Lazo negro
In memoriam víctimas de Urda (Toledo)

martes, 3 de noviembre de 2026

El trabajo autómata y el segundo principio de la termodinámica

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

El trabajo autómata y el segundo principio de la termodinámica

Más horas de trabajo no significan más productividad. Del taylorismo a la escuela de las relaciones humanas, y de ahí a la flexibilidad, el registro de jornada y las 35 horas en la Administración General del Estado.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 7 min de lectura

Diagrama de la máquina de Carnot dibujado por Lord Kelvin
William Thomson (lord Kelvin): diagrama de la máquina térmica de Carnot. Wikimedia Commons, dominio público.

Sinopsis

Idea principalConclusión
El taylorismo redujo a la persona a un insumo productivoJerarquía, control, división de tareas y destajo
La escuela de las relaciones humanas humanizó el centro de trabajoEn 1946 la adoptaba el 60 % de las empresas de EE. UU.
El Plan Marshall llevó esas ideas a EuropaCon implantación desigual según cada país
La crisis revive el taylorismoMás tiempo de trabajo sin atender a objetivos ni calidad
El segundo principio de la termodinámica, aplicado a la organizaciónMás horas no producen más productividad
La sociología alemana de los años ochenta superó la cadena de montajeGrupos de trabajo, rotación, ergonomía y redes de proveedores
La flexibilidad contrarresta la incertidumbreRuptura de la jornada rígida decimonónica
La tecnología sigue infrautilizadaRespuestas eficientes a demandas de ahorro
Actualización 2026La jornada general sigue en 40 horas; la AGE fija 35

Cronología, 1895-2026

1895-1911Taylor publica sus obras sobre la dirección científica
Años cuarentaEscuela de las relaciones humanas en EE. UU.
1948Plan Marshall
Difusión de esas ideas en Europa
Años ochentaLa sociología del trabajo alemana cuestiona el taylorismo
2019Registro obligatorio de jornada
Real Decreto-ley 8/2019
2025El Congreso rechaza la jornada de 37,5 horas
Septiembre
202635 horas semanales en la Administración General del Estado
Resolución de 14 de abril

I. Del taylorismo a las relaciones humanas

El problema del taylorismo en las factorías de producción en masa fue su incapacidad para evitar la conflictividad laboral y para proporcionar una ideología al pensamiento directivo. Sistema de organización que presenta semejanzas con la burocracia, se edificó sobre la jerarquía, el control y la supervisión del operario, la división de tareas y el trabajo a destajo (Taylor, 1895 y 1911)1.

Enfatizó la producción, degradando a la persona a un insumo productivo sin mayor relevancia. El trabajo como fin en sí mismo: trabajar y no desesperar, como dijo Carlyle.

La escuela de las relaciones humanas se instauró en EE. UU. en los años cuarenta. El trabajador no solamente era un individuo que vendía su fuerza a cambio de un salario; además, era una persona que se identificaba con un grupo de trabajo y tenía dependencias emocionales. Correspondía a los directivos comprometerlos con los objetivos y crear una cultura de empresa (corporate culture) asumida por todos sus miembros.

En EE. UU., en 1946, las ideas de la escuela de las relaciones humanas fueron asumidas por el 60 % de todas las empresas, y en el 90 % de las compañías de más de 5000 trabajadores se crearon departamentos de personal. Estos se encargaban de realizar entrevistas con el personal, crear grupos de discusión, fomentar la dinámica de grupo y la participación en la mejora de la empresa, y editar revistas y boletines para fomentar la cultura corporativa (Valdaliso y López, 2007)2.

Generar confianza, apoyar a sus directivos en momentos decisivos, corregir los desajustes causados por la ebriedad del poder. Como dijera Goethe en sus Máximas y reflexiones3:

«No hay espectáculo más triste que el de la súbita ambición de lo incondicional en este mundo absolutamente condicionado».

Para los empresarios norteamericanos, las ideas de esta escuela dulcificaron el centro de trabajo, disminuyeron la conflictividad laboral y supusieron un freno para las ideas comunistas procedentes de la desaparecida URSS.

Su principal difusora fue la American Management Association. Se introdujo en casi toda Europa a través del Plan Marshall, en la reconstrucción económica tras la II Guerra Mundial, con desigual implantación en los países y con distinto modo de percibirla según las particularidades de cada nación.

