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jueves, 26 de marzo de 2026

Causa contra los magistrados de la Audiencia Territorial de Albacete de 1835

 Causa contra los magistrados de la Audiencia Territorial de Albacete de 1835

( 4 min.)


©Juan Lorenzo de Membiela

Doctor en Derecho por la Universidad de Valencia. 

La  división en provincias de España se acordó  mediante el  Real  Decreto  de 30 de noviembre de  1833  ,firmado por  la Reina Gobernadora  Dª María Cristina de Borbón, en nombre de su hija  Isabel II durante su minoría de edad.  La acomodación territorial de los tribunales y su jurisdicción  a las provincias se practicó el 26 de enero de 1834,  por  Real Decreto expedido por la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, por el que se uniforman los Tribunales Superiores, mandando observar la nueva distribución del territorio de los mismos con la creación de las Audiencias de Burgos y Albacete.

La Real Audiencia de Albacete  se constituyó con  dos de las Salas de la antigua Chancillería de Granada, una de lo Civil y otra de lo Criminal.  Estaba integrada  por un regente (presidente), nueve ministros (magistrados)  con dos fiscales y los subalternos correspondientes. Formaban una Sala Ordinaria para lo Civil con cuatro ministros y otra para lo Criminal con cinco ministros.

Su jurisdicción se extendía a las  provincias de Ciudad Real, Cuenca y Murcia con una superficie de 2,452 leguas (De la Escosura, 1853).

En 1835 la formaban:

D. Juan Antonio Almagro, regente.


D. Pablo P. de Membiela, magistrado (auditor de guerra de la Armada) .


D. Antonio Rentero y Villa, magistrado.


D. José García Suelto, magistrado.


D. Miguel Gómez, magistrado.


D. Ginés María Serrano, magistrado.


D. Francisco Aynat, magistrado.


D. Diego Ossa y Ochoa, magistrado.


D. Benito Romero, magistrado.


D. Pedro Ayuso, magistrado electo.


D. Francisco Ramón de Moncada, fiscal.


D. Rafael Almonacid, fiscal.
Audiencia Territorial de Albacete

De estos, D. Pablo de Membiela, D. Miguel Gómez y D. Francisco Aynat, eran alcaldes de la Sala del Crimen. Les tocó enjuiciar una causa que el corregidor (alcalde) de Cuenca entabló contra fr. Liborio Sánchez por expresiones alarmantes proferidas en un sermón. El sobreseimiento del asunto les costó un expediente o causa formada por Real Orden de fecha 7 de enero de 1836.

Antes de detallar los pormenores del suceso, debemos describir  el marco histórico en  el que se desarrolla. Sin profundizar en él, debe citarse que el 17 de julio de 1834 se cometió la matanza de ochenta frailes en Madrid ante la inactividad de las autoridades y bajo el grito «Muera Cristo, viva luzbel, muera Carlos, viva Isabel» (Dendle, 1968), típicos de algaradas y barricadas urbanas de aquella época. Asesinatos seguidos en Barcelona y Reus y  quema de conventos en  1835. A ello se unía un alzamiento militar de carácter liberal y la adopción de medidas contra las órdenes religiosas.

En este contexto, el 10 de abril de  1835, fr. Liborio Sánchez, dominico, en la capilla de Ntra. Sra. de las Angustias,  extramuros de Cuenca,  declaró: «Que los impíos tienen proyectada una degollina de los ministros del Señor en la próxima Semana Santa, que él sufriría con resignación  su suerte, pero que era preciso denunciarlo al público » .

Preso el religioso y encausado por el Corregidor de Cuenca, ante  la  autoridad  el fraile declaró que el Prior del convento de religiosos de S. Pablo en  Tarancón, había recibido un correo anónimo en el que se le había informado  del proyecto de degollar  a los sacerdotes. Encontrándose la causa en estado de sentencia  fue remitida a la Real Audiencia Territorial de Albacete el 8 de junio de 1835. El procesado solicitó su absolución.

La Audiencia de Albacete dicta auto de sobreseimiento el 22  de junio de  1835, no dictando sentencia y poniéndolo en libertad.  Se le advierte que en lo sucesivo evite en sus sermones expresiones de interpretación dudosa, limitándose a la predicación de la moral evangélica y obediencia y respeto debidos al Gobierno.

