Cacioppo, J. (1986) Communication and persuasion: Central and peripheral routes to attitude change. New York: Springer Verlag.

[33] Cantero, F.J., León, J.M. y Barriga, S. (1998) Actitudes: naturaleza, formación y cambio. En:  Psicología Social. Orientaciones teóricas y ejercicios prácticos. Madrid: McGraw-Hill. 117-132.

[34] Fishbein, M. y Ajzen, I. (1974) Attitudes towards objects as predictors of single and multiple behavioural criteria. Psychological Review, (81), 29-74.

[35] Colman, A. (2003) Cooperation, psychological game theory, and limitations of rationality in social interaction. Behavioral and Brain Sciences, 26 (2), 139-198.

[36] Analía Saavedra, B., Jeanette Mola, D., Mariel Gancedo, K. y Reyna, C. (2015) Una revisión sistemática sobre emociones morales y dilemas sociales, Summa Psicológica de la Universidad de Santo Tomás de Chile, 12 (1), 63-76.

[37] Hirigoyen, M.F. (2012) El abuso de debilidad y otras manipulaciones. cit., 40. 

[38] Vid. Perlman, D. y Cozby, P. C. (1985) Psicología social. México: Interamericana y Ovejero Bernal, A. (1993) León Festinger y la Psicología social experimental: la teoría de la disonancia cognoscitiva 35 años después. Psicothema,5 (1), 185-99.

[39] Zimbardo, P. (2013) El efecto Lucifer. Madrid: Paidos, 308.

[40] Buber, Martin (2002) Yo y tú. Buenos Aires: Nueva visión argentina.


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