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martes, 23 de septiembre de 2014

Principio de proporcionalidad en el EBEP Ley 7/2007( 2 min)

Principio de proporcionalidad aplicable a la clasificación de las infracciones y sanciones del art. 94.2º.c) L 7/2007, Estatuto Básico del Empleado Público.

Por

Juan B Lorenzo de Membiela

El principio de proporcionalidad de las sanciones persigue la debida congruencia o correspondencia entre los hechos imputados y la responsabilidad exigida en atención a las circunstancias personales del infractor, las objetivas de la actividad desarrollada y la entidad de la infracción. 

Es extraído de los arts. 1.1º CE y 10 CE sobre la consideración que la desproporcionalidad de la pena infringe derechos fundamentales. Inherente al Estado de Derecho, constituye un auténtico canon de constitucionalidad de la actuación de los Poderes Públicos. Pertenece al acervo jurídico de la Unión Europea, integrado en nuestro ordenamiento jurídico es dado por el art. 10 CE , por los tratados internacionales. Principalmente por el Convenio de Roma, art. 10.2º y 18. Para la STC 15 de octubre de 1982[i], el principio de proporcionalidad es un principio general del derecho  cuya incidencia en nuestro ordenamiento vendría por el Tratado de Roma ratificado por España en 1979.

El principio de proporcionalidad también cabe denominarlo principio de prohibición del exceso[ii] que se proyecta tanto sobre la conminación penal abstracta de la pena como sobre la aplicación de su correcta imposición. La proporcionalidad exige un juicio ponderativo entre la carga coactiva de la pena y el fin perseguido por la conminación penal, debiéndose atender en primer lugar a la gravedad de la infracción cometida.
 
Exige este principio la adecuación de la ingerencia a un fin legítimo y la necesidad de la intervención. Un equilibrio entre las medidas adaptadas y los fines perseguidos ponderando la gravedad de las penas[iii]. Por ello,  cabe incluir dentro de los principios básicos de Derecho Penal como el de protección exclusiva de bienes jurídicos, intervención mínima, fragmentariedad u ofensividad no son, en realidad, más que concreciones de la noción del principio de proporcionalidad .

La calificación de una sanción como inhumana o degradante depende de su ejecución y de las modalidades que ésta revista. Pero también, no olvidamos, el ánimo subjetivo de quien ostenta la potestad de ejercitarla, pudiendo acarrear, además de la pena en sí,  otras consecuencias gravosas derivadas  de un  especial envilecimiento que agravan la sanción original.

La pena o concurrencia de penas que provoque, además,   humillación, ignomia, sufrimiento de una especial intensidad, envilecimiento o sensaciones y actitudes semejantes, son consideradas como infractoras del art. 15 CE , integridad física y moral en relación con el  art. 3 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos, ratificado por España en 1979 plenamente aplicable por incidencia del art. 10 CE .

La integridad moral, dada que la física es inexistente, se supone, es un derecho de la personalidad, como apunta la temprana STS de 7 febrero 1962[iv]. Recogido en el art. 15 CE , dentro de los derechos fundamentales de la persona y, por ello mismo,  protegidos por la vía del art. 53.2º CE y art. 161.1º.b) CE. El art. 15 CE tiene como antecedente inmediato el Unversehreheit de  la doctrina alemana, es decir, la incoluminidad: el derecho a la salud física y mental, el derecho al bienestar corporal y psíquico y  el derecho a la propia apariencia personal[v]. Por ello no es de extrañar la íntima conexión de este artículo con el art. 43.1º CE que protege el derecho a la salud[vi]. La protección penal de la integridad moral se encuentra en el art. 173.1º CP .

No define expresamente la integridad moral, tampoco la CE lo hace, sin embargo, cabe inferir del CP una aproximación a la integridad moral aunque ésta, a decir de  Serrano Gómez[vii], sea amplia y es cierto que es difusa por no ser concretada. Se entiende por atentando a la integridad moral los  actos  que supongan sufrimientos físicos o mentales, la supresión o disminución de sus facultades de conocimiento, discernimiento o decisión.  Quizás este comentario quepa articularse como criterio limitativo en la actividad punitiva de la Administración Pública.

