sábado, 17 de octubre de 2026

La ley de Parkinson y el infinito burocrático (microensayo)

Sucesos contemporáneos · Microensayo · Función pública

La ley de Parkinson y el infinito burocrático

El trabajo se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible. Setenta años después de su formulación, la ley de Parkinson sigue explicando por qué crecen las organizaciones aunque no crezca el trabajo.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela · Doctor en Derecho por la Universitat de València · Microensayo
⏱ 8 min de lectura

La entrada en cinco ideas

1.Parkinson formuló su ley en The Economist (1955) a partir de un dato llamativo: entre 1914 y 1928 la Armada británica perdió dos tercios de sus buques, mientras los funcionarios del Almirantazgo aumentaban casi un 80 %.

2.Sus principios —el jefe que multiplica subordinados, el trabajo que se crean entre sí, la discusión inversa a la importancia del asunto— nacen de la experiencia, no de la especulación.

3.Parkinson llevó su ley a los consejos de ministros con su «coeficiente de ineficacia»: cuando un órgano colegiado supera los veinte miembros, deja de decidir con eficacia y el poder real pasa a un círculo más reducido.

4.Los estudios posteriores, de Haire y Blau a la física estadística de Klimek, Hanel y Thurner (2009), han confirmado parte de sus intuiciones.

5.La digitalización y la paradoja del incremento de la burocracia.

Origen de una ley

La ley de Parkinson, o ley de la pirámide ascendente, se formuló por vez primera en un artículo anónimo de The Economist publicado el 19 de noviembre de 1955[1]. Su autor, Cyril Northcote Parkinson, catedrático de Historia en la Universidad de Malaya (Singapur), la reunió después con otros textos en Parkinson’s Law and Other Studies in Administration (1957), traducido al español como La ley de Parkinson y otros ensayos[2].

Condensa la experiencia obtenida en dos organismos británicos durante varios años: el Almirantazgo y el Ministerio de Colonias. Parkinson observó cómo el número de sus empleados aumentaba a medida que se reducían las unidades de la Armada y desaparecía el Imperio.

Entre 1914 y 1928, los buques de línea de la Armada británica pasaron de 62 a 20, una caída del 68 %, y sus oficiales y marineros se redujeron un 32 %. En el mismo periodo, los funcionarios y oficinistas de los arsenales crecieron un 40 % y los funcionarios del Almirantazgo, un 78 %. Menos barcos, más despachos.

Edificio del Almirantazgo en Whitehall, hacia 1790
El edificio del Almirantazgo en Whitehall (Londres), hacia 1790. Autor desconocido. Fuente: Wikimedia Commons (dominio público).

Los hechos que analiza Parkinson abarcan un periodo amplio, que incluye la crisis desencadenada por el martes negro de 1929. De ahí la idoneidad de referirse a su obra: demuestra que nos encontramos ante un fenómeno sociológico que va más allá de las crisis, bélicas o financieras, de los regímenes políticos y de las estructuras administrativas o empresariales.

El propio Parkinson recordaba su experiencia como oficial de Estado Mayor durante la guerra:

«Éramos unos setenta en mi unidad. Para decir verdad, ninguno de nosotros hizo mucho por ganar la guerra. […] Por una serie de circunstancias, el comodoro cayó enfermo, el coronel fue trasladado y el capitán de fragata se marchó. Y quedé yo […]. De repente me di cuenta de que el trabajo resultaba diez veces más sencillo cuando todo el mundo estaba fuera. No había nadie que me corrigiera la gramática y, por supuesto, nada de reuniones. Nada de papeleo».

Recepción en España

Hoy es una ley y un conjunto de principios postergados, relegados a la condición de simple sarcasmo burocrático, sobre todo para autores de influencia norteamericana[3] y españoles. Sin embargo, tuvo eco en la función pública española de los años cincuenta y sesenta, muy sensibilizada con los temas de gerencia.

