Ceuta pide normalidad y españolidad
por
Juan Lorenzo
de Membiela
Felipe VI ha mostrado su voluntad de visitar Ceuta en estos momentos de confusión y angustia. Una vez más demuestra su responsabilidad con España y su lealtad a esa responsabilidad. Me parece una decisión acertada y oportuna, y añado algo más, necesaria.
La presencia del monarca en la ciudad de Ceuta supondría un bálsamo, un apoyo, para todos los ciudadanos que viven con angustia la incertidumbre de un hoy y de un mañana necesitado de soluciones para garantizar la seguridad. No es algo que deba considerarse extraordinario visitar una parte del territorio nacional precisamente porque es nacional. Y es el rey quien ostenta el símbolo de la unidad y permanencia del Estado.
| Ciudad de Ceuta Fuente: Wikicommons. |
Su visita evitaría distintos vacíos que se han producido y que han alterado la convivencia normal y deseable en Ceuta.
Aristóteles y algunos autores renacentistas declararon que el vacío no existe porque la naturaleza lo aborrece, es el llamado horror vacui. Y aunque la ciencia ha podido rebatir esta hipótesis, el razonamiento es válido para muchos aspectos de la vida porque lo que está vacío, siempre se llena con una u otra cosa.
En el ámbito de las relaciones internacionales el aforismo aristotélico es usado con frecuencia para justificar la anexión de territorios abandonados. Es decir, cuando alguien, en un lugar de poder, ha perdido el control de algo y nadie lo ha reemplazado. Suele ocurrir en estados fallidos o estados débiles, en donde las fronteras suelen ser porosas y frágiles y en donde ha desaparecido la autoridad.
Reflexiona el profesor Hanna Kassab, que los vacíos de poder suelen provocar conflictos de toda índole. Y así es, el cambio de un estado vacío a otro estado compacto no es instantáneo y puede no transformarse con facilidad. Recurriendo a un símil químico, los líquidos de distinta densidad no se fusionan: el aceite no combina con el agua.
El presidente de la ciudad de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha declarado en el diario ABC, de 7 de agosto, que todavía se encuentran en Ceuta entre 8000 y 11000 extranjeros cuyo destino no debe ser otro que regresar a Marruecos a través de El Tarajal. Mientras tanto la ciudad no logra recobrar su normalidad.
Se han colapsado negocios, vidas y derechos; españoles sorprendidos por algo que es inaceptable en sus formas y modo de comisión. El miedo invadió la ciudad y con él la intranquilidad a un futuro que el gobierno de la nación debe dar más consistencia. No hay Photoshop posible para lo que ha sucedido y lo que está sucediendo y el tiempo no lo cura todo.
Más de 15000
ceutíes, cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes, hoy, 9 de agosto, se han
echado a la calle al grito de «Basta
ya: Ceuta no se rinde». Hay un clamor popular que no se ha desvanecido, a pesar
del calor asfixiante. Y esto es un dato que revela el hartazgo de una población
necesitada de orden que no es ni más ni menos que libertad, aquella citada en
el art. 1. 1º de la Constitución, en su título preliminar.
Nadie quiere aquí un foco de inestabilidad internacional, tampoco un conflicto como los que conocemos en Oriente Próximo, por eso hay que hacer de la política el arte de lo posible, que pasa por adoptar las medidas necesarias para salvar a España del ámbito de lo imposible.