La dimensión conceptual del principio de proporcionalidad puede verse en la STC 22  de mayo de 1986[viii], FD cuarto, que explicita:

«  Respecto a la supuesta infracción del art. 15 de la Constitución, en cuanto prohíbe la tortura y las penas o tratos inhumanos o degradantes, basta señalar que la calificación de una pena como inhumana o degradante depende de la ejecución de la pena y de las modalidades que ésta reviste, de forma que por su propia naturaleza la pena no acarree sufrimientos de una especial intensidad (penas inhumanas) o provoquen una humillación o sensación de envilecimiento que alcance un nivel determinado, distinto y superior al que suele llevar aparejada la simple imposición de la condena. Tales consideraciones fueron claramente expresadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en su sentencia de 25 de abril de 1978 (caso Tyrer), al interpretar el art. 3 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos, (RCL 1979\2421), y son plenamente aplicables a la interpretación del art. 15 de la Constitución, que coincide literalmente con aquél, de acuerdo con lo establecido en el art. 10-2 de la Constitución, según el cual, «las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Tratados y Acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España», entre los que se cuenta el mencionado Convenio Europeo. Ahora bien, en el caso que nos ocupa, se impuso al recurrente una pena de privación de libertad y otra de inhabilitación absoluta, penas que, independientemente de su mayor o menor extensión, no pueden ser calificadas de inhumanas o degradantes en el sentido antes indicado. Desde este punto de vista no puede inferirse tampoco que el citado art. 15 contenga en modo alguno un principio de proporcionalidad de las penas aplicables al caso presente[…] » .

En el ámbito del RRDFP de 1986  únicamente operaria este principio de proporcionalidad para las sanciones  muy graves y graves pues pueden imponerse varias sanciones al amparo de los arts. 14 a 18 RRDFP de 1986 . Sin embargo, el art. 94.2º.c) L 7/2007, EBEP prevé la aplicación del principio de proporcionalidad en toda la dimensión del régimen disciplinario. Y efectivamente el art. 96.3º L 7/2007, EBEP  en cuanto a las sanciones esgrime  como elementos ponderativos de las sanciones a aplicar el grado de intencionalidad, descuido o negligencia que se revele en la conducta, el daño al interés público, la reiteración o reincidencia, así como el grado de participación.

 La elección de la sanción a imponer es facultad de la Administración instructora aunque esa discrecionalidad que afecta al ius puiendi del Estado es excesiva tal indeterminación y  tanta discrecionalidad en un tema  que trasciende a derechos fundamentales . Se presume, y como tal presunción hay que razonar, que la actuación administrativa es objetiva e imparcial en el sentido previsto en el art. 103.1º CE , pero también puede implicar un uso arbitrario en la  aplicación de sanciones , con lo cual se estaría infringiendo la prohibición a la arbitrariedad del art. 9.3º CE . Esa desviación de poder supondría, del mismo modo, la nulidad de actuaciones por ser constitutivo de una transgresión de preceptos constitucionales ex art. 62.1º.a) Ley 30/1992 de RJAPPAC .

Alguna jurisprudencia estimó que la aplicación de las sanciones, para el derecho disciplinario en cuanto a las faltas muy graves y graves, debía ser una operación reglada,  STS 3 de abril de  1990[ix], FD tercero:

«Desde otro punto de vista, el Derecho Administrativo sancionador se caracteriza por la flexibilidad con que lleva a cabo la tipificación de las infracciones y el señalamiento de las sanciones correspondientes, especialmente en el ámbito de la supremacía especial -Sentencia del Tribunal Constitucional 219-89, de 21 de diciembre (RTC 1989\219). Esta flexibilidad no implica en modo alguno discrecionalidad. El carácter reglado de la potestad sancionadora -art. 25.1 de la Constitución- impide que la Administración pueda tener libertad para elegir soluciones distintas pero igualmente justas -indiferentes jurídicamente-: no cabe pensar que dos sanciones diferentes puedan ser igualmente justas. La jurisprudencia de esta Sala viene insistiendo en este punto -así, Sentencia de 23 de enero de 1989 (RJ 1989\421) -poniendo de relieve que el principio de la proporcionalidad o, dicho de otra manera, los principios penales de individualización de la sanción para adaptarla a la gravedad del hecho y a la personalidad del autor, hacen de la determinación de la sanción una actividad reglada […] » .

