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martes, 15 de octubre de 2013

El hombre gallináceo y la paradoja del «cisne negro» ( 3 min.)


 El hombre gallináceo y la paradoja del «cisne negro» ( 3 min.)


Juan B. Lorenzo de Membiela

La tecnología nos ofrece nuevos  dispositivos que hacen más cómoda  nuestra vida. Y, sin embargo, desconocemos cómo funcionan. Yo ignoro cómo un Ipad  procesa  la información que ofrece o un televisor con la tecnología  4k o Láser  puede reproducir la calidad de imagen que anuncian. Solamente me preocupo de utilizarlos. Doy por supuesto una parte esencial del dispositivo que, en realidad, no comprendo. 

Y lo uso, suponiendo su inocuidad, su falta de peligro y admitiendo mi  incapacidad técnica sobre ellos. Este ejemplo cabe  aplicarse  a cualquier otro  de los muchos campos de la ciencia.  

Y reflexionando sobre ello quedo sorprendido de la muchísima información que damos por supuesta sin ser verificada, ni comprendida.

Creemos sin saber, sin conocer, sin comprender.

Es lo más parecido a un acto de fe pero con la singularidad de que son invenciones  del hombre y su tecnología y, por ello, derivados de su  lógica. Pero esto último lo deduzco, no lo he probado, puesto que no comprendo la tecnología que lo hace posible. Creo lo que otros me dicen.

Nadie repara ya  en este hecho íntimo  del aparato y solamente nos fijamos en el resultado final del producto y  las sensaciones que produce. Hay un riesgo de todo ello: nos hacemos más vulnerables a los engaños y eso significa que somos más proclives al  error. 

Por ejemplo, un profano en la materia no sabrá la diferencia de contar con un vehículo equipado  con ABS o sin él. Tampoco sabrá diferenciar si el vehículo cuenta con  el sistema de frenado BAS o el sistema de tracción TCS o el sistema de control de estabilidad ESP.

¿Alguien habló de racionalidad y materialismo  del hombre de hoy?

En 1912, Bertrand Rusell,  en su obra «Los problemas de la filosofía»  da repuesta a tres preguntas[1]: a) un pollo que espera ser alimentado cada día supone que le continuarán alimentando todos los días. b) El pollo está convencido de que los humanos son  afectuosos y c) Nada le hace suponer que un día le retorcerán el cuello y lo sacrificarán.

Este hecho produjo en Bertrand Rusell la necesidad de  cuestionarse todas las cosas que damos por sabidas.

La actitud de la gallinácea es aplicable a nosotros, en parte porque somos cómodos, en parte porque no nos planteamos otras posibilidades que las ya conocidas y en parte  porque  vivimos con el convencimiento de que toda causa produce un efecto.

El escritor libanes Nassim Nicholas Taleb, autor de la obra «El cisne negro », coincide con Russell, en la idea  de la incapacidad de predecir el futuro a partir del pasado. Llama «cisne negro » al hecho  no esperado, sorpresivo, al que rompe el efecto de la causa. Se creía que todos los cisnes eran blancos hasta que alguien descubrió otra variedad de color negro.



En realidad, la idea no es nueva. La quiebra del principio newtoniano causa-efecto fue detectada  por los descubrimientos  de la física y de la  biología  que fundamentan el comportamiento de inestabilidad limitada o  «caos determinista »(Stacey, 1994)[2] . Y con ella, que  toda causa no produce un efecto o lo produce con exceso.

Edgard Lorenz  en los años 60 descubrió  la teoría del caos en investigaciones  meteorológicas. Hoy,  Herman Haken, estudia  los efectos que   minúsculas irregularidades causan en un sistema abocándolo posteriormente a la incertidumbre. 

Ese rechazo inconsciente a lo inesperado está conectado también  al rechazo de la innovación  que rompe estatus establecidos. No es extraño entonces, que todo lo que suponga innovación sea examinado minuciosamente. 

Como dijo Sloterdijk, la originalidad no autorizada conduce a una anotación en la hoja de servicios (2007)[3]. Como mucho. A veces ni eso. La fuerza  que  irradia todo lo que es creativo queda reducido a una anécdota. Y hay  muchas anécdotas que encierran mucha sabiduría y que se pierden en el vacío  de la  ignorancia. Por no querer plantearse la paradoja del «cisne negro » .Por no prever circunstancias nos atropellan rompiendo el confort de la rutina.




[1] Russel, B., (1991): « Los problemas de la filosofía », Madrid: Labor.

[2] Stacey, R., (1994): «Chaos, Management and Economics: The Implications of Nonlinear Thinking »,  Institute of Economic Affairs, London: Hobart Papers.

[3] Sloterdijk, P., (2007): «En el mundo interior del capital: para una teoría filosófica de la globalización », Madrid: Siruela.


3 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo. A un mundo sistémico, lleno de fenómenos de caos por las multiples interacciones, le damos una vision reduccionista, pensando, al no querer reflexionar, que lo que simplificamos para "verlo" mejor", se comporta así, cuando en realidad lo que hemos hecho es reducir la realidad a una fraccion "tangible" por nuestro cerebro, pero nos cuesta demasiado observarla como interacciona con sus elementos cervcanos o distantes. Leo Segarra

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  2. Finalmente no podremos seguir diciendo que la excepción (o la anécdota) confirma la regla, sino más bien al contrario, la cuestiona. Me parece muy interesante recuperar la teoría del cisne negro de Taleb que nos abre los ojos a la incertidumbre, lo imprevisto y a la experiencia de esperarlo todo. TAM

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