El fiscal D. Joaquín Melchor y Pinaz eleva a SM la negativa de la Sala a admitir su  recurso contra el auto exculpatorio que libera al fraile. Recibido por el Tribunal Supremo de España e Indias, mediante Real Orden de 17 de octubre de 1835,  anuló las actuaciones de la Audiencia de Albacete, reponiéndolas al momento en que  fueron remitidas de Cuenca  a la Audiencia. También se ordena a los magistrados actuantes que se presenten ante el Tribunal Supremo para depurar responsabilidades. Procedimiento que se sustanció en Madrid, conminando a los magistrados de Albacete a ajustarse a los límites de su jurisdicción.

Ese veredicto es recurrido por los magistrados por el pago de costas y por el desdoro  profesional como jueces de que se les haya conminado a  sujetarse a su jurisdicción. El abogado defensor apela a que se documente por los regentes del resto de Reales Audiencias Territoriales su proceder en casos similares. De esta prueba, varias  son las que proceden, como la de Albacete. 

Constatando actuaciones dispares por parte de las Audiencias, el Tribunal Supremo, el 22 de noviembre de 1836, dicta sentencia absolviendo libremente a los magistrados  con la declaración de que en la formación de la presente causa no les perjudique   el buen concepto que se hayan adquirido como tales magistrados, dándose cuenta a  SM por el ministerio de Gracia y Justicia. La sentencia se declaró firme con los efectos de  cosa juzgada el 5 de diciembre de  1836.

Este caso, de notable repercusión nacional, muestra los intereses confrontados entre lo político, en manos del corregidor de Cuenca, y lo judicial  que  fraguaron una espiral  de difícil justificación en atención al objeto del delito, de mínima  relevancia.

Este episodio es recogido en la «Colección de las causas más célebres», escrita por la  Sociedad Literaria de Amigos Colaboradores, en la Imprenta de Ignacio Estivil en Barcelona ,en 1846. Bajo el epígrafe «Causa contra los  magistrados de Albacete».

Tanto ayer como hoy se mantiene la pugna entre las esferas de poder: un abuso del político tratando de  aplicar unas penas ejemplarizantes para callar la voz de un clero verdaderamente asustado por la marcha de acontecimientos hostiles  .Y una decisión judicial ponderando, en equidad ,el hecho oratorio en una pequeña capilla de Cuenca y que solo verifica  la perenne ambición del hombre por  someter a los demás a través del pavor y la impiedad. 

En esa confrontación, la independencia judicial trató de mitigar el excesivo rigor del corregidor de Cuenca contra el fraile que sufrió cárcel hasta su puesta en libertad por nuestra  Real Audiencia.

sábado, 14 de marzo de 2026

Expedicion a Joló (Islas Filipinas) 1876- 2026



En 2026 recordamos la expedición española a Joló de 1876, dirigida por el general José Malcampo y Monje, que culminó con un éxito militar para España, consistente en la ocupación de la capital del archipiélago de Joló y el establecimiento formal de la soberanía española sobre la isla.

Tras la ocupación, España firmó el Protocolo de Joló (1877) con Alemania y Gran Bretaña, que reconocía la libertad de navegación y comercio en el archipiélago, consolidando el estatus internacional de la presencia española.

JLMembiela,

jueves, 29 de enero de 2026

Fallecimiento de D. Vicente Mompó,

Fallecimiento de D. Vicente Mompó.

Con sentido pesar, ante el fallecimiento de D. Vicente Mompó.

Una gran persona, un caballero de Albacete, cuya humanidad y elegancia perdurará en nuestro recuerdo para honrarlo.

Se ha ido un referente de la sociedad albaceteña; lo echaremos de menos, por su sabiduría, su cercanía, su amabilidad y sobre todo, por su gran bondad. 

Descanse en la paz del Señor con mis condolencias a su familia, a su hijo, compañero del colegio salesiano de Albacete.


Albacete, 28 de enero de 2026

Juan Lorenzo de Membiela,




sábado, 17 de enero de 2026

La victoria del Albacete Balompié al Real Madrid en la tierra de D. Santiago Bernabéu (anecdotario)

 La victoria del Albacete Balompié al Real  Madrid en la tierra de D. Santiago Bernabéu (anecdotario)

El partido histórico del Albacete CF en enero de 2026 tiene una perspectiva adicional al producirse en la provincia en donde nació D. Santiago Bernabéu.

Creo que muchos no habrán reparado en esta casualidad, pero sobre todo a los madridistas les corresponde recordar, que Bernabéu es  de Albacete, nacido en Almansa, el 8 de junio de 1895. 