II. El retorno del taylorismo

Aún hoy estas dos concepciones, opuestas, mantienen su vigencia; incluso han generado modelos híbridos que conjugan aspectos de ambas. Es más, cabe detectar bajo la crisis un renacimiento de las primitivas ideas tayloristas, incrementando el tiempo de trabajo sin reparar en los objetivos o en la calidad de los servicios. Se enfatiza más el absentismo que los resultados, y ello no sorprende, porque tanto tiempo invertido en formación directiva apenas ha tenido resultados constatables en la práctica.

El taylorismo extremo todavía persiste hoy en el programa que ofrecen algunos «humanistas» de la gestión de la «calidad total» (Röpke, 1995)4. Pero este paradigma encuentra dos condicionantes.

III. El segundo principio de la termodinámica

a) El incremento de la cantidad de trabajo no causa un aumento de la competitividad. Röpke, en su obra La crisis social de nuestro tiempo, razona que el coeficiente de producción de la mejor máquina termodinámica no aprovecha ni el 50 % de la energía invertida en ella (Röpke, 2010: 237)5.

Supone la plasmación del segundo principio de la termodinámica en el enunciado de Kelvin-Planck:

«Es imposible construir una máquina que produzca como único efecto la extracción de calor de un foco y la realización de una cantidad equivalente de trabajo».

Aplicado a las organizaciones, significa que un mayor tiempo de trabajo no produce un incremento de la productividad (cfr. Mayntz, 2002)6. No es competitivo, ni tampoco bueno para la economía, porque la falta de ocio impide el consumo, y ello perjudica al comercio y a la industria.

La sociología del trabajo alemana detectó en los años ochenta el agotamiento de la racionalización taylorista. Su organización productiva fue cuestionada.

Se eliminaron las cadenas de montaje manual, sustituidas por la tecnología. Se introdujeron grupos de trabajo con rotaciones internas para cometidos de ciclo corto y se implantaron el manejo de material, el control de calidad y la ergonomía (Kurz, 2011)7.

Se potenció la creación de redes con otras empresas de suministros independientes de la corporación principal. A esto se le llamó «producción masiva flexible».

IV. Flexibilidad y tecnología

b) Varios estudios resaltan la necesidad de buscar otras formas de trabajo más provechosas. En 2012, el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) apostaba en España por buscar formas de trabajo diferentes.

Grassi y Di Cintio, en su estudio «Incertidumbre, relaciones laborales flexibles y gasto en I+D»8, llegan en 2012 a la conclusión de que la incertidumbre de los mercados se contrarresta con una flexibilidad laboral. Flexibilidad como sinónimo de la ruptura del paradigma decimonónico de la jornada estanca e inamovible.

No solamente hablamos de teletrabajo (véase la conferencia impartida en 2010 por Anna Forment en la Universidad Pompeu Fabra: «El teletrabajo: la flexibilidad laboral como respuesta a la crisis»), sino también del modo y la forma en que se dispensa.

Se sigue ignorando la tecnología, cuando en ella cabe encontrar respuestas eficientes a demandas de ahorro. Más bien diría que solamente se acude a ella cuando interesa, y no me explico por qué ahora no interesa.

V. Actualización: la jornada en 2026

Más de una década después, el debate sigue abierto. La jornada máxima general en España continúa en cuarenta horas semanales de promedio en cómputo anual (art. 34 del Estatuto de los Trabajadores), y el registro diario de jornada es obligatorio desde 20199. El proyecto de ley para reducirla a 37,5 horas no superó el debate de totalidad en el Congreso en septiembre de 2025.

En el empleo público, en cambio, la Resolución de 14 de abril de 2026 fijó en 35 horas semanales la jornada general del personal de la Administración General del Estado10. La pregunta de fondo sigue siendo la misma: no cuántas horas se trabajan, sino cuánto y con qué calidad se produce en ellas.

Yo solamente sé que lo hecho con la ebriedad del poder es tan insostenible como lo no hecho con la sobriedad del poder.