En el mismo sentido SSTS 23 de enero de 1989[x],  3 de abril de 1990[xi]  y 11 de junio de 1992 [xii]. Explicativamente, la STSJ del País Vasco 20 de enero de 1996[xiii], FD tercero:

« […] Por último, se alega vulneración del principio de proporcionalidad. El principio de proporcionalidad ha servido en la jurisprudencia como un importante mecanismo de control por los Tribunales del ejercicio de la potestad por parte de la Administración sancionadora cuando la norma establece para una infracción varias sanciones posibles o señala un margen cuantitativo para la fijación de la sanción. El principio de proporcionalidad o los principios penales de individualización de la sanción para adaptarla a la gravedad del hecho y a la personalidad del autor, hacen de la determinación de la sanción una actividad reglada […]  señala que con reiteración viene manteniendo la procedencia de concretar las sanciones administrativas en contemplación de la infracción cometida, graduándolas con el adecuado criterio de proporcionalidad ínsito en los principios ordenadores del Derecho Sancionador, sopesando a tal fin las circunstancias concurrentes en el hecho constitutivo de la infracción sancionada, correspondiendo a la actividad jurisdiccional, como se dice en la Sentencia de 26 de septiembre de 1990 (RJ 1990\7129), no tan sólo la facultad de subsumir la conducta del infractor en un determinado tipo legal, sino también adecuar la sanción al hecho cometido, ya que en uno y otro caso se trata de la aplicación de criterios jurídicos plasmados en la norma escrita e inferible de principios informadores del ordenamiento jurídico sancionador, como son los de congruencia y proporcionalidad entre la infracción y la sanción[…] » .

Teoría deseable también  sometida al principio de proporcionalidad.



[i] (RTC 1982, 62).

[ii]  Ruiz Vadillo, E., Principios generales. legalidad, proporcionalidad, etc., en «La restricción de los derechos fundamentales de la persona en el proceso penal» , Cuadernos de Derecho Judicial , CGPJ , 1993, 29, s.p. [ pero  9-57] .    
[iii] López Ortega, J.J., Los principios constitucionales del derecho penal en la doctrina del tribunal constitucional, en «  Amparo judicial. Jurisprudencia constitucional práctica: laboral, penal, civil y contencioso-administrativa » ,  Cuadernos de Derecho Judicial , Consejo General del Poder Judicial, , 1994, 27, s.p. [ pero 139-60 ].

[iv] O´Callaghan Muñoz, X., Honor, intimidad y propia imagen en la jurisprudencia de la sala 1ª del Tribunal Supremo , en « Honor, intimidad y propia imagen » , Cuadernos de Derecho Judicial , Consejo General del Poder Judicial, 1993, 35, s.p. [ pero 149-205 ] .

[v] Rodríguez  Mourullo, G.,  Derecho a la vida y a la integridad personal, en « Comentarios a la legislaron penal» ,  Edersa, Madrid, 1982.

[vi] Vid., Blasco Esteve. A, Idas y venidas en la lucha contra el ruido, Revista de Administración Pública , 2000,153, pp. 270-1.

[vii] Serrano Gómez. A., Derecho Penal, Parte especial, cit.,  p. 187.

[viii] (RTC 1986, 65).

[ix] (RJ 1990,3578).

[x] (RJ 1989,42)

[xi] (RJ 1990,3578).

[xii] (RJ 1992,4625).

[xiii] (RJCA 2000,1917).

martes, 16 de septiembre de 2014

Valor de miedo ( 2 min.)

 Valor de miedo ( 2 min.)

Juan B. Lorenzo de Membiela

Todo lo importante que sucede en la vida es inesperado porque actuamos como si nada inesperado debiera suceder nunca (Morin, 2008:117). La incertidumbre es algo nuestro, propiamente humano, desde siempre. Hemos evolucionado bajo un caos impuesto por la impredecibilidad de la naturaleza y el tiempo que nos es imposible explorar, sea por  el teorema de Gödel que demuestra matemáticamente  que  nuestro conocimiento está  limitado por principio; sea por el « principio de indeterminación »  de Heisenberg, que prueba la existencia de límites absolutos a la precisión de la medida.

