Apuntes históricos de la Feria de Albacete 2026
Juan B. Lorenzo de Membiela
- Contexto histórico y político del siglo XVIII
Desconocida y poco reconocida es la repercusión histórica que para la feria de Albacete tuvo la concesión por Felipe V del privilegio de «franca» [1]. La España del siglo XVIII transcurría entre la gloria militar de un imperio herido y el nacimiento de una gobernación ilustrada, barroca y racionalista moderada, con problemas económicos y deficiencias sociales, no muy distintas de las que existían en otros países de nuestro contexto cultural.
En el escenario internacional, la Guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias costó la pérdida de las provincias de Flandes, territorios del reino de Nápoles, Milán y Cerdeña, dados a Austria; Sicilia y parte del Milanesado, a Saboya y la cesión a Inglaterra de Gibraltar y Menorca.
En el ámbito doméstico, el cambio dinástico introdujo esperanzados proyectos ilustrados que, entre muchos, resalto el saneamiento económico del reino[2].
Una estrategia económica poco destacada, pero relevante en el contexto de las costumbres derivadas del Fuero Juzgo y las Partidas, fue el auto firmado por el rey Felipe V, el 4 de diciembre de 1705, ( ratificado posteriormente por Carlos III en la Real Cédula de 1783) que declara:
«[…] quienes fundasen fábricas estarían en el favor real, sin que el manejo de dichas fábricas fuese obstáculo para conservar o alcanzar la nobleza o para ostentar cualquier carácter que tuviesen los hijos-dalgo de Castilla […]».
Quizás originado por la suspensión de pagos del Estado declarada el 14 de octubre de 1704[4] y por un impulso innovador que la nueva dinastía quiso imprimir en un imperio unido solamente por la religión y por la corona, donde coexistían regímenes tributarios diferentes y con asambleas territoriales y privilegios distintos, lo que en conjunto restaba eficiencia política y económica y que constituían un freno a los avances económicos de toda la nación.
- Comunicaciones, comercio y transformación económica
En 1749 comienza la construcción de los primeros «caminos carreteros» [5].
Hasta esa fecha no existían vías de comunicación entre núcleos de población. Los caminos causaron que villas, aldeas y cortijos abandonaran el autoabastecimiento generado por la incomunicación: las carretas, los coches de colleras, las galeras… constituían la logística necesaria para generar comercio e industria.
A finales del siglo XVIII se amplía el camino real Madrid-Valencia. Atraviesa la villa de Albacete por las calles de los Baños, Tinte, Plaza de Carretas y Santa Quiteria. Es destacado por autores lo excelente de la vía, mejorada en 1761[6]. Tráfico de bienes y tráfico de personas, sometido este a imperativos administrativos de regresar el mismo día a plena luz o de presentar fiador o vecino en la localidad de destino[7] que respondiera de su conducta.
Las ferias o mercados eran una oportunidad única para el comercio, precursores mercantiles que producían riqueza e intercambio cultural entre villas. Tributaban a la Corona.
- La concesión del privilegio de feria franca
Pero la llamada «feria franca» era un privilegio o merced real que exoneraba la contribución a la Corona[8]. Por ello se comprende que la concesión del privilegio real de «franca» a la de Albacete, dado por Felipe V el 6 de marzo de 1710, constituyó un hecho sobresaliente, no solo religioso y comercial, sino también social, por las interacciones con las poblaciones próximas.
Como recoge la Real Provisión confirmatoria de 3 de agosto de 1716, sancionada, a su vez, por la de 7 de septiembre de 1761, se mandó que no se exigiera ni llevase maravedís ningunos ni otra cosa a los comerciantes y mercaderes que concurrieran a la feria con sus géneros y mercancías por razón de permiso, licencia o postura de los géneros que fuesen a vender a ella ni sobre ello se hiciera causa a dichos comerciantes ni vejación de que tuvieran justo motivo.
La importancia local y la relevancia económica en general de nuestra «feria franca» es recogida por Pérez García, comparándola con la de otras villas y ciudades[9], lo que permitió a la villa triplicar sus beneficios en pocos años.