El catedrático José Luis Villar Palasí la calificó de «jocosa pero realmente inexorable»[4]. Y no debe olvidarse que la respaldaron varios especialistas en ciencia de la Administración, entre otros el danés Poul Meyer, el alemán nacionalizado estadounidense Fritz Morstein Marx y el polaco residente en Francia Georges Langrod.

Causó conmoción en el campo de la economía y del Derecho administrativo a escala mundial. Todavía la tiene en cuenta Henry Mintzberg, referente obligado de la teoría de la organización contemporánea, aunque en aspectos muy determinados, como el crecimiento de las organizaciones[5]. La ley de Parkinson obedece a la práctica, a lo vivido; no es fruto de elucubraciones teóricas y, solo por ello, merece una lectura atenta.

El catedrático Luis Jordana de Pozas expuso algunos de sus principios en Documentación Administrativa en 1959, y otros profesores los completaron con sus anotaciones.

La ley y sus principios

La ley dice: el trabajo se expande hasta ocupar todo el tiempo disponible para su realización. Es decir, cuanto más tiempo se tiene para ejecutar una actividad, más tiempo se tarda en realizarla. De ella se desprenden los siguientes principios:

1. Un directivo desea siempre multiplicar el número de sus subordinados, pero nunca el de sus rivales, para darse más importancia dentro de la organización.

2. Los empleados se crean trabajo unos a otros, sin utilidad: la proliferación de subordinados innecesarios genera actividades igualmente innecesarias.

3. Un jefe inventa siempre trabajo para sus subordinados.

4. No existe relación, o es muy escasa, entre el trabajo que ha de realizarse y el número de empleados a los que se encomienda.

5. Siete personas son capaces de causar a su jefe más trabajo del que tenía cuando lo hacía él solo.

6. El tiempo dedicado a cada asunto del orden del día está en razón inversa a su importancia (la llamada ley de la trivialidad).

7. La perfección de la estructura de una institución solo se alcanza cuando está a punto de hundirse.

8. Las organizaciones son imperfectas y sus objetivos solo se alcanzan muy tardíamente, cuando ya son obsoletos.

9. Si el jefe de la organización no es de los mejores, tratará de rodearse de empleados peores que él, y estos, a su vez, buscarán subordinados peores que todos.

10. Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos (la segunda ley de Parkinson, formulada en 1960)[6].

Uno de los puntos más controvertidos es el del crecimiento constante de la plantilla: con independencia del volumen de trabajo, el personal de una gran organización administrativa aumenta, según Parkinson, entre un 5,17 % y un 6,56 % al año.

Lo que dijeron los estudios

La obra de Parkinson suscitó numerosos estudios: el de Mason Haire en 1959, el de William McWhinney en 1965 y el de Peter Blau y Richard Schoenherr en 1971[7]. William Rushing comprobó a finales de los años sesenta que el crecimiento de las organizaciones afectaba de modo distinto a dos componentes: el personal directivo disminuía en proporción, mientras que el administrativo aumentaba, por efecto de la creciente especialización.

Otra cosa es si de este modo se alcanza la eficiencia. Para Blau y Schoenherr, siempre aumenta o, en el peor de los casos, se mantiene. Pero un exceso de aparato administrativo será, sin duda, inasumible, pues nada puede sostenerse sobre un crecimiento infinito[8]. Y otra cuestión distinta es si la eficiencia es hoy la cima de cualquier gestión: Peter Senge, por ejemplo, la considera algo superficial[9].

La aportación más llamativa de los últimos años procede de la física. En 2009, Peter Klimek, Rudolf Hanel y Stefan Thurner, de la Universidad Médica de Viena, sometieron a prueba el «coeficiente de ineficacia» que Parkinson había atribuido a los consejos de ministros: más allá de unos veinte miembros, un órgano colegiado deja de decidir con eficacia. Con datos de 197 países, hallaron que los gabinetes más numerosos se asocian a menor desarrollo humano y menor estabilidad política, y situaron el umbral, precisamente, en torno a veinte[10]. La sátira de 1955 resultó tener base empírica.