Ante ello, desarrollamos   estrategias para sobrevivir, entre algunas, las emociones y, dentro de ellas, las llamadas « básicas »: el miedo y el temor. Las compartimos con otros animales, su constitución está genéticamente estructurada desplegando mecanismos de alarma o de protección en caso de peligro inminente y ante la simple posibilidad (Vass, 2002:56).

Es Jakob Burckhardt en su lección « Suerte y desgracia en la historia mundial », quien declara   « que la historia natural presenta (…) una lucha angustiosa por la existencia; (…) desde el origen de los pueblos y de la historia humana ». Pero no solamente es algo antiguo, está vigente porque obliga a adaptarse al ritmo de las cosas y a situarse en el escenario social de cada tiempo (Capdequí, 2012:217). Es decir, impide que el hombre no responda a nuevos desafíos que pueden comprometer su supervivencia.

Al miedo y a la cobardía se debe que el hombre mantenga esa añagaza para crear sociedades y dentro de ellas instituciones, como el Estado, para protegerse de todo lo que desconoce porque lo que no se conoce, habitualmente, es perjudicial. Para Hobbes, en su « Leviatán », el Estado procura defensa, concretamente, frente a otros hombres. De ello se deduce que el miedo hacia el hombre no conocido es semejante al temor hacia lo desconocido natural. Y surge una pregunta: ¿quién puede suponer que lo ignorado es siempre perjudicial si no quien haya vivido en un medio que le ha sido siempre hostil?

El pavor es tal que los inhibidores de conducta que impiden matar a un congénere no operan en la persona como sí en otras especies animales. Konrad Lorenz, recoge en su libro  « Consideraciones sobre las conductas animal y humana », por ejemplo, cómo un perro macho está imposibilitado para morder a una hembra o a un cachorro de su especie. O cómo en el combate cuando el perro más débil exhibe « posturas de sumisión », el más fuerte queda impedido para morder el cuello del vencido, consecuencia de un conflicto entre la ira y el mecanismo inhibidor (1974:180-1).

No es el caso a nosotros aplicable como especie como se documenta a diario en prensa.

Para Zygmunt Bauman la variante moderna de la inseguridad se caracteriza por el miedo a la maldad y a los malhechores humanos (2007:84).

Impera la suspicacia hacia los demás y sus intenciones, incluso se cuestiona la integridad de instituciones que deben conferir seguridades. Ello genera desconfianza.

 Que la individualidad se haya impuesto en detrimento de lo comunitario se explica por varias causas. Castell las encuentra en la supresión de las corporaciones y comunidades, estrechamente unidas, ya que en el pasado definían reglas de convivencia. Al ser sustituidas por lo individual, lo imprevisible se hizo presente y con ello toda clase de cautelas.

Pero también se explica por el conocimiento y el acceso a la información que permite ver realidades no muy distorsionadas. Recursos todos que han prosperado gracias al Estado liberal protector de la persona.

Para otros autores es causado por una concurrencia de elementos: racionalización, división del trabajo, especialización laboral, implantación del estado de bienestar e incremento de la formación (Halman y De Moor, 1994:29).

La importancia de lo individual en detrimento de lo colectivo hace que los conceptos « interés general », « justicia social » o « bien común » entren en crisis. Para Hayek constituyen abstracciones vacías de sentido porque « ¿hay algo más abstracto que los individuos a los que aluden, desprovistos de toda dimensión histórica como de filiación social? » (Teodorov, 2012:104). Y es verdad que detrás de este concepto dirigido al desconocido común no hay otro sujeto que los intereses de unos pocos para imponer sus criterios e intereses a muchos.

Ha contribuido también el contenido del  Estado de bienestar, al querer proporcionar seguridades a todos y descargar  responsabilidades y riesgos a los ciudadanos, los ha abocado a una actitud distendida con la que hemos afrontado esta crisis económica mundial del siglo XXI.  Como resultado un resurgimiento de miedos que olvidamos a cambio de consumismo. Lo postmoderno que involucra a la democracia (Inglehart, 1994:66) como una de sus elementos entra en crisis…

El individualismo y su insolidaridad - por la desconfianza- no pueden ofrecer alternativas si no es mediante su conversión a otro paradigma ético. Quizás producto necesario de una evolución que de paso a lo más apto, se despoje de lo fracasado, abrazando lo auténtico del hombre que es su dignidad (vid. Strathern, 2004:39 y Megías, 2006:165) .Y es lo único que puede ofrecer una convivencia sostenible alejado de lo que Kierkegaard llamó « la importancia del pecado en el mundo» (2012:113).