Notas

  1. Taylor, F. W.: Shop Management, Nueva York, Harper, 1911. ↩
  2. Valdaliso Gago, J. M., y López, S.: Historia económica de la empresa, Barcelona, Crítica, 2007. ↩
  3. Goethe, J. W.: Máximas y reflexiones, Barcelona, Edhasa, 1993. ↩
  4. Röpke, W.: Más allá de la oferta y la demanda, Madrid, Unión Editorial, 1995. ↩
  5. Röpke, W.: La crisis social de nuestro tiempo, Madrid, El Buey Mudo, 2010, p. 237. ↩
  6. Mayntz, R.: Sociología de la organización, Madrid, Alianza, 2002. ↩
  7. Kurz, R.: Consejos de guerra para líderes, Madrid, McGraw-Hill Interamericana de España, 2011. ↩
  8. Grassi, E., y Di Cintio, M.: «Incertidumbre, relaciones laborales flexibles y gasto en I+D», MPRA Paper, Múnich, Biblioteca de la Universidad de Múnich, 2012. ↩
  9. Real Decreto-ley 8/2019, de 8 de marzo, que añadió el apartado 9 al art. 34 del Estatuto de los Trabajadores. Disponible en: boe.es. ↩
  10. Resolución de 14 de abril de 2026 sobre jornada y horarios de trabajo del personal al servicio de la Administración General del Estado. Disponible en: boe.es. ↩

Para seguir leyendo

  • Taylor, F. W.: Principios de la administración científica, varias ediciones.
  • Mayo, E.: Problemas humanos de una civilización industrial, Buenos Aires, Nueva Visión, 1972.
  • Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, art. 34. Disponible en: boe.es.

Imagen principal: William Thomson (lord Kelvin), Wikimedia Commons, dominio público.

jueves, 29 de octubre de 2026

Consternación por las víctimas del accidente ferroviario de Urda



Sucesos Contemporáneos se suma al duelo por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en la mañana del miércoles 28 de octubre de 2026 entre Los Yébenes y Urda (Toledo), en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. 

La colisión entre un tren de Renfe y otro de Iryo ha causado, según las cifras oficiales conocidas hasta ahora, al menos sesenta y ocho fallecidos y decenas de heridos, atendidos en hospitales de Castilla-La Mancha.

Desde estas páginas trasladamos nuestro más sentido pésame a las familias y allegados de los fallecidos, deseamos una pronta recuperación a los heridos y expresamos nuestro reconocimiento a los servicios de emergencia y sanitarios, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y a los vecinos de Urda y Los Yébenes que acudieron en auxilio de los viajeros.

Descansen en la paz del Señor.

Juan Lorenzo de Membiela





martes, 27 de octubre de 2026

Interpretativismo y no interpretativismo

Sucesos Contemporáneos · Serie Microensayos

Interpretativismo y no interpretativismo

¿Hasta dónde puede llegar un juez cuando interpreta la Constitución? Un debate nacido en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos que ilumina los límites de la función judicial en España.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 6 min de lectura
Retrato fotográfico de Earl Warren, presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos
Harris & Ewing, Earl Warren, presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos (sin fecha). Harvard Law School Library. Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
Regreso a la historiaSe vuelve al pasado cuando se debilitan las certezas del presente.
Conflictividad y buena administraciónCuando el conflicto se instala, derechos y deberes pierden eficacia.
Garantías formalesLos procedimientos pueden servir de coartada para la quiebra de derechos.
Origen del debateNace en los Estados Unidos del choque entre el Tribunal Supremo y el legislador.
Tribunal Warren (1953-1969)Su jurisprudencia convirtió la discusión en una cuestión central.
InterpretativismoEl juez queda vinculado al texto y a sus mandatos explícitos o implícitos.
No interpretativismoEl juez busca los principios y valores que inspiran la norma.
Crítica de ambas posturasUna y otra resultan parciales e incompletas.
Procedimentalismo de ElyEl juez debe proteger el proceso democrático y a las minorías excluidas.
RiesgoEl juez puede convertirse en un actor político más.
Marco españolLos arts. 117.1 y 122 CE exigen independencia, imparcialidad y sumisión a la ley.

Cronología, 1803-1980

1803Marbury v. Madison
Nace el control judicial de las leyes
1905Lochner v. New York
Comienza la «era Lochner»
1937West Coast Hotel v. Parrish
El Tribunal cede ante el New Deal
1953Earl Warren, presidente del Tribunal
5 de octubre
1954Brown v. Board of Education
Fin de la segregación escolar
1962Bickel, The Least Dangerous Branch
La «dificultad contramayoritaria»
1969Fin del Tribunal Warren
23 de junio
1975Grey acuña los términos
Stanford Law Review
1978Constitución española
Arts. 117 y 122
1980Ely, Democracy and Distrust
El procedimentalismo

I. Contexto

El regreso a la historia es, a menudo, una huida de un presente que resulta hostil. Para Morton J. Horwitz, ese retorno se produce cuando se acumulan dudas sobre las verdades que se tenían por eternas.1

Cuando la conflictividad compromete la buena administración, quiebran los derechos, quiebran las obligaciones y se anulan los deberes. Por muchas garantías que se intenten justificar y por muchos procedimientos que se instauren, en la mayoría de las ocasiones serán solo excusas para encubrir una ruptura de los derechos del ciudadano. Ello contribuye a fomentar una decadencia ya anunciada, a la que resulta cómodo subirse por sus indudables beneficios particulares, pese a sus perversos efectos sociales. No es algo puntual ni territorialmente concreto.

