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viernes, 8 de abril de 2016

La libertad del miedo ( estudio)


La libertad del miedo


por

Juan B. Lorenzo de Membiela

El miedo es identificado  por sociólogos como instrumento del que se valen las organizaciones para  alcanzar sus objetivos. Para Elías, la violencia y el miedo son caras activa y pasiva de la coacción[1].   

Tambien el  miedo exterioriza  el  poder  de la  élite. No importa el sistema politico , tampoco la ideología en su amplitud.  La democracia produce miedo porque genera dolor. Cabe que sea un miedo más socializado , más amable porque es menos rudo, pero no deja de ser un miedo que coacta.

Frecuente que  sea indicativo  del  grado de dominación sobre una  comunidad. Rasgos de un  sistema en donde la persona se reduce a un input  productivo prescindiendo de su dimensión humana. Se cosifica, y con ello, se liquida su libertad que es tanto como sustraerle la dignidad en provecho de un  automatismo de carácter impersonal e inhumano,  producto  de los sistemas,  de las burocracias. De los aparatos y de la artificialidad – de los mensajes-  en palabras de Havel[2].  

 Reducción del  «concepto persona » equiparándolo a cosa.

Los intervencionistas,  como alude Hayek, atacaron la idea « metafísica »  de los derechos individuales, postulando para  un mundo racionalista, la inexistencia de derechos personales[3] y por ello privando  al hombre de su individualidad, componente de su dignidad. 

Pero esto  representa  un contraste  inquietante: sin dignidad    « parece que un  hombre que sólo es un hombre pierde precisamente las cualidades que permiten a los demás tratarlo como a su semejante »[4].

De ahí a apropiarse  de lo que es verdad o no, lo que De Koninck denomina « el poder de la verdad »[5], es derrapar hacia postulados  totalitarios.  Excluyentes de la libertad, sea intelectual, sea jurídica, sea social o política  Se legitima la fuerza bruta, física o mental.

Sin límite.

Asfixiando cualquier soplo de dignidad preludio de oposición al sistema…aunque sea sólo una expectativa, una probabilidad, un destello impreciso en un horizonte oscuro.

Es lo que se ha  llamado « el furor de la devastación »: el «  misterio de la iniquidad »   justificando  el mal como bien  o   la desvalorización  del hombre como persona.

 Ya Sciacca expone la  encrucijada que el individualismo genera en una sociedad en donde lo colectivo mediatiza todo lo demás[6]. Y entonces,  ¿dónde está la persona? ¿ y sus derechos? 

Porque lo  « humano » tendrá un distinto contenido dependiendo del concepto que se le dé[7]. Es el pecado de la polisemia legislativa  sobre conceptos que, en su origen,  sólo tenían uno y definitivo.  

La  problemática fue expuesta por  Hayek respecto a  los    «  esquemas  morales», que  dependen  de la diferente estima que el ser humano asigna a sus semejantes en función de su personal comportamiento[8].

La indefinición que se busca y  que se intenta implantar   no es otra cosa que un relativismo de corte nihilista: desvalorización de todos los valores que conduce a una tiranía amoral.

 Si todo carece de sentido se compromete la razón de una sociedad y la dignidad del hombre que la integra.

Se merman las bases de Occidente. Se causa su declive y  vulnerabilidad letal frente a otras culturas  vigorizadas por una  emotividad ebria de derechos pero sin deberes.

Dos resultados puedo diferenciar:

Uno, la degradación de la sociedad  que potencia un  individualismo  vulnerable a los miedos.

 Dos,   regreso  a la primigenia atávica del instinto y con ello, a la implantación de un modelo social construido sobre la fuerza, la lesión, la humillación, la  herida  y la muerte.

En ese momento  el hombre dejará de ser persona o tal vez nos encontremos con el llamado por Rincón Serrano « hombre complejo»: al  hombre que se le  permite una cierta  esquizofrenia  para aceptar cambios de comportamiento y de valores a medida que cambian esas  organizaciones[9] 

Ello no significa otra cosa que el sometimiento del hombre a la organización  y sus valores, rechazando  los propios y convirtiéndose, por ello, en un ente dual, productivo, consumista y mecánico. Un robot biologico con vida pero sin alma.

Como destacó Joan Alfred Martínez en 1998 en su  recensión a un  estudio de  Romanet y Aguirre[10],  el miedo al futuro y al desamparo   dibuja un panorama construido sobre las siguientes  características:

a)  Regresión intelectual por  el ascenso del irracionalismo.

b) Vulgarización y uniformización de los contenidos culturales en pro de los intereses comerciales.

c) Relativismo cultural que, bajo la coartada de defender la multiplicidad de culturas, atomiza los valores y socava  la idea de unos derechos humanos universalmente válidos, amenazando incluso a aquéllos ya reconocidos e instituidos.

d) Búsqueda de identidad por el desarraigo general que motiva una crisis conceptual e intelectual.

e) Progreso material sin progreso moral.



 En definitiva: Futuro social sin ética humanista,sin  justicia ,sin belleza, sin bondad y sin  verdad.


Todas estas facetas son identificables hoy.


En este  contexto sólo el resurgimiento de la responsabilidad humana, destaca Havel, puede resistirse al automatismo irracional de la devastación, impersonal y amoral.

Responsabilidad que no depende de declamaciones institucionales sino del desafío silente de lo  cotidiano. 

Lo insignificante cobra un protagonismo rotundo, imprescindible. Ahora se comprende el valor de los cientos  de hechos  insignificantes que se abandonaron  por  su escaso valor o por un  desprecio producto de la arrogancia. Y ahora se entiende cómo lo mínimo supedita a lo máximo.






[1] Béjar Merino, H., La sociología de Norbert Elías: Las cadenas del miedo, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 56,5, p. 76.

[2] Havel, Václav, La politique et la consciencie, en « Essais politiques »,  Calmann-Lévy, Paris, 1989, p. 246.

[3] Hayek, F.,  Camino de servidumbre, 4 ª reimpresión, Alianza editorial, Madrid, 2006, p. 120.

[4] Arendt, H., The Origins of Totalitarianism, Harcourt Brace Jovanovitch, 1973, Nueva York, 1973, pp. 299-300.

[5] De Koninck, T., De la dignidad humana, Instituto de Derechos humanos Bartolomé de las Casas-Universidad Carlos III-Dykinson, Madrid, 2006, pp. 33-4 nota 17.

[6]Sciacca, E., Interpretación de la democracia, EDERSA-UCM, Madrid, 1994, pp. 159-60.

[7]MagíasQuiros, J.J., Manual de Derechos Humanos, Thomson-Aranzadi, Pamplona, 2006, p. 25-5 con remisión a PérezLuño, A., Derechos humanos, Estado de Derecho y Constitución, Tecnos, Madrid, 1999, p. 136.

[8] Hayek, F.A., Democracia, Justicia y Socialismo, 3ª edic., Unión Editorial, Madrid, 2005, p. 24.

[9] Rincón Serrano, A., El individuo y las organizaciones, Ecobook, Madrid, 2006, p. 261.

[10] Martínez, J.A., recensión  sobre «Aguirre, M., y Ramonet, I.: Rebeldes, dioses y excluidos. Para comprender el fin del milenio, Icaria, col . Más Madera, Barcelona, 1998 » .Anuario de Filosofía del Derecho, 2000, t. XVII, pp. 555-58.

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