Ceuta, Melilla y por un 2 de septiembre solidario
Por
Juan Lorenzo de Membiela
Ceuta y Melilla son españolas desde hace siglos, con una soberanía respaldada por la historia y diversos acuerdos internacionales.
Las reclamaciones de Marruecos son consideradas infundadas por el autor, quien sostiene que carecen de base histórica y jurídica sólida.
Marruecos es presentado como un país con aspiraciones expansionistas, apoyándose en distintos episodios históricos de conflictos y reivindicaciones territoriales.
Ceuta y Melilla no son equiparables a colonias, por lo que el autor rechaza que deban tratarse como otros casos de descolonización.
La historia y el derecho respaldan la posición española, por lo que el texto llama a defender y apoyar la normalidad española de estos territorios sin perjuicio de sus ciudadanos.
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Ceuta y Melilla son plazas
españolas desde hace siglos y las reivindicaciones de Marruecos no dejan de ser
anecdóticas y vacías de derecho de una nación creada en 1956, una vez que
Francia y España reconocieran su soberanía mediante la finalización de sus
protectorados.
Melilla pertenece a España desde
1497, cuando fue conquistada por el duque de Medina Sidonia e incorporada a la
corona de Castilla por los Reyes Católicos, más de 500 años de soberanía.
Ceuta fue plaza portuguesa y española desde
1415. En 1640, con la restauración portuguesa, muchos territorios en África
optaron por integrarse a Portugal, pero Ceuta renunció a esa soberanía para
quedar unida a la Corona católica española. El Tratado de Lisboa de 1688
reconoce esa opción y su estatus de territorio español.
En la literatura española del
siglo XVI, explica Julián Marías en Cervantes clave española, cómo los
prisioneros españoles en Argel cifraban sus esperanzas en escapar a Melilla o a
Ceuta, todas ciudades españolas.
El expansionismo de Marruecos es
conocido, un afán de sumar territorio, pero sin los derechos y deberes, servicios y beneficios que España y Europa
conceden a los ceutíes como españoles. No puede hablarse de la existencia de un
estado de Derecho, sino de una autocracia impulsada por oligarquías con un
índice de desarrollo humano (IDH) de
0,710 y un puesto mundial en el 120 de 193 países.
| Fuente: Wikicommons |
Reivindicar territorios
extranjeros para imponer un modelo de Estado en donde sus nacionales huyen
continuamente a España o a Francia (el francés es obligatorio en Marruecos) no es una situación que pueda defenderse desde
ningún punto de vista.
Con la inmensidad del desierto,
resulta llamativa la persistencia con estas plazas españolas, a no ser que sus
apetencias se deriven en el futuro a reivindicar Al-Ándalus en su integridad o
en su parcialidad, que por pedir no sea, quizás Andalucía, Levante y Cataluña.
Regiones españolas bañadas por el Mediterráneo. Junto a un estrecho en el Mare Nostrum que tiene una importancia estratégica, como vemos que sucede en Ormuz.
Todos sabemos de la Marcha Verde
para presionar a España a ceder su provincia núm. 53, el Sáhara, materializado
en los Tratados de Madrid de 1975-1976. Un instrumento internacional
precipitado que supuso la cesión de la administración a Marruecos y Mauritania
junto a España, pero no su soberanía, factor importante.
Fue una jugada geoestratégica
audaz de Marruecos con varios actores internacionales, por cuanto España se
encontraba en ciernes de una nueva etapa política por el fallecimiento del
general Franco.
Hoy no sabemos si nos encontramos
ante otra jugada audaz, pero sí conocemos la guerra olvidada de Ifni y Cabo
Juby de 1957 y la posterior cesión de estos territorios en 1969 a Marruecos. Y
también el conflicto que mantuvo contra Argelia en la Guerra de las Arenas de
1963, por unos territorios ricos en yacimientos minerales.
Nos encontramos con un actor que
ha demostrado durante muchos años un afán expansionista indudable que la
historia ha demostrado. No puede compartirse aquel proyecto del Gran Marruecos
porque nunca existió, pero sí existió la provincia romana cristiana de la
Mauritania Tingitana, provincia procuratoria, gobernada por un procurator
Augusti. Se creó por el emperador Claudio hacia el año 42 o 43 d. C., tras la
anexión del reino de Tolomeo de Mauritania efectuada previamente por Calígula.
Creo que la política del relato
impreciso debe ceder ante una historia que ampara a España frente a las
apetencias expansionistas ilegítimas. Y por eso nuestra solidaridad y apoyo a
las concentraciones del 2 de septiembre en muchos municipios. Nuestro
sentimiento y apoyo sincero.
España siempre ha guardado un
respeto escrupuloso ante las resoluciones internacionales, no siendo correspondida
en alguna memorable ocasión por un distinguido actor internacional. Y así se
hizo, con mayor o menor agrado, ante las Naciones Unidas y su resolución, núm.
2067-XX, el 16 de diciembre de 1965, llamada Cuestión de la Guinea
Ecuatorial (Fernando Poo y Río Muni) y la resolución núm. 2230-XXI, de 16
de diciembre de 1966, llamada Cuestión sobre Guinea Ecuatorial. También
la dictada en diciembre de 1967, resolución núm. 2355-XXII, conminando a
España, como potencia administradora, a que la independencia de Guinea se
declarase en julio de 1968 , como así sucedió.
Hablamos de temas coloniales que
no son identificables para Ceuta y Melilla e islas y territorios más o menos adyacentes. Todos estos espacios geográficos son territorios
peninsulares ubicados en un África en donde la huella española puede documentarse
desde hace siglos. Incluso milenios si consideramos a España continuadora del Imperio romano.