Hoy se necesita valor, aquel definido por Séneca: « No consiste el valor en temer a la vida, sino en hacer frente a los males por grandes que sean y no volverles la cara y retroceder »  (Séneca, Phoen. 190-2).

Que es reiterado por Vila y Camps en 1776, para quien « el verdadero valor se conoce en los peligros que nos amenazan fuera de las batallas; pues aunque la muerte sea de los objetos más espantosos, sin embargo, el dolor, el desprecio, la pobreza y otros mil accidentes que no dejan de tener una apariencia de terror y espanto , son muy capaces de sorprender la mayor parte de los hombres cuando estos ven que esos males los envisten y acometen. El valor, pues, consiste en saber resistir a todos esos peligros » .



Ante una indolencia inducida por un relativismo, surge como remedio un valor de naturaleza casi épica para afrontar lo que los tiempos nos preparan.

Por de pronto ese temor se traduce en insolidaridad hacia  el sufriente. Posiblemente porque cuando naufragan otros nos creemos más seguros...Por extraños sortilegios para rehuir de vacios silentes. Insolidaridad, miedo, subsistencia...Todo es válido para no caer aunque  estemos cayendo.

martes, 2 de septiembre de 2014

La Casa de Borbón y la Feria de Albacete ( 3 min.)

La Casa de Borbón y la Feria de Albacete ( 3 min.)


por Juan B. Lorenzo de Membiela.


Desconocemos la importancia de la concesión  por  SMC Felipe V  del privilegio de    « franca » a la feria   de Albacete[1].  La España del siglo XVIII estaba en tránsito  entre  la gloria militar de un  Imperio  herido a un reino ilustrado, barroco y racionalista, con serios problemas económicos y deficiencias sociales. En el  escenario internacional, la guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias costó la perdida de las provincias de  Flandes, territorios en  Nápoles, Milán y Cerdeña, dados  a Austria; Sicilia y parte del Milanesado  a Saboya   y la cesión a Inglaterra de Gibraltar y Menorca.

 En el domestico, el cambio  dinástico introdujo esperanzados  proyectos ilustrados que entre muchos, resalto,   el saneamiento  económico  del reino[2]. Una estrategia económica   poco conocida pero  relevante   en su  contexto histórico y en las costumbres derivadas del Fuero Juzgo y Las Partidas   fue el Auto firmado por  el Rey en  4 de diciembre de  1705, declarando:      « […] quienes fundasen fabricas estarían en el  favor real, sin que  el manejo de dichas fábricas fuese obstáculo para conservar o alcanzar la nobleza o para ostentar cualquier carácter que tuviesen los hijos-dalgo de Castilla […] » [3].  Quizás mediatizado por la suspensión de pagos del Estado declarado en 14  de octubre de 1704[4].

 En 1749 comienza la construcción de los primeros « caminos carreteros » [5]  .  Hasta esa fecha no existían  vías de comunicación entre núcleos de población. Los caminos causarán, que villas  , aldeas y cortijos abandonen el autoabastecimiento generado  por la  incomunicación: las carretas, coches de colleras, galeras y calesas, constituían  la logística necesaria para crear comercio  e industria.

 A finales del siglo XVIII se amplía el camino real  Madrid -Valencia. Atraviesa la villa por las calles de los Baños, Tinte, Plaza de Carretas y Santa Quiteria. Es destacado por autores  lo excelente de la  vía, mejorada   en 1761[6] , a su paso por Albacete. Tráfico de bienes y tráfico de personas, sometido éste  a imperativos  administrativos de regresar el mismo día  a plena luz o de presentar fiador o vecino en la localidad  a donde se dirija[7] que respondiera de su conducta.