Presidió el Real Madrid durante 35 años, desde 1943 a 1978.

D. Santiago Bernabéu. Fuente: Wikicommons.







Tuvo una gestión deportiva innovadora y eficiente.

Propulsor de la Copa de Europa.

Ganó seis Copas de Europa, la Intercontinental, dos Pequeñas Copas del Mundo, la Liga y la Copa de España, entre otros . 

Cinco de esas seis Copas de Europa fueron consecutivas.

La importancia de la historia, podría decirse.


JLMembiela,



lunes, 5 de enero de 2026

La adoración de los Reyes Magos según la beata Ana Catalina Emmerich (relato)

 

La adoración de los Reyes Magos según la beata Ana Catalina Emmerich (relato)

 


Detalle de la Adoración de los Reyes Magos en la nieve, Pieter Brueghel el Viejo (1556), Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica. Arte flamenco.


Pintura de Diego Velázquez: La Adoración de los Reyes. Litografía de 1832-1837 perteneciente a la Colección lithográphica de cuadros del rey de España del señor don Fernando VII.


La adoración de los Reyes Magos según la beata Ana Catalina Emmerich


La  epifanía o  adoración de los reyes  al Niño fundamenta esta tradición típica de España y de las tierras que un día pertenecieron a su Corona.

Son ilusiones que vienen como neblina envuelta en frío nocturno y misterioso que mañana , temprano, levantará para impregnar todo con la luz de lo mágico.

Para que algo quede más allá del hecho comercial, de la oscura superficialidad  transcribo este fragmento de las visiones de la beata Anna Catherina Emmerich.

Beata Ana Catalina Emmerich

La adoración de los Reyes Magos

Dibujo a lápiz de H. Hofmann de la serie de 1887 de Hofmann: ¡ Kommet zu mir! Bilder aus dem Leben des Heilandes; Festgabe für Christliche Familien ( Come Unto Me ).
Wikicommons.Dominio Publico


[…] Pronto vieron brillar en el cielo, sobre un lado de Belén, un meteoro semejante a la luna cuando aparece; montaron entonces nuevamente en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos muros ruinosos, dieron la vuelta a Belén, por el Sur, y se dirigieron al Oriente hacia la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la llanura donde los ángeles se habían aparecido a los pastores.

Cuando hubieron llegado cerca de la tumba de Maraha, en el valle que está detrás de la gruta del Pesebre, se apearon. Sus gentes deshicieron muchos envoltorios, levantaron una gran carpa que llevaban e hicieron otros arreglos, con ayuda de algunos pastores que les indicaron los sitios más convenientes.
El campamento se hallaba en parte arreglado, cuando los Reyes vieron aparecer la estrella, clara y brillante, sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia ella perpendicularmente sus rayos de luz. La estrella pareció crecer mucho y derramó una cantidad extraordinaria de luz.
Yo los vi mirando primero todo con un aire de gran asombro. Estaba oscuro; no veían ninguna casa sino tan sólo la forma de una colina semejante a una muralla. De pronto sintieron un gran júbilo, pues vieron en medio de la luz la figura resplandeciente de un niño.
Todos se destocaron para demostrar su respeto; luego los tres Reyes fueron hacia la colina y encontraron la puerta de la gruta. Ménsor la abrió, viéndola llena de una luz celeste, y al fondo a la Virgen, sentada, sosteniendo al Niño, tal como él y sus compañeros la habían visto en sus visiones.
Volvió sobre sus pasos para contar a los otros lo que acababa de ver.
Entonces José salió de la gruta, acompañado por un viejo pastor, para ir a su encuentro. Los tres Reyes le dijeron con toda sencillez cómo habían venido para adorar al rey recién nacido de los judíos, cuya estrella habían visto, y para ofrecerle sus presentes. José los acogió muy afectuosamente, y el anciano pastor los acompañó hasta su séquito y los ayudó en sus arreglos, junto con otros pastores que se encontraban allí.
Ellos mismos se prepararon como para una ceremonia solemne.
Los vi ponerse unos grandes mantos, blancos con una cola que tocaba el suelo. Tenían un reflejo brillante, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban ligeramente a su alrededor. Eran éstas las vestiduras ordinarias para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban unas bolsas y unas cajas de oro colgadas de cadenas, cubriendo todo esto con sus amplios mantos. Cada uno de los Reyes venía seguido por cuatro personas de su familia, además de algunos servidores de Ménsor que llevaban una mesa pequeña, una carpeta con flecos y otros objetos.