II. La crisis del Tribunal Supremo norteamericano

La crisis de la justicia se manifestó en los Estados Unidos a lo largo del siglo XX, en la actividad del Tribunal Supremo al interpretar la Constitución y ejercer el control de constitucionalidad de las leyes. Una primera fase enfrentó al Tribunal con la legislación social, desde Lochner v. New York (1905) hasta el choque con el New Deal en 1937. La segunda, de signo inverso, llegó con la jurisprudencia del Tribunal Warren (1953-1969), que extendió por vía judicial los derechos civiles.2

En ese contexto se enfrentaron dos posiciones doctrinales sobre la función jurisdiccional, denominadas «interpretativismo» y «no interpretativismo».3

III. Dos maneras de entender la función del juez

Interpretativismo. Defiende la vinculación del juez a la ley y a sus mandatos explícitos o implícitos.

No interpretativismo. Sostiene la libertad del juez para desbordar el estricto marco del texto legal que interpreta, en busca de sus principios inspiradores y de los fines queridos por la norma. Realiza así una labor de concreción de los valores fundamentales comúnmente aceptados por la sociedad de una época determinada.

El procedimentalismo de Ely

Frente a esta dicotomía, criticada por su parcialidad, John Hart Ely propuso en 1980 otras alternativas, entre ellas el procedimentalismo.4 El juez no debe imponer valores sustantivos, sino vigilar que el proceso democrático funcione: que los cauces de participación sigan abiertos y que las minorías no queden excluidas. Propugna así una actuación jurisdiccional acorde con el sentir del momento, en el contexto complejo de una sociedad democrática evolucionada y en relación con los demás poderes e instancias políticas en juego.

Dato: Ely (1938-2003) fue decano de la Facultad de Derecho de Stanford.

IV. Consecuencias para el ordenamiento español

El resultado no es otro, no puede ser otro, que una interacción del juez con el resto de los poderes. Esa interacción puede resultar rechazable en nuestro ámbito cultural, donde todavía se defienden la independencia y la imparcialidad judiciales y la sumisión del juez únicamente al imperio de la ley (art. 117.1 CE). Su defensa corresponde al Consejo General del Poder Judicial, órgano de gobierno de los jueces (art. 122.2 CE).5

La doctrina española conoció pronto este debate. Eduardo García de Enterría lo examinó al defender el valor normativo de la Constitución y el papel del Tribunal Constitucional.6

Notas

  1. Horwitz, M. J. (1992): The Transformation of American Law, 1870-1960: The Crisis of Legal Orthodoxy, Nueva York: Oxford University Press. ↩
  2. Horwitz, M. J. (1998): The Warren Court and the Pursuit of Justice, Nueva York: Hill and Wang. ↩
  3. Grey, T. C. (1975): «Do We Have an Unwritten Constitution?», Stanford Law Review, vol. 27, n.º 3, pp. 703-718. ↩
  4. Ely, J. H. (1980): Democracy and Distrust. A Theory of Judicial Review, Cambridge (Massachusetts): Harvard University Press, caps. 4-6. [Se corrige la versión anterior de esta entrada, que citaba al autor como «J. H. Elt» y fechaba la obra en 1930]. ↩
  5. Constitución española de 1978, arts. 117.1 y 122.2; Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, arts. 12 a 14. ↩
  6. García de Enterría, E. (1981): La Constitución como norma y el Tribunal Constitucional, Madrid: Civitas. ↩

Para seguir leyendo

  • Ely, J. H. (1980): Democracy and Distrust. A Theory of Judicial Review, Cambridge (Massachusetts): Harvard University Press.
  • Bickel, A. M. (1962): The Least Dangerous Branch. The Supreme Court at the Bar of Politics, Indianápolis: Bobbs-Merrill.
  • Dworkin, R. (1984): Los derechos en serio, Barcelona: Ariel.
  • García de Enterría, E. (1981): La Constitución como norma y el Tribunal Constitucional, Madrid: Civitas.
  • Constitución española, texto consolidado (BOE).

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público en los Estados Unidos).

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