El comercio de la feria, lo constituía el ganado, tanto mular como lanar, granos, legumbres, quincalla, loza, tejidos varios, lino, cáñamo, esparto, navajas, cuchillos, puñales y especias tanto nacionales como extranjeras.
- Causas políticas y religiosas de la merced real
La concesión de esta merced real obedeció a dos causas:
Primera, la adhesión inmediata del Ayuntamiento de Albacete en representación de toda la villa al nuevo monarca el 5 de diciembre de 1700: nada más hacerse público el testamento de Carlos II, se ordenó fijar edictos para conocimiento de todos los ciudadanos y soltar la campana del reloj[10]. No mucho más tarde, se aportaría ayuda financiera y de milicia frente a la pretensión del archiduque Carlos de Austria.
Segunda, la devoción a N.ª S.ª de Los Llanos desde tiempo inmemorial.
- Origen y consolidación del culto a Nuestra Señora de Los Llanos
El culto a nuestra patrona es previo a la dominación árabe[11]. Simón Pardo afirma que la Virgen fue escondida por los cristianos habitantes de lo que hoy es Albacete cuando España fue invadida por los árabes en el s. VIII. Olvidado el escondrijo por la erosión de los siglos, se halló, después de la Reconquista, en un paraje conocido como «Los Llanos».
Brevemente, sobre el origen de la talla mariana, Sánchez Ferrer, con remisión a Villalba y Córcoles en su Pensil del Ave María de 1730, expone la conexión de N.ª S.ª de Los Llanos con el apóstol Iacobus o Santiago, llamado «el Zebedeo»[12].
Si a este relato nos atemos, y no hay razón documentada que lo impida, el origen de la imagen y su culto poseen una entidad histórica y religiosa de magnitud. Sánchez Torres lo completa transcribiendo una tradición referente al hecho de su descubrimiento: «[…] el labrador que halló la imagen la llevó a su casa, pero la figura volvió al lugar del hallazgo y así dos veces más. Informado el clero, se interpretó el suceso como signo claro del lugar en donde debía edificarse la ermita».
Este hecho, legado de la tradición, es recogido en el Misal del 50.º aniversario de la Coronación de la Virgen de Los Llanos[13] celebrado en 2006 en Albacete en el parque de Abelardo Sánchez. Hay que aclarar que la actual imagen no es la originaria, datándola, según Sánchez Ferrer, en el s. XVII[14]; presenta rasgos del barroco español.
Se edificó una ermita en el sitio del hallazgo en 1627, en un paraje llamado «Los Llanos», visitada por multitud de fieles, dada su fama de milagrosa, que se extendió por provincias, hoy colindantes con la de Albacete, e incluso en Guadalajara.
Los franciscanos construyeron un convento en 1672 contiguo a la ermita, trasladando la imagen de N.ª S.ª de Los Llanos a una capilla[15]. Los Llanos, por aquel entonces, era un cruce de caminos que, según Santamaría, pertenecía al término municipal de la villa de Chinchilla hasta que pasó a la villa de Albacete entre 1568 y 1569.
El monasterio, convertido en custodio de la imagen sacra junto a la masiva afluencia de fieles, originó un mercadillo antecedente de la actual feria.
- Traslado de la feria y construcción del recinto ferial
Transcurrido el tiempo, las diferencias entre los franciscanos y el Ayuntamiento de Albacete sobre la ubicación de la feria patentizaron un conflicto resuelto por el Supremo de Castilla a favor del Concejo municipal. Decisivo en este pleito fue la intervención de Pedro de Cantos, que además construyó unas lonjas en los «ejidos» o «eras» del paraje de su propiedad llamado de Santa Catalina. La plaza Mayor no ofrecía espacio suficiente: en Santa Catalina se celebró la feria de modo definitivo[16] desde 1783.
