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martes, 8 de septiembre de 2015

El arcano del crecimiento económico ( 2 min.)

El arcano del crecimiento económico ( 2 min.)
Por
Juan B Lorenzo de Membiela


El fenómeno de la empresa no es únicamente la concurrencia de guarismos indicativos de ganancias y pérdidas, de productividades o ineficiencias. Las organizaciones hoy poseen un impacto en la sociedad que va más allá de una simple relación crematística. Hay implicaciones relevantes porque la empresa mediatiza al hombre en su dinámica productiva y ello compromete al hombre social y al hombre familiar.

La exigencia de eficiencia se cierne sobre las empresas para alcanzar mayor competitividad. Padecemos los efectos de una globalización que ha desplazado a la Europa de las metrópolis, convirtiéndonos en un continente presionado por los bajos costes de producción que otras potencias extranjeras obtienen en Asia y África.

El reto es importante: Mantener un estado de derechos ciudadanos sin un soporte económico sólido y previsible a un medio plazo. Soporte interno y de la Unión Europea. Equilibrar una situación que no se domina por ser ajenos los inputs a nuestra voluntad. Supone, prácticamente, intentar resolver el viejo arcano de la cuadratura del círculo. 

Quizás sea posible por la concurrencia de la tecnología, la calidad de las estrategias empresariales y por un ambiente social que invita al emprendimiento. Una invitación que siempre debe ser aceptada con decisión pero con cautelas. 

Todo negocio lleva un componente aleatorio que puede resultar positivo o negativo, comprometiendo patrimonio propio y ajeno.

Sin olvidar la calidad en el trabajo de los directivos que sepan romper rutinas para que fluya la buena innovación y ello incremente la productividad para crecer económicamente. Que no es fácil, tampoco comprendido.

Se necesita de un nuevo enfoque de la formación que apartándose del aislamiento teórico se nutra de la práctica directiva, de la experiencia y del talento del líder con carisma, de quien nace para ser empresario. No en vano, la declaración previa hecha por el FMI y expuesta en Madrid en junio de 2015 enfatiza el papel del empresario: «Las empresas españolas tienden a ser más pequeñas, menos productivas y menos orientadas a la exportación que las de sus pares europeos […] »[1].

Las referencias históricas lejanas o no, como la crisis de 1929, o la recuperación de la Europa de la postguerra, demuestran que el lance es factible porque este viejo continente ha superado decisivos retos. 

Encrucijadas que han permitido mantener viva la sociedad occidental y dar paso a altas cotas de confort, si bien con distinta intensidad dependiendo del país. Modo de vida, de cualquier manera, que se ha exportado a otros continentes como paradigma de civilización moderna. Con sus ventajas y su amarga  decadencia.

Spengler habló de la lealtad para épocas complejas: «La lealtad es lo que más precisa el mundo en esta época de las grandes catástrofes. Solamente lo que ofrece resistencia puede servir de apoyo […]»[2]

Sin embargo, para que exista lealtad debe haber coherencia y esta no puede existir cuando todo se supedita al poder que por su naturaleza exige vilezas difíciles de explicar aunque estén refugiadas bajo terciopelos o tras bellos tapices. La disciplina prusiana, aquella anhelada por Napoleón, acabó con Federico «El Grande» y creo que desapareció…





[1] Diario «El País », de 8 de junio de 2015.

[2] Spengler, O., (2011), «Los años decisivos», Madrid: Altera, p 194.

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