Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
Valor de miedo
El miedo nos hizo sociales y levantó el Estado; hoy, convertido en desconfianza, alimenta un individualismo insolidario que solo el valor puede vencer.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 7 min de lectura
Sinopsis
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| Lo inesperado | Todo lo importante llega sin aviso porque vivimos como si nada imprevisto fuera a suceder. |
| Límites del conocimiento | Gödel y Heisenberg demostraron que nuestro saber tiene fronteras insalvables. |
| El miedo, emoción básica | Compartido con los animales, activa mecanismos de alarma ante el peligro y su mera posibilidad. |
| Una lucha antigua y vigente | Burckhardt: la historia es una lucha angustiosa por la existencia que obliga a adaptarse. |
| El Estado como refugio | Para Hobbes, el Estado protege al hombre frente a otros hombres. |
| Sin inhibición | A diferencia de otras especies, el ser humano carece de frenos eficaces para no matar a sus semejantes. |
| Miedo líquido | Bauman: la inseguridad moderna es el miedo a la maldad humana. |
| Desconfianza institucional | La sospecha alcanza incluso a las instituciones que deben dar seguridad. |
| El triunfo del individuo | La desaparición de los vínculos comunitarios multiplicó lo imprevisible y las cautelas. |
| Crisis del bien común | Interés general y justicia social pierden sentido ante el individualismo. |
| Estado de bienestar y crisis | La seguridad prometida nos dejó desarmados ante la crisis del siglo XXI. |
| El valor como remedio | Séneca y Vila y Camps: el valor es resistir los males sin volverles la cara. |
I. Lo inesperado y la incertidumbre
Todo lo importante que sucede en la vida es inesperado, porque actuamos como si nada inesperado debiera suceder nunca (Morin, 2008: 117)1. La incertidumbre es algo nuestro, propiamente humano, desde siempre. Hemos evolucionado bajo un caos impuesto por la impredecibilidad de la naturaleza y por un tiempo que nos es imposible explorar, sea por el teorema de Gödel, que demuestra matemáticamente que nuestro conocimiento está limitado por principio, sea por el principio de indeterminación de Heisenberg, que prueba la existencia de límites absolutos a la precisión de la medida2.
II. El miedo, emoción básica
Ante ello, desarrollamos estrategias para sobrevivir; entre otras, las emociones y, dentro de ellas, las llamadas «básicas»: el miedo y el temor. Las compartimos con otros animales y su constitución está genéticamente estructurada: despliegan mecanismos de alarma o de protección ante un peligro inminente y ante su simple posibilidad (Vass, 2002: 56)3.
Es Jakob Burckhardt, en su lección «Sobre la suerte y la desgracia en la historia universal», quien declara «que la historia natural presenta (…) una lucha angustiosa por la existencia; (…) desde el origen de los pueblos y de la historia humana»4. Pero no solo es algo antiguo: sigue vigente, porque obliga a adaptarse al ritmo de las cosas y a situarse en el escenario social de cada tiempo (Capdequí, 2012: 217)5. Es decir, impide que el hombre deje de responder a nuevos desafíos que pueden comprometer su supervivencia.
III. El Estado como refugio: de Hobbes a Lorenz
Al miedo y a la cobardía se debe que el hombre mantenga esa añagaza de crear sociedades y, dentro de ellas, instituciones como el Estado para protegerse de todo lo que desconoce, porque lo que no se conoce suele ser perjudicial. Para Hobbes, en su Leviatán, el Estado procura defensa, concretamente, frente a otros hombres6. De ello se deduce que el miedo al hombre desconocido es semejante al temor a lo desconocido natural. Y surge una pregunta: ¿quién puede suponer que lo ignorado es siempre perjudicial, sino quien haya vivido en un medio que le ha sido siempre hostil?
El pavor es tal que los inhibidores de conducta que impiden matar a un congénere no operan en la persona como sí lo hacen en otras especies animales. Konrad Lorenz recoge en su libro Consideraciones sobre las conductas animal y humana, por ejemplo, cómo un perro macho está incapacitado para morder a una hembra o a un cachorro de su especie. O cómo, en el combate, cuando el perro más débil exhibe «posturas de sumisión», el más fuerte queda impedido para morder el cuello del vencido, consecuencia de un conflicto entre la ira y el mecanismo inhibidor (Lorenz, 1974: 180-181)7.
No ocurre así en nuestra especie, como documenta a diario la prensa.
IV. Individualismo y desconfianza
Para Zygmunt Bauman, la variante moderna de la inseguridad se caracteriza por el miedo a la maldad y a los malhechores humanos (Bauman, 2007: 84)8.
Impera la suspicacia hacia los demás y sus intenciones; incluso se cuestiona la integridad de las instituciones que deben conferir seguridad. Ello genera desconfianza.
Que la individualidad se haya impuesto en detrimento de lo comunitario se explica por varias causas. Robert Castel las encuentra en la supresión de las corporaciones y comunidades estrechamente unidas que en el pasado definían las reglas de convivencia9. Al ser sustituidas por lo individual, lo imprevisible se hizo presente y, con ello, toda clase de cautelas.
Pero también se explica por el conocimiento y el acceso a una información que permite ver realidades poco distorsionadas. Recursos, todos ellos, que han prosperado gracias al Estado liberal, protector de la persona.