Las ferias o mercados  eran una oportunidad única para el comercio, precursores mercantiles  que producían riqueza e intercambio cultural entre villas.  Tributaban a la Corona. Pero las llamadas  « Ferias Francas », eran un privilegio o merced real que exoneraba la  contribución a la Corona[8] . Por ello se comprende que la concesión del Privilegio real de « Feria Franca » a la de Albacete,  dado por SMC Felipe V en  6  de marzo de 1710,  constituyó un hecho sobresaliente, no solo religioso y comercial sino también social por las interacciones que se producían  entre personas de diferentes lugares.

 Como recoge  la Real Provisión confirmatoria de 3  de agosto de 1716,  sancionada, a su vez,   por la de  7  de septiembre de 1761, se mandó  que no se exigiera ni llevase  maravedís ningunos ni otra cosa a los comerciantes y mercaderes que concurrieran a la Feria con sus géneros y mercancías por razón de permiso, licencia o postura de los géneros que fuesen a vender a ella ni sobre ello se hiciera causa a dichos comerciantes ni vejación de que tuvieran justo motivo.

La importancia local y la relevancia económica en general  de nuestra Feria Franca es recogida por Pérez García comparándola con la de otras villas y ciudades[9] ; permitió a la villa triplicar sus beneficios en pocos años. El comercio de la feria lo constituía  el ganado, tanto  mular  como lanar, granos, legumbres, quincalla, loza, tejidos varios, lino, cáñamo, esparto, navajas, cuchillos, puñales y especias tanto nacionales como extranjeras.

La  concesión  de la Merced Real  obedeció  a dos causas:

Primera, la adhesión inmediata del Ayuntamiento al nuevo monarca en  5 de diciembre de  1700: Nada más hacerse público el testamento de su SMC Carlos II, se ordenó    fijar edictos  para conocimiento de todos los ciudadanos y  « soltar la campana del reloj » [10]

 No mucho más tarde, se aportaría  ayuda financiera y de hombres frente a la pretensión del Archiduque D. Carlos de Austria.

Segunda, la devoción a NSra. de Los Llanos desde tiempo inmemorial.

El culto a nuestra Patrona es  previo a la dominación árabe[11]. Simón Pardo  afirma  que  la Virgen fue escondida por los cristianos de lo que hoy es Albacete cuando España fue invadida por los árabes en el s. VIII. Olvidado  el  escondrijo  por la erosión de los siglos, se halló después de la reconquista, en un  paraje conocido como «  Los Llanos ».

 Brevemente sobre el origen de la  talla mariana, Sánchez Ferrer con remisión a  Villalba y Córcoles en su Pensil del Ave María de 1730, expone la conexión  de NSra. de Los Llanos con el apóstol  Iacobi o  Santiago, llamado « el Cebedeo ».


Si a este relato nos atemos, y no hay razón documentada que lo impida,  el origen de la imagen y su culto posee una entidad histórica y religiosa de magnitud. 

Sánchez Torres, lo  completa trascribiendo  una tradición referente al hecho de su descubrimiento: « […] el labrador que halló la imagen la llevó a su casa pero la figura volvió al lugar del hallazgo y así dos veces más. Informado el clero se interpretó el suceso como signo claro del lugar en donde debía edificarse la ermita […] ». 

Este hecho, legado de la tradición,  es recogido en el Misal del 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de Los Llanos[13]  celebrado en 2006 en Albacete en el Parque de Abelardo Sánchez. Hay que aclarar que la actual imagen no es la originaria, datándola, según Sánchez Ferrer,  en el s. XVII[14]; presenta rasgos del barroco español.

Se edificó una ermita en el lugar del hallazgo  en 1627, en un paraje llamado   « Los Llanos»  , visitada por  multitud de fieles, dada su  fama de milagrosa que se extendió por provincias hoy, lindantes con la de  Albacete, e incluso en Guadalajara . 

Los  PP. Franciscanos construyeron un Convento  en 1672  contiguo a la ermita, trasladando la imagen de Ntra. de Los Llanos  a su convento  en una capilla al efecto construida[15]. Los Llanos, por aquel entonces,  era un cruce de caminos,  que según  Santamaría pertenecía al término municipal de Chinchilla hasta que pasó al de de Albacete entre 1568-1569.