La ley de Parkinson hoy

El empleo público en España se situó en 3.646.900 personas en el segundo trimestre de 2026, según la Encuesta de Población Activa, cerca de su máximo histórico[11]. La cifra, por sí sola, no prueba nada: la población y los servicios también crecen. Pero obliga a preguntarse, con Parkinson, cuánto de ese crecimiento responde a la tarea y cuánto a la propia dinámica de la organización.

La digitalización ofrece aquí una paradoja. Prometía reducir el papeleo y, mal diseñada, lo ha trasladado al ciudadano, que ahora debe rellenar formularios, obtener certificados electrónicos y pagar a intermediarios. Es el trabajo que se expande, no ya dentro de la oficina, sino fuera de ella.

Los tribunales han empezado a poner límites. El Tribunal Supremo declaró en 2023 contraria a Derecho la imposición general, sin justificación, de la presentación electrónica de la declaración del IRPF[12]. Y en julio de 2026 anuló el artículo 197.2 del Reglamento de extranjería, que obligaba a relacionarse por medios electrónicos en numerosos procedimientos: la obligación solo cabe si se justifica que el colectivo afectado tiene acceso y disponibilidad de esos medios, y si es proporcionada[13].

Conclusión

Esta descripción de la realidad no es resultado de cálculos estadísticos, sino de la reflexión sobre unos hechos constatados a lo largo de una vida. La riqueza de sus contenidos y sus aplicaciones prácticas están fuera de toda duda. No analizarlas, prescindir de ellas, es negar verdades que piden ser descubiertas y renunciar a una eficiencia que nunca sobra.

Normativa vigente

Constitución española, art. 103.1: la Administración sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con el principio de eficacia.

Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común: las personas físicas pueden elegir si se relacionan electrónicamente con la Administración (art. 14); la obligación para determinados colectivos exige acreditar su acceso y disponibilidad de medios (art. 14.3), y la Administración debe asistir a quien lo necesite (art. 12).

Real Decreto 203/2021, de 30 de marzo, Reglamento de actuación y funcionamiento del sector público por medios electrónicos, art. 3.2.

Notas

  1. [Parkinson, C. N.] (1955): «Parkinson’s Law», The Economist, 19 de noviembre de 1955. ↩
  2. Parkinson, C. N. (1957): Parkinson’s Law and Other Studies in Administration, Boston: Houghton Mifflin. Edición española: (1961): La ley de Parkinson y otros ensayos, Barcelona: Ariel. ↩
  3. Chiavenato, I. (2006): Introducción a la teoría general de la administración, 7.ª ed., México: McGraw-Hill, p. 266. ↩
  4. Villar Palasí, J. L. (1965): «La clasificación de los puestos de trabajo», Documentación Administrativa, 85. ↩
  5. Mintzberg, H. (2002): La estructuración de las organizaciones, Barcelona: Ariel Economía, p. 275. ↩
  6. Parkinson, C. N. (1960): The Law and the Profits, Boston: Houghton Mifflin. ↩
  7. Haire, M. (1959): «Biological Models and Empirical Histories of the Growth of Organizations», en Haire, M. (ed.): Modern Organization Theory, Nueva York: Wiley; Blau, P. M., y Schoenherr, R. A. (1971): The Structure of Organizations, Nueva York: Basic Books. ↩
  8. Mintzberg, H. (2002): La estructuración de las organizaciones, cit., p. 279. ↩
  9. Senge, P. (2008): La danza del cambio, Barcelona: Gestión 2000. ↩
  10. Klimek, P., Hanel, R., y Thurner, S. (2009): «Parkinson’s Law Quantified: Three Investigations on Bureaucratic Inefficiency», Journal of Statistical Mechanics: Theory and Experiment, P03008. Preimpresión en arXiv:0808.1684. ↩
  11. Instituto Nacional de Estadística: Encuesta de Población Activa, segundo trimestre de 2026 (publicada el 28 de julio de 2026). Disponible en: ine.es. ↩
  12. STS (Sala Tercera) de 11 de julio de 2023, rec. 6391/2021, sobre la Orden HAC/277/2019 y la presentación electrónica obligatoria de la declaración del IRPF. ↩
  13. STS (Sala Tercera) 868/2026, de 8 de julio, rec. 19/2025, que declara la nulidad del art. 197.2 del Real Decreto 1155/2024, de 19 de noviembre; reiterada por la STS de 29 de julio de 2026, rec. 21/2025, publicada en el BOE de 22 de septiembre de 2026. ↩