Para otros autores, obedece a una concurrencia de elementos: racionalización, división del trabajo, especialización laboral, implantación del Estado de bienestar e incremento de la formación (Halman y De Moor, 1994: 29)10.
La importancia de lo individual en detrimento de lo colectivo hace que los conceptos de «interés general», «justicia social» o «bien común» entren en crisis. Para Hayek constituyen abstracciones vacías de sentido, porque «¿hay algo más abstracto que los individuos a los que aluden, desprovistos de toda dimensión histórica como de filiación social?» (Todorov, 2012: 104)11. Y es verdad que detrás de ese concepto dirigido al común desconocido no hay otro sujeto que los intereses de unos pocos para imponer sus criterios a muchos.
Ha contribuido también el contenido del Estado de bienestar: al querer proporcionar seguridades a todos y descargar de responsabilidades y riesgos a los ciudadanos, los ha abocado a la actitud distendida con la que hemos afrontado esta crisis económica mundial del siglo XXI. El resultado ha sido un resurgimiento de miedos que olvidamos a cambio de consumismo. Lo posmoderno, que involucra a la democracia como uno de sus elementos (Inglehart, 1994: 66)12, entra en crisis…
V. El valor frente al miedo
El individualismo y su insolidaridad —por la desconfianza— no pueden ofrecer alternativas si no es mediante su conversión a otro paradigma ético. Quizá sea el producto necesario de una evolución que dé paso a lo más apto, se despoje de lo fracasado y abrace lo auténtico del hombre, que es su dignidad (véanse Strathern, 2004: 39, y Megías, 2006: 165)13. Y es lo único que puede ofrecer una convivencia sostenible, alejada de lo que Kierkegaard llamó «la importancia del pecado en el mundo» (Kierkegaard, 2012: 113)14.
Hoy se necesita valor, aquel que definió Séneca: «No consiste el valor en temer a la vida, sino en hacer frente a los males por grandes que sean y no volverles la cara y retroceder»15.
Lo reitera Vila y Camps en 1776, para quien «el verdadero valor se conoce en los peligros que nos amenazan fuera de las batallas; pues aunque la muerte sea de los objetos más espantosos, sin embargo, el dolor, el desprecio, la pobreza y otros mil accidentes que no dejan de tener una apariencia de terror y espanto, son muy capaces de sorprender la mayor parte de los hombres cuando estos ven que esos males los envisten y acometen. El valor, pues, consiste en saber resistir a todos esos peligros»16.
Ante una indolencia inducida por el relativismo, surge como remedio un valor de naturaleza casi épica para afrontar lo que los tiempos nos preparan.
Por de pronto, ese temor se traduce en insolidaridad hacia el que sufre. Posiblemente porque, cuando naufragan otros, nos creemos más seguros… Por extraños sortilegios para rehuir vacíos silentes. Insolidaridad, miedo, subsistencia… Todo es válido para no caer, aunque estemos cayendo.
Notas
- Morin (2008), p. 117. ↩
- Kurt Gödel formuló sus teoremas de incompletitud en 1931; Werner Heisenberg, el principio de indeterminación en 1927. ↩
- Vass (2002), p. 56. ↩
- Burckhardt, J.: «Sobre la suerte y la desgracia en la historia universal», en Reflexiones sobre la historia universal, México: Fondo de Cultura Económica. ↩
- Capdequí (2012), p. 217. ↩
- Hobbes, T. (1651): Leviatán, o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. ↩
- Lorenz, K. (1974): Consideraciones sobre las conductas animal y humana, Madrid: Siglo XXI, pp. 180-181. ↩
- Bauman, Z. (2007): Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores, Barcelona: Paidós, p. 84. ↩
- Castel, R. (2004): La inseguridad social. ¿Qué es estar protegido?, Buenos Aires: Manantial. ↩
- Halman, L. y De Moor, R. (1994), p. 29. ↩
- Todorov, T. (2012): Los enemigos íntimos de la democracia, Barcelona: Galaxia Gutenberg, p. 104. ↩
- Inglehart (1994), p. 66. ↩
- Strathern (2004), p. 39; Megías (2006), p. 165. ↩
- Kierkegaard (2012), p. 113. ↩
- Séneca: Fenicias, vv. 190-192. ↩
- Vila y Camps, A. de la (1776): El noble bien educado, Madrid. ↩
Para seguir leyendo
- Bauman, Z. (2007): Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores, Barcelona: Paidós.
- Castel, R. (2004): La inseguridad social. ¿Qué es estar protegido?, Buenos Aires: Manantial.
- Delumeau, J. (2002): El miedo en Occidente (siglos XIV-XVIII). Una ciudad sitiada, Madrid: Taurus.
- Morin, E. (1999): Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, París: UNESCO.
- Todorov, T. (2012): Los enemigos íntimos de la democracia, Barcelona: Galaxia Gutenberg.
Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).
Cómo citar esta entrada
Lorenzo de Membiela, Juan B.: «Valor de miedo», Sucesos Contemporáneos. Disponible en: https://membielaguitian.blogspot.com/2014/09/valor-de-miedo-2-min.html
Sobre el autor
Juan B. Lorenzo de Membiela
Doctor en Derecho · Universidad de Valencia
Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con fuentes académicas y autorizadas.
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