El monasterio convertido en custodio de la imagen sacra  junto a la afluencia de fieles originó un mercadillo antecedente de la actual feria.

Transcurrido el tiempo las  diferencias entre los PP. Franciscanos  y el Ayuntamiento de Albacete sobre la ubicación de la feria, patentizaron un conflicto que fue resuelto por el Supremo de Castilla  a favor  del Concejo municipal. Decisivo en este pleito  fue  la intervención de D. Pedro de Cantos,  que además  construyó unas lonjas  en los « ejidos »  o  « eras  »  del paraje de su propiedad llamado de Santa Catalina  .  La Plaza Mayor no ofrecía espacio suficiente: En Santa Catalina se celebrará la feria de modo definitivo[16] desde 1783.

Pero las romerías populares  seguían celebrándose en Los Llanos. Según García-Sauco, tras la desamortización de 1836 se suprimió el Convento franciscano y el Ayuntamiento de Albacete reclamó para sí, la imagen y sus pertenecías que fueron depositadas en la Iglesia de SAN Juan Bautista, en una hornacina en el  retablo barroco que desapareció.

El Ayuntamiento adquirió las lonjas construidas por D. Pedro de Cantos y pretendió su reforma  a través de un proyecto arquitectónico realizado por D. Lucas de los Corrales y Ruiz, en 1771. No llegándose a edificar, en 1783 se ordenó al maestro arquitecto D. Josef Jiménez la construcción del edificio ferial – el que podemos ver hoy- concluyéndose  en 1784 esta vez bajo la dirección del arquitecto D. Antonio Cuesta. 

El coste de la obra ascendió a 107.783 reales y 5 maravedís.  El tipo de arquitectura responde  a la de los grandes mercados del siglo XVIII, de tipo cerrado y con casetas en el interior. De este estilo se construyeron  en Italia del norte , en el Veneto, Crema y Verona y en el Milanesado, Bérgamo. Fuera de Europa, en la Puebla de los Ángeles (actualmente Los Ángeles, California, EEUU) y en Potosí (Bolivia). Siguiendo a Bonet Correa, se cree que existía un busto de SMC Carlos III en la puerta central[17].

La imagen mariana desde entonces  se trasladará cada año desde la Catedral de San Juan Bautista  al recinto ferial, de modo definitivo y continuo.

En 1875 se creó la Asociación de la Virgen de los Llanos, siendo honrada con el título de               « Real  » por merced de SMC Alfonso XIII en 1917.

Cabe resaltar por último  que fue el culto mariano, el que ha salvado a la feria en diversos años por la propagación de enfermedades. La villa  de Albacete sufría de una insalubridad recurrente.

 Las aguas quedaban estancadas y su descomposición generaba  epidemias de tifus y cólera. Blanch e Illa, sitúa en  1500 cuando se tiene noticia de la primera epidemia producida por sus aguas procedentes del manantial llamado « Ojos de San Jorge». 

Desde aquel entonces las inundaciones fueron frecuentes. Llegando a  rodear la villa de Albacete,  situada en lo que hoy es Villacerrada. Inundando  sótanos y cuevas[18], problemas hidrológicos que fueron paliados por los diversos reyes de la Casa de Borbón hasta entrado el siglo XIX. 


Estos accidentes  meteorológicos condicionaban  la supervivencia en esta villa y el éxito comercial de la feria. La solución definitiva recogida  por el geógrafo danés Malte-Brun, fue la construcción  del canal de María Cristina de una longitud de 5 leguas equivalentes a 27,8 kms.[19] ( En realidad construido por SMC Carlos IV)

En conclusión, la Feria de Albacete en honor a NSra. de Los Llanos  es más que un acto comercial y lúdico. Además de su dimensión religiosa,  es el  símbolo de una ciudad que durante siglos ha luchado para conseguir y mantener la Virgen perdida  y hallada  y reconocer  con ello y por ello  su  linaje como ciudad. Frente a la globalización quizás sea una seña de identidad  necesaria para no someternos  a lo vulgar y vivir una individualidad que nos haga más libres y dignos.












[1] Espinalt y García, B.,  en su obra  Atlante Español o Descripción general geográfica, cronológica e histórica de España, por reynos y provincias  »  de 1778, p. 135 califica a Albacete como una de las grandes, nobles y famosas de este reino […] .