Pero las romerías populares seguían celebrándose en Los Llanos. Según García-Saúco, tras la desamortización de 1836 se suprimió el convento franciscano y el Ayuntamiento de Albacete reclamó para sí la imagen y sus pertenencias, que fueron depositadas en la Iglesia de San Juan Bautista, en una hornacina en el retablo barroco que desapareció.
El Ayuntamiento adquirió las lonjas construidas por Cantos y pretendió su reforma a través de un proyecto arquitectónico realizado por Lucas de los Corrales y Ruiz en 1771. No se llegó a edificar, pero en 1783 se ordenó al maestro arquitecto Josef Jiménez la construcción del edificio ferial —el que podemos ver hoy—, concluyéndose en 1784, esta vez bajo la dirección del arquitecto Antonio Cuesta.
El coste de la obra ascendió a 107 783 reales y 5 maravedís.
El tipo de arquitectura responde a la de los grandes mercados del siglo XVIII, de tipo cerrado y con casetas en el interior. De este estilo se construyeron en el norte de Italia, en el Véneto, Crema, Verona y en Bérgamo; fuera de Europa, en la Puebla de los Ángeles (actualmente Puebla, México) y en Potosí (Bolivia).
Siguiendo a Bonet Correa, se cree que existía un busto de Carlos III en la puerta central[17].
- Continuidad devocional y preservación de la feria
La imagen mariana desde entonces se trasladaba cada año desde la catedral de San Juan Bautista al recinto ferial, de modo definitivo y continuo.
En 1875 se creó la Asociación de la Virgen de los Llanos, que fue honrada con el título de «real» por merced de Alfonso XIII en 1917.
Cabe resaltar que fue el culto mariano el que ha salvado a la feria en varios años ante la propagación de enfermedades.
- Insalubridad, epidemias y soluciones hidráulicas
La villa de Albacete sufría una insalubridad recurrente.
Las aguas quedaban estancadas en esta llanura en donde se edificó la villa. Su descomposición generaba epidemias de tifus y cólera. Blanch e Illa sitúa en 1500 cuando se tiene noticia de la primera epidemia producida por estas aguas procedentes del manantial llamado «Ojos de San Jorge».
Desde aquel entonces las inundaciones documentadas fueron numerosas. Anegaban los alrededores de la villa de Albacete, situada en lo que hoy es Villacerrada. Inundaban sótanos y locales bajos, cuevas y toda construcción[18], problemas hidrológicos que fueron solucionados por los diversos reyes de la Casa de Borbón hasta entrado el siglo XIX.
Estos incidentes hídricos condicionaron la supervivencia de esta villa y el éxito comercial de la feria.
La solución definitiva, recogida por el geógrafo danés Malte-Brun, fue la construcción del canal Real, construido por Carlos IV, con la inestimable intermediación del conde de Villaleal, un canal que dio vida a la ciudad arrancándole a la muerte la triste letanía que se producía año tras año. Hoy es conocido popularmente como canal de María Cristina. Su longitud era de 5 leguas, equivalentes a 27,8 km[19].
- Conclusión: memoria, fe y sentido histórico
En conclusión, la feria es más que un acto comercial y lúdico. Es el símbolo de una ciudad que durante siglos ha luchado por conservar a la Virgen perdida y hallada y reconocer en ello el linaje de una fe persistente y duradera. Pocas cosas han existido en esta tierra con tantos siglos y con tanta vida, un hecho que merece una reflexión sincera.
Frente a un posmodernismo que genera vidas horizontales con tristes claroscuros, promotor de vidas desperdiciadas sin mayor trascendencia, es posible que encontremos en esta historia una razón, quizás una sospecha de esperanza, que nos ilumine sobre lo esencial y no sobre lo efímero de vagas circunstancias.
Todo es cuestión de valentía, también de libertad y de verdad, en momentos en que no abundan ni la una, ni las otras.
[1] Espinalt y García, B., en su obra Atlante Español o Descripción general geográfica, cronológica e histórica de España, por reynos y provincias de 1778, p. 135, califica a Albacete como una de las grandes, nobles y famosas de este reino […].