Publicado en este blog el 16 de enero de 2020. Revisado en octubre de 2026. Imágenes: Pixabay (CC0) y Wikimedia Commons (dominio público).

jueves, 15 de octubre de 2026

Estudios sobre Trafalgar: la otra batalla, contra la mar y contra el olvido

Sucesos Contemporáneos · Lecturas · Historia naval

Estudios sobre Trafalgar: la otra batalla, contra la mar y contra el olvido

Un libro que mira a Trafalgar desde donde casi nadie lo había hecho: el temporal que siguió al combate, los navíos que naufragaron frente a la costa gaditana, los oficiales que no salieron en los partes y los dos siglos de comercio y construcción naval que explican la escuadra de 1805.

Cubierta del libro Estudios sobre Trafalgar: Tempestad, Marinos e Imperio, de Juan B. Lorenzo de Membiela
Cubierta de la obra (Punto Rojo Libros, Sevilla, 2019). La fotografía procede del Museo del Prado.

Un libro sobre lo que quedó fuera del relato

Sobre Trafalgar se ha escrito muchísimo. La maniobra de Nelson, la muerte de Churruca y de Alcalá Galiano o la soledad de Gravina ocupan desde hace dos siglos el centro de la memoria del combate del 21 de octubre de 1805. Estudios sobre Trafalgar: Tempestad, Marinos e Imperio parte de una constatación sencilla: en un suceso con decenas de navíos y miles de hombres, junto a las acciones muy glosadas hay otras que han quedado «casi borradas, por la lluvia del olvido». El libro se ocupa de estas últimas.

La obra se ordena en tres partes. La primera estudia la batalla y, sobre todo, la tempestad que la siguió durante ocho días. La segunda explica cómo llegó España a 1805 con la escuadra que tenía, a través de dos siglos de comercio, crisis financieras y técnicas de construcción naval. La tercera sigue la vida de un oficial de Trafalgar, Santos de Membiela Rico, en Ferrol antes y después del combate. Completan el volumen siete anexos documentales, entre ellos el convenio hispano-francés de 5 de enero de 1805 y una carta de Villeneuve al emperador, reproducidos en facsímil.

El capítulo plantea además una tesis sobre la derrota. Para el autor, el problema no fue técnico, sino de mando: el convenio de 1805 subordinó la Armada a Villeneuve, que desoyó a los jefes españoles y negó a Gravina la libertad de maniobra que pidió la mañana del combate. También relativiza la originalidad de Nelson: el ataque en dos columnas tenía precedentes teóricos, como el Essay on Naval Tactics de Clerk of Eldin (1782), y precedentes prácticos británicos. Más llamativo aún es el testimonio del brigadier MacDonnell, comandante del Rayo: la maniobra británica equivalía al «ataque 14.º» del Tratado de señales publicado en 1804, el reglamento táctico oficial de la propia Armada española.

