Lazo negro
In memoriam víctimas de Urda (Toledo)

domingo, 29 de enero de 2023

Atentado terrorista en Algeciras (España)


Atentado terrorista en Algeciras (España)


D.E.P.
Un sacristán asesinado  brutalmente y un sacerdote salesiano herido   en Algeciras por atentado terrorista islamista.




lunes, 23 de enero de 2023

Ciudades inclusivas y la belleza de la armonía

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Ciudades inclusivas y la belleza de la armonía

Venecia prosperó mientras sus instituciones fueron abiertas y declinó cuando su sistema político se cerró. Una lección sobre la ciudad y la armonía.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 2 min de lectura

Venecia
Venecia. Wikimedia Commons.

Sinopsis

Idea principalConclusión
Ciudades-EstadoCiudades independientes con soberanía sobre su territorio, abiertas a la innovación.
Dos propósitosGarantizar su independencia y potenciar su excelencia.
ArmoníaLa elegancia y la armonía transmiten confianza, belleza y verdad.
Cuna del RenacimientoEl cosmopolitismo de las ciudades italianas influyó en sus doctrinas.
VeneciaDurante siglos, eje del comercio entre Occidente, Bizancio y Oriente.
IndependenciaLograda a comienzos del siglo IX.
Contratos inclusivosInnovaciones mercantiles impulsaron la expansión económica.
La commendaSociedad temporal entre un socio capitalista y un socio navegante.
Ascenso socialEl éxito comercial abría el acceso a las instituciones de la ciudad.
El decliveLas familias poderosas monopolizaron el poder político.
Cierre del Gran ConsejoSe vuelve hereditario y se prohíbe la commenda.
Más allá de AcemogluNo fue la commenda, sino el sistema social y político abierto, la causa de la prosperidad.
MaslowComercio y consejos satisfacían las necesidades de reconocimiento y realización.

Cronología, 810-1797

810Independencia de Venecia
Frente al rey Pipino de Italia
828Reliquias de San Marcos
Llegan desde Alejandría
1082Crisobula de Alejo I
Privilegios comerciales en Bizancio
1204Cuarta Cruzada
Saqueo de Constantinopla
1297Serrata del Gran Consejo
Cierre de la clase política
1315Libro de Oro
Registro de la nobleza veneciana
1797Fin de la República
Napoleón pone fin a su independencia

Extracto

Las ciudades-Estado constituían una organización política asentada sobre una ciudad independiente y con soberanía sobre el territorio contiguo. Fueron focos muy activos en la vida política, económica y cultural. Dirigidas con frecuencia por gobernantes acaudalados, solían ser muy receptivas a la innovación económica y cultural. Alcanzaban, de este modo, dos propósitos: garantizar su independencia frente a otras ciudades y naciones y potenciar su exclusividad y excelencia frente a todos.

La elegancia y la armonía siempre son mensajes poderosos que transmiten confianza, belleza y verdad. Como ejemplo de dinamismo cultural y de su trascendencia en el tiempo, el Renacimiento, que tuvo su origen en estas ciudades italianas, tanto en su vertiente arquitectónica como en la filosófica y la literaria. Y es posible que el cosmopolitismo de estas civitates italianas influyera en el diseño de las doctrinas renacentistas.

Venecia fue, durante siglos, el centro de todo el comercio internacional, eje del intercambio entre la Europa occidental, el Imperio bizantino y el resto de Oriente.1  

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este artículo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 2 de septiembre de 2021.

Leer el artículo completo en El Confidencial Digital →

Notas

  1. Lane, F. C. (1973): Venice: A Maritime Republic, Baltimore: Johns Hopkins University Press. ↩

Para seguir leyendo

  • Acemoglu, D. y Robinson, J. A. (2012): Por qué fracasan los países, Barcelona: Deusto.
  • Norwich, J. J.: Historia de Venecia, Granada: Almed.
  • Burckhardt, J. (1860): La cultura del Renacimiento en Italia. Edición española: Madrid: Akal.
  • Maslow, A. H. (1943): «A Theory of Human Motivation», Psychological Review, 50 (4).

Imágenes: Wikimedia Commons.

jueves, 12 de enero de 2023

La persona es lo importante

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

La persona es lo importante

Ignorar el sufrimiento ajeno empobrece a la sociedad. La dignidad de la persona debe guiar los valores colectivos.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 3 min de lectura

Casa de los Pinelo, Sevilla
Renacimiento en Sevilla: la Casa de los Pinelo. Fotografía: José Luis Filpo Cabana. Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
La negación del dolorUna de las tragedias de nuestra cultura es negar el sufrimiento y su sentido.
El sufrimiento formaModela el carácter y nos hace menos egoístas y más compasivos.
WertherGoethe: «cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada».
Huir del dolorConduce a la abúlia y a la anomia.
Origen de los derechosEl dolor generó la idea de una esfera inviolable de la persona.
Sin mínimo éticoEl instinto no nace civilizado: se educa.
Textos internacionalesRecogen los valores, principios y derechos asumidos por Occidente.
PosmaterialismoInglehart: el bienestar material cambia los valores de la sociedad.
Valores contemporáneosHedonismo, relativismo, autoexpresión, rechazo de la disciplina.
GeneracionesQuien crece en seguridad económica se identifica con otros valores.
MaslowLa jerarquía de necesidades explica esos cambios.
ConclusiónLa dignidad de la persona debe guiar los valores colectivos.