Cabe mencionar como promotor de la capitalidad provincial de Albacete en 1833 frente a la influyente Chinchilla al Rmo. P. de las Escuelas Pías D. Jorge López y a D. Miguel Fernández Cantos. Hecho que no ha tenido ni tiene mayor reconocimiento en nuestra ciudad, siendo por ello una deuda todavía pendiente y no prescrita que los Ayuntamientos de la ciudad deben reconocer del modo más apropiado.
Prodigioso es el hecho de que una pequeña villa llegue a convertirse en capital provincial frente a otras con más raigambre histórica.
[2] Menéndez Pidal, R., La época de los primeros Borbones, en «Historia de España», t. XXIX, v. I, dir. Jover Zamora, J., Espasa-Calpe, Madrid, 1985, pp. XII, XIII y 181 y ss.
[4] Real Academia de la Historia, Atlas Cronológico de la historia de España, Ediciones SM, Madrid, 2008, p. 227.
[5] Rueda Hernanz, G., España 1790-1900. Sociedad y condiciones económicas, Istmo, Madrid, 2006, pp. 94 y ss. Razona este autor que la dificultad y el retraso consiguiente en crear vías de comunicación en España obedeció a la orografía montañosa y a las diferentes cotas de altitud de los territorios, lo que encarecía —y aún hoy encarece— la construcción de infraestructura viaria y ferroviaria. Durante el siglo XIX se intensificó significativamente por el acuerdo de las Diputaciones de construir «carreteras vecinales» al amparo del art. 68 de la Ley de Diputaciones Provinciales de 8 de enero de 1845; vid. Martínez Alcubilla, M., Diccionario de la Administración Española, Peninsular y Ultramarina: Compilación ilustrada de la novísima legislación de España, t. VI, Madrid, 1868, p. 569.
[6] Pérez Picazo, M.T., La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario «Floridablanca», Sucesores de Nogués, Murcia, 1988, p. 134. Archivo Histórico Provincial de Albacete, Obras varias, legs. 481 y 482.
[7] Vid. Mellado, F.P., Guía del viajero en España, Madrid, 1852.
[8] Madoz, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, t. I, 2.ª edic., autor-editor, Madrid, 1846, pp. 243 y ss.
[9] Pérez García, J.M., La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario «Floridablanca», Sucesores de Nogués, Murcia, 1988.
[10] Sánchez Torres, F.J., Apuntes para la Historia de Albacete, cit., p. 23.
[11] Xerif Aledris, Descripción de España, trad. Conde, J.A., Imprenta Real, Madrid, 1799, p. 192, que conecta con la tesis defendida por Palasui y Catalozella, E., Blasones Españoles y Apuntes históricos de las cuarenta y nueve capitales de provincia, Barcelona, 1867, p. 1.
[12] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla-La Mancha, Encuentro, Madrid, 1995, pp. 45-6.
[13] Diócesis de Albacete, Misa por el 50.º aniversario de la Coronación de la Virgen de los Llanos en 28 de mayo de 2006, Diócesis de Albacete-Diputación Provincial de Albacete, Albacete, 2006.
[14] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, cit., pp. 46-7.
[15] Simón Pardo, J., La devoción a la Virgen en España: historias y leyendas, p. 356.
[16] Archivo Histórico Nacional, Protocolos, 17770. Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español, Akal, Madrid, 1990, p. 162. Vid. Aranza Pérez, F.J., Letrados, juristas y burócratas en la España moderna, UCLM-Junta de Castilla-La Mancha-Ministerio de Educación, Albacete, 2005, p. 575.
[17] Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español, cit., p. 165.
[18] Blanch e Illa y otros, Crónica General de España, Albacete, Madrid, 1867, p. 47. Vid. Sánchez Ibáñez, J.M., El Hospital de San Julián de Albacete: estudio histórico, Instituto de Estudios Albacetenses, Albacete, 1997.
[19] Malte-Brun, C., Geografía universal física, histórica, política, antigua y moderna, p. 328 y ss.