Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
La inflación alemana de los años 20 y sus consecuencias
De Versalles a la hiperinflación de 1923: cómo la ruina del dinero arrastró consigo las normas, la confianza y la dignidad de una sociedad entera.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
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Sinopsis
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| El Tratado de Versalles (1919) | Impuso a Alemania pérdidas territoriales y unas reparaciones de guerra inasumibles. |
| Keynes contra las reparaciones | Dimitió y advirtió que arruinarían la recuperación de la economía europea. |
| Deuda impagable | Pagar en torno al 6 % del PIB anual obligó a Alemania a endeudarse en el exterior. |
| 1923, año de la quiebra | Alemania dejó de pagar y el banco central financió el Estado imprimiendo dinero. |
| La hiperinflación en cifras | Los precios se multiplicaron de forma astronómica y el 99 % de los ingresos públicos procedía de la emisión. |
| Ahorro aniquilado | Cuentas, hipotecas e instrumentos financieros se volatilizaron de la noche a la mañana. |
| La vida cotidiana | Los salarios se cobraban varias veces al día y los precios se duplicaban de una jornada a otra. |
| Una sociedad del instante | Triunfaron la improvisación, el gasto inmediato y la riqueza fácil de los más jóvenes. |
| Quiebra moral | El cinismo sustituyó a las normas; crecieron la mendicidad y los robos. |
| Un pago que duró 91 años | La última cuota ligada a Versalles se abonó en octubre de 2010. |
| Desintegración política | Para Arendt, aquel desarraigo alimentó el odio hacia todos y hacia todo. |
| La esperanza | Jayyam invita a pensar en el despertar de un niño frente al desencanto. |
Cronología, 1914-2010
Un dólar se cambia por unos 4,2 marcos
28 de junio; Keynes publica Las consecuencias económicas de la paz
Mayo: las reparaciones se fijan en 132.000 millones de marcos oro
Enero: tropas francesas y belgas; noviembre: el Rentenmark
Escalonamiento de los pagos con crédito estadounidense
Nueva reducción y calendario de pagos
Regulación de la deuda exterior alemana
3 de octubre: unos 70 millones de euros
I. Versalles y la deuda imposible
Muchos autores sitúan en 1923 el año en que Alemania inició una conversión sociológica; una catarsis nacional que se originó tras el Tratado de Versalles, firmado en 1919. El historiador George F. Kennan consideró la Primera Guerra Mundial, de la que nació aquel tratado, «la gran catástrofe seminal» del siglo XX1. Versalles desmembró el Imperio alemán: Alsacia y Lorena volvieron a Francia, que obtuvo además la explotación de las minas del Sarre, puesto bajo administración de la Sociedad de Naciones; el norte de Schleswig pasó a Dinamarca y parte de la antigua Prusia, al nuevo Estado polaco (Coffin y Stacey, 2012: 1071)2.
Pero lo más gravoso no fue la merma territorial, sino las reparaciones de guerra, que una comisión aliada cuantificó en 269.000 millones de marcos oro3.
John Maynard Keynes, por aquel entonces representante del Tesoro británico en la Conferencia de Paz, dimitió de su cargo por esta causa. En su obra Las consecuencias económicas de la paz, publicada en 1919, afirmó: «las reparaciones condenarán la tarea más importante de Europa: la reparación de la economía mundial»4.

Porque Alemania no podría aplicar las políticas adecuadas para el desarrollo del Estado si no podía financiarse a sí misma, como sucedió al verse obligada a pedir créditos internacionales para pagar las indemnizaciones: se la obligó a pagar el 6 % de su PIB anual, algo imposible de cumplir.
Sí, el Tratado de 1919 puso fin a la guerra entre Alemania y el resto de las naciones combatientes. Pero las condiciones impuestas lastraron duramente a Alemania y la empujaron a emprender cualquier travesía hacia cualquier destino, porque la palabra imposible dejó de existir. Aquellas vivencias traspasaron la frontera de lo que cualquier pueblo puede soportar sin sufrir secuelas emocionales, porque 1923 estremeció a Alemania (véase Haffner, 2012: 58-59)5.
II. 1923: el año de la hiperinflación
En ese año Alemania dejó de pagar las indemnizaciones de guerra a Francia. El motivo fue la inflación, generada por la emisión masiva de dinero de su banco central (Tugores, 2010: 216)6.
En enero de 1923, el índice de precios industriales (PPI, una fórmula parecida al IPC) se encontraba en el 2.785 %, y en noviembre alcanzó el 726.000.000.000 %. La tasa de inflación había llegado al 35.000 % mensual.
En octubre de 1923, solo el 1 % de los ingresos del Gobierno procedía de los cauces habituales; el 99 % restante, de la emisión de nueva moneda.
Todos los que tenían una cuenta de ahorro, una hipoteca u otro instrumento financiero vieron cómo se volatilizaban de forma fulminante. Muchos optaron por otras inversiones, pero no obtuvieron los resultados esperados.
El coste de la vida no tenía fin. Medio kilo de patatas que el día anterior costaba 50.000 marcos alcanzaba al siguiente los 100.000. Los salarios se pagaban varias veces al día, porque los precios también subían varias veces en una misma jornada (Tucker, 2001: 296)7. Un bocadillo llegó a costar el equivalente a 6.000 dólares.
Un dólar que en 1914 se cambiaba por unos 4 marcos alcanzó, el 30 de octubre de 1923, los 6 billones de marcos (Arenz, 2011)8.