Cronología, 1774-1978

1774Las penas del joven Werther
Goethe
1789Declaración de los Derechos del Hombre
Francia
1943Maslow
«A Theory of Human Motivation»
1948Declaración Universal de Derechos Humanos
Naciones Unidas
1950Convenio Europeo de Derechos Humanos
Consejo de Europa
1977Inglehart
The Silent Revolution
1978Constitución española
Art. 10: la dignidad de la persona

Extracto

Una de las tragedias que arrastra nuestra cultura es la negación del dolor y, con él, de su sentido y propósito. La adversidad y los accidentes integran el trayecto vital del hombre. Excluirlos amputaría una dimensión que condiciona conductas y finalidades, crea expectativas y proyectos, produce madurez y es un camino que te descubre como persona. El sufrimiento como experiencia modela el carácter de la persona y la hace menos egoísta y más compasiva con los demás.

El dolor de Werther, de Goethe, le abrió un conocimiento más amplio de la realidad a través de la reflexión. En la carta del 22 de agosto escribe: «cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada».1   Pero cuando se encuentra a sí mismo es capaz de superar cualquier adversidad.

Sustraerse a cualquier tipo de sufrimiento implica obviar una parte esencial de la vida humana, con efectos varios. Entre ellos, la dificultad, cada vez mayor, para alcanzar emociones estimulantes, creando un universo abúlico, una estacionalidad mental inamovible que desemboca en la anomia.

Precisamente el dolor es lo que ha generado, desde hace muchos siglos, la creación de unos derechos del hombre: reconocer una esfera jurídica inviolable que mantenga a la persona protegida frente a las injerencias de otros, sean personas o instituciones.

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este microensayo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 16 de agosto de 2021.

Leer el microensayo completo en El Confidencial Digital →

Notas

  1. Goethe, J. W. (1774): Die Leiden des jungen Werthers, Leipzig: Weygand. Edición española: Las penas del joven Werther, Madrid: Cátedra. ↩

Para seguir leyendo

  • Inglehart, R. (1977): The Silent Revolution. Changing Values and Political Styles among Western Publics, Princeton: Princeton University Press.
  • Maslow, A. H. (1943): «A Theory of Human Motivation», Psychological Review, 50 (4).
  • Frankl, V. E. (1946): El hombre en busca de sentido. Edición española: Barcelona: Herder.
  • Naciones Unidas: Declaración Universal de Derechos Humanos (1948).

Imágenes: Wikimedia Commons (fotografía de José Luis Filpo Cabana, licencia libre).

viernes, 6 de enero de 2023

La adoración de los Reyes Magos según la beata Ana Catalina Emmerich (divulgación)

 

La adoración de los Reyes Magos según la beata Ana Catalina Emmerich (divulgación)


Beata Ana Catalina Emmerich

La adoración de los Reyes Magos
Pronto vieron brillar en el cielo, sobre un lado de Belén, un meteoro semejante a la luna cuando aparece; montaron entonces nuevamente en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos muros ruinosos, dieron la vuelta a Belén, por el Sur, y se dirigieron al Oriente hacia la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la llanura donde los ángeles se habían aparecido a los pastores.
Cuando hubieron llegado cerca de la tumba de Maraha, en el valle que está detrás de la gruta del Pesebre, se apearon. Sus gentes deshicieron muchos envoltorios, levantaron una gran carpa que llevaban e hicieron otros arreglos, con ayuda de algunos pastores que les indicaron los sitios más convenientes.

Dibujo a lápiz de H. Hofmann de la serie de 1887 de Hofmann: Kommet zu mir! Bilder aus dem Leben des Heilandes; Festgabe für Christliche Familien (Come Unto Me).
Wikicommons. Dominio Público