«Se amputó lo creativo y la derrota vino por añadidura.»— p. 27

La tempestad como objeto de estudio

La aportación más personal del libro es tratar el temporal que siguió al combate como un hecho histórico propio, y no como un simple epílogo. Del 22 al 29 de octubre, vientos de fuerza 9 en la escala de Beaufort barrieron la costa entre Barbate y Doñana. Según un estudio de la Universidad de Cádiz de 2016 que el autor utiliza, el temporal hundió 14 de los 17 buques apresados por los británicos. Como no había instrumentos de medida, la tempestad se reconstruye a partir de lo que anotaron los marinos en sus diarios y cartas: el capitán del Redoutable, Escaño, Collingwood, Digby, los diarios de los navíos británicos y, del lado español, el del Príncipe de Asturias, la única fuente española con datos meteorológicos que el autor ha podido localizar. El libro advierte del problema de traducir a una escala moderna expresiones como «viento frescachón» o «temporal muy duro», y sitúa el episodio en el contexto climático de la Pequeña Edad de Hielo.

Sobre ese fondo se estudian tres navíos españoles perdidos por el temporal: el San Francisco de Asís, el Rayo y el Monarca. De cada uno se ofrecen dotación, bajas, sistema de construcción, peripecia y, sobre todo, un cotejo de las distintas versiones sobre el lugar del naufragio. Hay hallazgos de archivo, como el acuerdo de la junta celebrada el 22 de octubre a bordo del Príncipe de Asturias para volver a salir en auxilio de los navíos, conservado en el Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán (legajo 4839). Y hay también constataciones de pérdida: no se conserva el parte de MacDonnell sobre el Rayo. Entre los personajes anónimos que aparecen destaca el cabo de Carabineros Reales Joaquín Cárdenas, que entró a caballo en el mar para recoger el cabo que lanzaban desde el San Francisco de Asís.

«Trafalgar, además de un combate entre navíos de guerra, lo fue también contra una naturaleza colérica y rota de furia.»— p. 49

El Neptuno: setenta y dos horas en los arrecifes

El tercer capítulo es el núcleo de la obra. El Neptuno, de 80 cañones y diseño de Martín de Retamosa, se rindió a las 17:10 del 21 de octubre, fue liberado por su tripulación dos días después y, ya sin gobierno, varó la noche del 23 en los arrecifes al oeste del castillo de Santa Catalina, en El Puerto de Santa María. Con Valdés y su segundo heridos, el mando recayó en el teniente de navío Santos de Membiela. Los cerca de 800 hombres permanecieron unas setenta y dos horas a bordo de un buque escorado, sin víveres ni agua, a unos cien metros de la playa, hasta que la evacuación terminó la tarde del 25.

El autor coteja los partes del salvamento (Membiela, Valdés, Gravina, Moreno, Cabrera, Escaño) y llega a una conclusión crítica: los informes oficiales atribuyen el mérito a los oficiales enviados desde tierra y omiten a los del propio navío. De ahí su expresión «narrativas sesgadas». Aporta además una corrección concreta y comprobable. El resumen enviado a Godoy cuenta que la primera guía llegó a tierra atada a la pata de un cerdo lanzado al agua. Pero el estado general del navío firmado por Valdés el 20 de octubre registra gallinas, carneros, ternera y tocino, y ningún cerdo vivo a bordo.

«En realidad, se omite a cualquier oficial de este navío en los partes de salvamento lo que induce a pensar que nos encontramos con narrativas sesgadas.»— p. 81

El capítulo se cierra con dos lecturas que amplían el campo de las fuentes. Una es pictórica: el óleo Episodio de Trafalgar de Sans Cabot (1862, Museo del Prado), que representa precisamente a la tripulación del Neptuno en las rocas. La otra es moral: un ensayo sobre el heroísmo en la derrota que recorre desde la tradición griega hasta Clausewitz, Scheler o Pieper y concluye que el valor no depende de la victoria.