III. La sociedad de la inflación
La inercia y la confianza en lo vivido dejaron de ser válidas y eran castigadas con el hambre y la muerte. Se subsistía mediante la improvisación, la acción por impulso y una gran capacidad de adaptación a lo nuevo, que se sucedía sin descanso. Y todo ello se recompensaba con una riqueza desmedida.
Como escribe Haffner, aparecieron numerosos bancos y, con ellos, directores casi adolescentes, sin formación ni experiencia; aunque ¿quién tenía experiencia en semejante escenario? Del mismo modo, el último alumno de la clase que seguía los consejos bursátiles de sus amigos lograba ganancias inauditas. La educación ortodoxa se mostró insuficiente para afrontar la nueva situación.
Era frecuente que los hijos mantuvieran a sus padres y celebraran fiestas con champán y corbatas a lo Oscar Wilde. El gasto era inmediato, porque de forma inmediata se devaluaba el dinero. Proliferaron los bares y los clubes nocturnos.
El amor también sufría inflación. Todos se dedicaban a él con prisas y muchas ganas. Se produjo un estallido de ligereza despreocupada. Se prescindió del romanticismo y se recibió al cinismo con los brazos abiertos. La mendicidad se disparó y los robos aumentaron vertiginosamente (Haffner, 2012: 62-63)9.
El largo final de las reparaciones
Plan de pagos de Londres. Rebajó la deuda a 132.000 millones de marcos oro (mayo de 1921).
Planes Dawes y Young. Escalonaron y redujeron los pagos con apoyo de créditos estadounidenses (1924 y 1929).
Acuerdo de Londres. Reguló la deuda exterior alemana y aplazó parte de los pagos hasta la reunificación (1953).
Último pago. Alemania abonó la última cuota, unos 70 millones de euros, el 3 de octubre de 201010.
91 años de pagos · De Versalles a la Alemania reunificada
IV. Consecuencias: la dignidad de la persona
Pero lo importante para la dignidad de la persona fue lo que ocurrió en aquel periodo de entreguerras: quedaron a la vista los sufrimientos de más y más personas para quienes, de repente, dejaron de regir las normas del mundo que las rodeaba. Se asumieron el cinismo y la hipocresía como reglas sociales. Y todo ello originó una desintegración de la vida política junto a un odio penetrante hacia todos y hacia todo (Arendt, 2011: 386-387)11.
De ahí a que el hombre sea sometido a intereses ajenos a su fin como persona solo hay una tenue divisoria. De ahí a que el hombre se vuelva contra sí mismo, como implosión de su zozobra, solo hay un instante insensato; una fugacidad que todo lo cambia.
Hoy, con una sociedad que erige el desprecio en su jerarquía, ¿quién puede esperar algo de alguien… tan impropiamente humano? La conversión del hombre, y el hombre ya convertido, pueden esperanzar o no. Pero solo quienes han sufrido lo extremo pueden saber lo que ningún otro ser ha sentido nunca y percibir entonces el hálito de la sabiduría, que transforma la vida y los valores.
Hoy, ante esta situación de desencanto, cabe recordar a Omar Jayyam en su cuarteta CXLVII12:
«(…) Cuando te exaspere el resplandor del día, y cuando anheles que una noche eterna se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño […]».
Fundamentos de recuperación empresarial
Autor: Juan Lorenzo de Membiela.
Notas
- Kennan, G. F. (1979): The Decline of Bismarck’s European Order. Franco-Russian Relations, 1875-1890, Princeton: Princeton University Press. La expresión se refiere a la Primera Guerra Mundial. ↩
- Coffin, J. G. y Stacey, R. C. (2012): Western Civilizations, Nueva York: W. W. Norton, p. 1071. ↩
- Cifra fijada por los aliados en la Conferencia de París de enero de 1921; en mayo de ese año, el Plan de pagos de Londres la redujo a 132.000 millones de marcos oro. ↩
- Keynes, J. M. (1919): The Economic Consequences of the Peace, Londres: Macmillan. Ed. española: Las consecuencias económicas de la paz, Barcelona: Crítica. ↩
- Haffner, S. (2012): Historia de un alemán. Memorias 1914-1933, Barcelona: Destino, pp. 58-59. ↩
- Tugores Ques, J. (2010): Economía internacional. Globalización e integración regional, Madrid: McGraw-Hill, p. 216. ↩
- Tucker (2001), p. 296. ↩
- Arenz (2011). ↩
- Haffner (2012), pp. 62-63. ↩
- Cinco Días, 2 de octubre de 2010. ↩
- Arendt, H. (2011): Los orígenes del totalitarismo, pp. 386-387. ↩
- Jayyam, O.: Rubaiyat, cuarteta CXLVII. ↩
Para seguir leyendo
- Feldman, G. D. (1993): The Great Disorder. Politics, Economics, and Society in the German Inflation, 1914-1924, Nueva York: Oxford University Press.
- Fergusson, A. (2012): Cuando muere el dinero. El derrumbe de la República de Weimar, Madrid: Alianza.
- Haffner, S. (2012): Historia de un alemán. Memorias 1914-1933, Barcelona: Destino.
- MacMillan, M. (2005): París, 1919. Seis meses que cambiaron el mundo, Barcelona: Tusquets.
- Keynes, J. M. (1919): Las consecuencias económicas de la paz, Barcelona: Crítica (ed. española).
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