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martes, 24 de junio de 2014

Pirineos , Cataluña y Napoleón ( 2min.)

Pirineos , Cataluña y Napoleón ( 2min.)

por

Juan B. Lorenzo de Membiela


En tiempos anteriores a 1300 los valles limítrofes  en  los Pirineos convinieron acuerdos para el aprovechamiento de los pastos, resolviendo los conflictos que surgían y alcanzando cierto grado de concordia para subsistir con lo que daba el valle. Eran las  llamadas« Facerias» en Aragón, «Patzeries» en Cataluña o «Lies et Passeries »  en Francia, que constituían verdaderos tratados internacionales.

Los Pirineos, como dijo Giménez Soler y  Jean Sermet[1] , no habían separado los pueblos de ambas vertientes, sino que  desautorizando   el aforismo de que « los ríos unen y las montañas separan», las relaciones de vecindad habían producido beneficios para todos y afinidades para muchos superando las fronteras de los hombres. 

Es más, lo accidentado del terreno, lo inaccesible, lo desafiante  de una naturaleza caprichosa, originó que «durante más de dos siglos  los Pirineos se constituyeran como cantones suizos interpuestos entre España y Francia y aprovechando exclusivamente a los valles contratantes»[2].

Podría decirse que el tiempo se detuvo ante montañas tan escalpadas conservando modos de vida y cultura ancestrales  sin  los matices  de una   modernidad extraña para quienes el tiempo era medido por orografías inmutables.

Modernidades  construidas  sobre  uniformidades cartesianas  que rompían costumbres y pactos firmados con palabras que eran leyes. Y en efecto, algo de eso puede que ocurra, cuando la frontera entre España y Francia se ha mantenido inalterada desde, al menos, el Tratado de los Pirineos de 1649, a diferencia de otras,  en cualquier otra parte del mundo.

Instituciones jurídicas con tanta raigambre como el régimen de heredero único, la trashumancia, los pactos de uso compartido de los pastizales entre vecinos, se mantuvieron,  ignorando incluso los fueros  de sus reyes. Primaba lo local, primaba el valle, permanecían los  acuerdos de antiguos señores y antiguos  justicias… centurias a.

En el Pirineo francés todo ello podía ser y por capilaridad al pirineo español. Por razón de  que el centralismo franco operaba más de forma que de fondo. Destaca Nassim Taleb (2013) , que en la Francia de 1863  solamente hablaba francés  una de cada cinco  personas[3]. No se pudo centralizar totalmente el país a pesar de los deseos de Luis XIV, de Napoleón y del programa de educación nacional de Julés Ferry. Francia era Paris y el desierto y poco más.

El poderoso sistema local o comunal  administraba sus  territorios con la única presencia del prefecto  (subdelegado o gobernador  en España) como titular del departamento (equivalente a nuestra provincia).

La uniformidad centralizadora se consigue tras  un largo proceso que comienza con el general De Gaulle y concluye con el presidente D´Estaing en los década de los 70 del siglo XX. Son ellos quienes  concluyen el sueño napoleónico de la integración francesa.

Esta disparidad, esta refracción imperfecta, que contrasta con la uniformidad de lo centralizado se constata  en que  el Nobel de literatura del año 1904 fue otorgado al francés  Fréderic Mistral quien escribía en occitano o lengua de «Oc ». Dialecto  romance milenario propio  del sur francés. Antecedente del catalán y al uso, con variaciones en cada valle,  en gran parte del Pirineo, incluida la Baja Navarra o navarra francesa[4].

Un ejemplo claro de esta política la vemos en la Guerra de la Independencia en Cataluña. Cuando Napoleón la  anexiona a Francia  mediante decreto de 8 de febrero de 1810 [5]y  hasta 1814, toda la estructura burocrática gubernativa en  la ciudad fue entregada a funcionarios franceses. Y deja los municipiosa manos de los propios vecinos. No tuvo aceptación esa medida en la sociedad catalana, principalmente entre la burguesía industrial y comercial que sospechaban un perjuicio cierto para sus interés económicos.

Es en el marco de aquellas  relaciones de vecindad, y en el  pirineo catalán de los siglos XVIII y XIX, cuando  se recrudecen las disputas por los pastos entre ganaderos de España y Francia. Es allí en donde surge una identidad nacional española opuesta a la  francesa y a propósito de la invasión napoleónica. Era el único recurso viable  para  resolver unos  problemas sin  arreglos fáciles. Surge el término  «gavatxo » o «gabacho », palabra ofensiva para el francés; y por éste, el empleo del término «español », declamado con agravio o desprecio (Shubert, 1990:299)[6].

A salvo incidentes aislados pero inevitables  en proporción  a toda la extensión pirenaica, se mantienen costumbres del s.  XIV, como por ejemplo,  «El tributo de las tres  vacas » que se celebra entre los vecinos de los valles de Baretous (del Bearn francés) y los del valle del Roncal (Navarra), que data de al menos 1375[7]. Es considerado el tratado más  antiguo de Europa.

Hay otros muchos ejemplos que hoy pueden contemplarse en programas de carácter cultural en muchos municipios españoles y comunas francesas.






[1] Sermet, J. (1985): «Los problemas de la frontera hispano francesa en los Pirineos», Universidad del País Vasco- Argitarapen Euskal Herriko Unibertsitatea Zerbitzua.

[2] Guilera, J.M.(1963): « Los pactos de facerías en los Pirineos y algunos conflictos con la mesta aragonesa», Instituto Fernando el Católico, Zaragoza.

[3] Taleb, N.N. (2013): «Antifrágil », Barcelona: Paidós.
[4]http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k6371855w/f471.image.r=membiela.langES

[5] Segregada de la corona española junto a Navarra, Vizcaya  y Aragón.

[6] Shubert, A., (1990): « Historia social de España(1800-1990), Madrid.

[7] Garibay, Esteban de, (1628): «Compendio Historial de las crónicas y universal historia de todos los reinos de España, donde se escriben las vidas de los reyes de Navarra », t.III, Barcelona : Sebastian Comellas.


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