«Audacia, fortaleza, racionalidad y dignidad del hombre integran lo heroico.»— p. 91

Del comercio al navío de línea

La segunda parte responde a una pregunta de fondo: cómo una potencia que dominó los mares hasta mediados del siglo XVII llegó a Trafalgar en esas condiciones. La respuesta enlaza economía y técnica naval. Mientras Holanda e Inglaterra se apoyaron en compañías comerciales, actas de navegación y un mercantilismo marítimo, la Monarquía hispánica se centró en asegurar la llegada de la plata. De ahí el galeón polivalente, mercante y de guerra a la vez, que las potencias rivales superaron en el siglo XVIII con navíos de línea más rápidos y mejor artillados. La fórmula del autor resume la tesis: «Comercio y Marina se convirtieron en causa y efecto de flotas más preparadas y modernas».

En este bloque destaca la lectura jurídica de las Ordenanzas de construcción naval de 1607, 1613 y 1618. El autor no se limita a describir sus medidas técnicas: las analiza como normas, con sus conflictos de intereses entre comerciantes y Armada y con su aplicación irregular, pues el gobierno las trataba «más como guías o recomendaciones que como normas de estricta observancia». También propone medir su eficacia por la disminución de los naufragios registrados por Fernández Duro, y recupera la figura de Diego de Guitián, autor de un memorial de 1630 y de una propuesta de 1641 sobre construcción de navíos. La parte termina con las cinco etapas constructivas del siglo XVIII (Gaztañeta, Jorge Juan, Gautier, Fernández de Landa y Martín de Retamosa) y una clasificación de los quince navíos españoles de Trafalgar según su sistema de construcción. El cuadro muestra lo heterogénea que era técnicamente la escuadra.

Después de Trafalgar: un marino en Ferrol

La tercera parte sigue a Santos de Membiela Rico (Madrid, 1763-Vivero, 1832) en tres episodios de Ferrol. El primero es el desembarco británico de agosto de 1800 en Doniños, rechazado en Brión y La Graña, donde mandaba diez lanchas cañoneras. El segundo es la capitulación de la plaza ante el mariscal Soult en enero de 1809: Membiela, como comandante de la Maestranza, fue uno de los tres comisionados para negociarla, según la Gaceta de Madrid y el Mercure de France. El tercero es el besamanos del 19 de marzo de 1809 en honor de José I. La relación de los oficiales que no asistieron, conservada en la Real Academia de la Historia (ms. 9/7446), es uno de los documentos más expresivos del libro. Las excusas hablan de uniformes rotos, botas remendadas, equipajes perdidos el 21 de octubre y trece pagas atrasadas. Es el retrato de los supervivientes de Trafalgar tres años y medio después del combate.

«La triste suerte de un prisionero y náufrago en distintas épocas, casado y con cuatro hijos, le han puesto en la mayor indigencia.»— Excusa de Santos Antonio de Membiela, 1809, p. 180

Las aportaciones más originales


La táctica de NelsonNo era nueva: tenía precedentes y figuraba como «ataque 14.º» en el reglamento táctico español de 1804.
Crítica de los partes del NeptunoLos partes oficiales del salvamento omiten a la oficialidad del navío; el episodio del cerdo se desmiente con el estado de víveres.
Lugares de naufragioCotejo de las distintas versiones sobre dónde se perdieron el Asís, el Rayo y el Monarca.
Comercio y construcción navalEstrecha relación entre comercio y poder naval: el primero impulsa el desarrollo del segundo.
Las Ordenanzas de 1607-1618Análisis jurídico de su aplicación y medida de su eficacia por el descenso de naufragios.
La oficialidad después de 1805La capitulación de Ferrol y el besamanos de 1809 muestran la penuria de los supervivientes.