La adoración de los magos d'Abraham Bloemaert, 1624.
Fuente: Wikicommons.Dominio publico.

Los Reyes siguieron a San José, y al llegar bajo el alero que estaba delante de la gruta, cubrieron la mesa con la carpeta y cada uno de ellos puso encima las cajas de oro y los vasos que desprendieron de su cintura : eran los presentes que ofrecían entre todos.
Ménsor y los demás se quitaron las sandalias, y José abrió la puerta de la gruta. Dos jóvenes del séquito de Ménsor iban delante de él; tendieron una tela sobre el piso de la gruta, retirándose luego hacia atrás ; otros dos los siguieron con la mesa, sobre la que estaban los presentes.
Una vez llegado delante de la Santísima Virgen, Ménsor los tomó, y poniendo una rodilla en tierra, los depositó respetuosamente a sus plantas. Detrás de Ménsor se hallaban los cuatro hombres de su familia que se inclinaban con humildad. Saír y Teóceno, con sus acompañantes, se habían quedado atrás, cerca de la entrada.
Cuando se adelantaron, estaban como ebrios de alegría y de emoción, e inundados por la luz que llenaba la gruta. Sin embargo, allí sólo había una luz : la Luz del mundo.

María, apoyada sobre un brazo, se hallaba más bien recostada que sentada sobre una especie de alfombra, a la izquierda del Niño Jesús, el cual estaba acostado dentro de una gamella cubierta con una carpeta y colocada sobre una tarima, en el lugar en que había nacido; pero en el momento en que ellos entraron, la Santísima Virgen se sentó, se cubrió con su velo y tomó entre sus brazos al Niño Jesús, cubierto también por su amplio velo.
Ménsor se arrodilló, y colocando los presentes ante él, pronunció palabras conmovedoras rindiéndole homenaje, cruzando las manos sobre el pecho e inclinando su cabeza descubierta.
Entre tanto, María había desnudado el busto del Niño, el cual miraba con semblante amable desde el centro del velo en que se hallaba envuelto; su madre sostenía su cabecita con uno de sus brazos y lo rodeaba con el otro. Tenía sus manitas juntas sobre el pecho, y a menudo las tendía graciosamente a su alrededor.
¡Oh, qué felices se sentían de adorar al Niño Rey aquellos buenos hombres venidos de Oriente!
Viendo esto me decía a mí misma: «Sus corazones son puros y sin mancha, llenos de ternura y de inocencia como corazones de niños piadosos. No hay nada violento en ellos, y sin embargo están llenos de fuego y de amor. Yo estoy muerta, yo no soy ya más que un espíritu; de otro modo no podría ver esto, pues esto no existe ahora, y sin embargo existe ahora; pero no existe en el tiempo; en Dios no hay tiempo; en Dios todo es presente; yo estoy muerta, ya no soy más que un espíritu». Mientras me asaltaban aquellos pensamientos tan extraños, escuché una voz que me decía : «¿Qué te puede importar eso? Mira y adora al Señor, que es eterno y en quien todo es eterno».
Vi entonces a Ménsor que sacaba de una bolsa, colgada de su cintura, un puñado de pequeñas barras compactas, pesadas, del largo de un dedo, afiladas en la extremidad y brillantes como el oro; era su regalo, que colocó humildemente sobre las rodillas de la Santísima Virgen al lado del Niño Jesús. Ella lo tomó con un agradecimiento lleno de gracia y lo cubrió con un extremo de su manto. Ménsor dio aquellas pequeñas barras de oro, virgen porque era muy sincero y caritativo, y buscaba la verdad con un ardor constante e inquebrantable.
Después se retiro, retrocediendo con sus cuatro acompañantes, y Saír, el Rey cetrino, se adelanto con los suyos y se arrodilló con una profunda humildad, ofreciendo su presente con palabras conmovedoras. Era un vaso de oro para poner el incienso, lleno de pequeños granos resinosos, de color verdoso; lo puso sobre la mesa delante del Niño Jesús. Saír dio el incienso, porque era un hombre que se conformaba respetuosamente y desde el fondo de su corazón, a la voluntad de Dios y la seguía con amor. Se quedó largo rato arrodillado con un gran fervor antes de retirarse.
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Fue beatificada por  Juan Pablo II en 2004.

Fuente: http://www.hjg.com.ar/txt/relig/ace_reyes.html