El campamento se hallaba en parte arreglado, cuando los Reyes vieron aparecer la estrella, clara y brillante, sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia ella perpendicularmente sus rayos de luz. La estrella pareció crecer mucho y derramó una cantidad extraordinaria de luz.
Yo los vi mirando primero todo con un aire de gran asombro. Estaba oscuro; no veían ninguna casa sino tan solo la forma de una colina semejante a una muralla. De pronto sintieron un gran júbilo, pues vieron en medio de la luz la figura resplandeciente de un niño.
Todos se destocaron para demostrar su respeto; luego los tres Reyes fueron hacia la colina y encontraron la puerta de la gruta. Ménsor la abrió, viéndola llena de una luz celeste, y al fondo a la Virgen, sentada, sosteniendo al Niño, tal como él y sus compañeros la habían visto en sus visiones.
Volvió sobre sus pasos para contar a los otros lo que acababa de ver.
Entonces José salió de la gruta, acompañado por un viejo pastor, para ir a su encuentro. Los tres Reyes le dijeron con toda sencillez cómo habían venido para adorar al rey recién nacido de los judíos, cuya estrella habían visto, y para ofrecerle sus presentes. José los acogió muy afectuosamente, y el anciano pastor los acompañó hasta su séquito y los ayudó en sus arreglos, junto con otros pastores que se encontraban allí.
Ellos mismos se prepararon como para una ceremonia solemne.
Los vi ponerse unos grandes mantos, blancos con una cola que tocaba el suelo. Tenían un reflejo brillante, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban ligeramente a su alrededor. Eran estas las vestiduras ordinarias para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban unas bolsas y unas cajas de oro colgadas de cadenas, cubriendo todo esto con sus amplios mantos. Cada uno de los Reyes venía seguido por cuatro personas de su familia, además de algunos servidores de Ménsor que llevaban una mesa pequeña, una carpeta con flecos y otros objetos.
Los Reyes siguieron a San José, y al llegar bajo el alero que estaba delante de la gruta, cubrieron la mesa con la carpeta y cada uno de ellos puso encima las cajas de oro y los vasos que desprendieron de su cintura: eran los presentes que ofrecían entre todos.
Ménsor y los demás se quitaron las sandalias, y José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Ménsor iban delante de él; tendieron una tela sobre el piso de la gruta, retirándose luego hacia atrás; otros dos los siguieron con la mesa, sobre la que estaban los presentes.
Una vez llegado delante de la Santísima Virgen, Ménsor los tomó, y poniendo una rodilla en tierra, los depositó respetuosamente a sus plantas. Detrás de Ménsor se hallaban los cuatro hombres de su familia que se inclinaban con humildad. Saír y Teóceno, con sus acompañantes, se habían quedado atrás, cerca de la entrada.
Cuando se adelantaron, estaban como ebrios de alegría y de emoción, e inundados por la luz que llenaba la gruta. Sin embargo, allí solo había una luz: la Luz del mundo.

Hans Thoman. Escultura de Madera. 1515-1520
Fuente: Wikicommons

María, apoyada sobre un brazo, se hallaba más bien recostada que sentada sobre una especie de alfombra, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado dentro de una gamella cubierta con una carpeta y colocada sobre una tarima, en el lugar en que había nacido; pero en el momento en que ellos entraron, la Santísima Virgen se sentó, se cubrió con su velo y tomó entre sus brazos al Niño Jesús, cubierto también por su amplio velo.
Ménsor se arrodilló, y colocando los presentes ante él, pronunció palabras conmovedoras rindiéndole homenaje, cruzando las manos sobre el pecho e inclinando su cabeza descubierta.
Entre tanto, María había desnudado el busto del Niño, el cual miraba con semblante amable desde el centro del velo en que se hallaba envuelto; su madre sostenía su cabecita con uno de sus brazos y lo rodeaba con el otro. Tenía sus manitas juntas sobre el pecho, y a menudo las tendía graciosamente a su alrededor.
¡Oh, qué felices se sentían de adorar al Niño Rey aquellos buenos hombres venidos de Oriente!
Viendo esto me decía a mí misma: «Sus corazones son puros y sin mancha, llenos de ternura y de inocencia como corazones de niños piadosos. No hay nada violento en ellos, y, sin embargo, están llenos de fuego y de amor. Yo estoy muerta, yo no soy ya más que un espíritu; de otro modo no podría ver esto, pues esto no existe ahora, y, sin embargo, existe ahora; pero no existe en el tiempo; en Dios no hay tiempo; en Dios todo es presente; yo estoy muerta, ya no soy más que un espíritu». Mientras me asaltaban aquellos pensamientos tan extraños, escuché una voz que me decía: «¿Qué te puede importar eso? Mira y adora al Señor, que es eterno y en quien todo es eterno».
Vi entonces a Ménsor que sacaba de una bolsa, colgada de su cintura, un puñado de pequeñas barras compactas, pesadas, del largo de un dedo, afiladas en la extremidad y brillantes como el oro; era su regalo, que colocó humildemente sobre las rodillas de la Santísima Virgen al lado del Niño Jesús. Ella lo tomó con un agradecimiento lleno de gracia y lo cubrió con un extremo de su manto. Ménsor dio aquellas pequeñas barras de oro, virgen porque era muy sincero y caritativo, y buscaba la verdad con un ardor constante e inquebrantable.
Domenico Ghirlandaio - Adoración de los magos

Domenico Ghirlandaio - Adoración de los magos.1488 

                  Fuente: Wikicommons



Después se retiró, retrocediendo con sus cuatro acompañantes, y Saír, el Rey cetrino, se adelantó con los suyos y se arrodilló con una profunda humildad, ofreciendo su presente con palabras conmovedoras. Era un vaso de oro para poner el incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verdoso; lo puso sobre la mesa delante del Niño Jesús. Saír dio el incienso, porque era un hombre que se conformaba respetuosamente y desde el fondo de su corazón, a la voluntad de Dios y la seguía con amor. Se quedó largo rato arrodillado con un gran fervor antes de retirarse  […].
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Fue beatificada por el papa Juan Pablo II en 2004.

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