Valoración

Estudios sobre Trafalgar no es otra historia general del combate. Es un libro de ángulos: el de la mar, que causó tantas víctimas como los cañones; el de los oficiales que no figuran en los partes; y el de la economía y la técnica, que explican qué escuadra pudo presentar España en 1805. Su método combina el Corpus documental de González-Aller, los fondos del Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán y de la Real Academia de la Historia, la prensa de la época y la documentación familiar, con una lectura atenta de las contradicciones entre las fuentes. Su prosa alterna el rigor del dato con pasajes de evocación literaria, y el resultado es una obra que devuelve a Trafalgar a sus protagonistas olvidados: los que lucharon contra el enemigo y, después, contra la tempestad.

«[…] la victoria última no fue de los británicos, sino la de una mar que impuso su autoridad expeditivamente.»— p. 84

miércoles, 14 de octubre de 2026

El Museo Naval de Ferrol expone las obras del V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026»

Cartel de la exposición del V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026», Museo Naval de Ferrol
Cartel de la exposición del V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026». (Museo Naval de Ferrol)

La muestra, que se inaugurará el 29 de octubre, reúne las obras seleccionadas en la quinta edición del certamen y podrá visitarse hasta el 31 de enero de 2027.

El Museo Naval de Ferrol inaugurará el próximo 29 de octubre la exposición correspondiente al V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026», que permanecerá abierta al público desde el 30 de octubre de 2026 hasta el 31 de enero de 2027.

El certamen está convocado por el Museo Naval de Ferrol en colaboración con la Sociedad Artística Ferrolana (SAF) y cuenta con el patrocinio de la Fundación Museo Naval. La iniciativa da continuidad a la edición celebrada en 2025, que, a su vez, recuperó el proyecto desarrollado durante las últimas décadas del siglo XX por el desaparecido Grupo Ancla de pintores de la mar.

El Premio de Pintura de la Mar tiene como objetivo promover la imagen cultural de la mar y fomentar el interés por las manifestaciones artísticas vinculadas a ella. Para ello invita a pintores noveles y veteranos de Galicia a reflejar en sus obras distintos aspectos de la temática marítima.

La exposición reúne las obras seleccionadas en esta quinta edición, realizadas con técnicas como el óleo, la acuarela, el acrílico y la técnica mixta, y con motivos relacionados con el mar, los buques, el Arsenal de Ferrol, los astilleros y otros escenarios marítimos. En total, el catálogo recoge treinta y seis artistas, con títulos que van desde Botadura de la F111 o F-103. Blas de Lezo en navegación hasta El portaviones Príncipe de Asturias en Bazán o Réplica de la nao Victoria y galeón Andalucía.

El jurado lo preside el capitán de fragata Juan Gómez Corbalán, director del Museo Naval de Ferrol; actúa como secretario Pastor Costa Espiñeira, vocal de Relaciones Públicas de la SAF, y como vocales Ricardo Díaz-Casteleiro Romero, presidente de la SAF; el capitán de fragata Carlos Carballeira Casal, subdirector del Museo, y el pintor Manuel Carballeira Rivas, miembro de la SAF. Los accésits corresponden al Concello de Ferrol y a la Sociedad Artística Ferrolana.

Catálogo de la exposición del V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026»: portada, presentación y jurado
Portada y presentación del catálogo de la exposición. (Museo Naval de Ferrol y Sociedad Artística Ferrolana)

Relación de artistas y obras seleccionadas en el V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026»
Artistas y obras seleccionadas. (Museo Naval de Ferrol y Sociedad Artística Ferrolana)

Lugar: Museo Naval de Ferrol.
Fechas: del 30 de octubre de 2026 al 31 de enero de 2027.
Horario de visitas:
— Martes a viernes, de 9:30 a 13:30 h.
— Sábados, domingos y festivos, de 10:30 a 13:30 h.

Fuente: Museo Naval de Ferrol y Sociedad Artística Ferrolana, Catálogo del V Premio de Pintura de la Mar «Almirante 2026» (Ferrol, 2026; depósito legal C 1667-2026), y cartel de la exposición. Imágenes: cartel y catálogo del Museo Naval de Ferrol y de la Sociedad Artística Ferrolana.

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