Cabe mencionar como promotor  de la capitalidad provincial de  Albacete en   1833 frente a la influyente Chinchilla al Rmo. P. de las Escuelas Pías D. Jorge López y a  D. Miguel Fernández Cantos. Hecho que no ha tenido ni tiene mayor reconocimiento en nuestra ciudad, siendo por ello una deuda todavía pendiente y no prescrita  que los Ayuntamientos  de la ciudad deben reconocer del modo más apropiado. Prodigioso es el hecho de que una pequeña villa  llegue a convertirse en capital provincial frente a otras con más raigambre histórica.

[2] Menéndez Pidal, R., La época de los primeros borbones, en « Historia de España », t. XXIX, v. I,   dir. Jover  Zamora, J.,  Espasa-Calpe, Madrid, 1985, pp. XII, XIII y 181 y ss..

[3] De Miguel Fernández, E., Introducción a la gestión (management), Universidad Politécnica de Valencia, Valencia, 2007, p. 36.

[4] Real Academia de la Historia, Atlas Cronológico de la historia de España,  Ediciones SM, Madrid, 2008, p.227.
[5] Rueda Hernanz, G., España 1790-1900.Sociedad y condiciones económicas, Istmo, Madrid, 2006, pp. 94 y ss.. Razona este autor que la dificultad y retraso consiguiente de crear vías  de comunicación en España obedeció  a la orografía  montañosa y a  las diferentes cotas de altitud de los territorios, lo que encarecía- y aún hoy encarece- la construcción de infraestructura  viaria y ferroviaria.

Durante el s. XIX se intensificó significativamente por el acuerdo de las Diputaciones de construir « carreteras vecinales »  al amparo del art. 68 de la Ley de Diputaciones Provinciales de 8 de enero de 1845, vid.. Martínez Alcubilla, M., Diccionario de la Administración Española, Peninsular y Ultramarina: Compilación ilustrada de la novísima legislación de España, t. VI, Madrid, 1868, p. 569.

[6] Pérez Picazo, M.T., La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario « Floridablanca » , Sucesores de Nogués, Murcia, 1988, p. 134.

Archivo Histórico Provincial de Albacete, Obras varias, Legs. 481 y 482.

[7] Vid. Mellado, F.P., Guía del viajero en España, Madrid, 1852.

[8] Madoz, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar,  t. I, 2ª edic., autor-editor,  Madrid, 1846, pp. 243 y ss..

[9] Pérez García, J.M.,  La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario « Floridablanca » , Sucesores de Nogués, Murcia, 1988.

[10] Sánchez Torres, F.J., Apuntes para la Historia de Albacete, cit., p. 23.

[11] Xerif Aledris, Descripción de España, trad. Conde, J.A., Imprenta Real, Madrid, 1799 p. 192 que conecta con la tesis defendida por Palasui y Catalozella, E.,  Blasones Españoles y Apuntes históricos de las cuarenta y nueve capitales de provincia, Barcelona, 1867,  p.1

[12] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, Encuentro, 1995. Madrid,  pp. 45-6.

[13] Diócesis de Albacete, Misa por el 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de los Llanos en 28  de mayo de 2006, Diócesis de Albacete-Diputación provincial de Albacete, Albacete, 2006.

[14] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, cit.,   pp.   46-7.
[15]  Simón Pardo, J., La devoción a la Virgen en España: historias y leyendas, p. 356.

[16] Archivo Histórico Nacional, Protocolos, 17770. Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español,  Akal, Madrid, 1990, p. 162.

Vid.. Aranza Pérez, F.J., Letrados, juristas y burócratas en la España moderna,  UCLM- Junta Castilla La Mancha –Ministerio de Educación, Albacete, 2005,  p. 575.

[17] Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español,  cit., p. 165.
[18] Blanch e Illa y otros, Crónica General de España, Albacete, Madrid, 1867, p. 47.

Vid.. Sánchez Ibáñez, J.M.,  El Hospital de San Julián de Albacete: estudio histórico, Instituto de Estudios Albacetenses, Albacete, 1997.

[19] Malte-Brun, C., Geografía universal física, histórica, política, antigua y moderna, p. 328 y ss..