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lunes, 16 de marzo de 2015

Arte y empresa ( 3 min.).

Arte y  empresa ( 3 min.).

por

Juan B. Lorenzo de Membiela

Los cambios imponen retos. Quienes los afrontan, adaptándose, pueden superarlos, quienes perseveran en lo  que ya es crítico, fracasan. El problema no solamente reside en la  proactividad   al cambio, sino  en  optar  por  una arquitectura  eficaz para un nuevo paradigma socio-económico.

El reto de lo futuro, de lo insondable. No es el «  fatum » o destino de las culturas   griega y romana. El « fatum » es la certidumbre llevada a la consciencia de que todo cuanto sucede  está  vinculado por una cadena causal. Por ello sobreviene imperativamente   (Schopenhauer,2008:108).

Pero esta tesis está  superada por los hallazgos de la física y de la  biología  que fundamentan el comportamiento de inestabilidad limitada o caos (Stacey,1994).

Nada está predeterminado y nada tiene una forma antes de  que exista.

Por ese vacío  nos remitimos al ejemplo. Ejemplo es lo que ocurrió en el pasado. De su análisis surgen los ciclos. Pero  estos ciclos solamente objetivan  realidades no lineales. No ofrecen respuestas a las  crisis en concreto. Entonces  ¿en dónde cabe encontrar indicios de lo que deparará el futuro?

Para Ortega, las nuevas formas  se manifiestan   en el arte («La deshumanización del arte y otros ensayos de estética», 1925). Y en   la ciencia pura,  por ser actividades más libres, no sometidas a los condicionantes de cada tiempo, ajena a la censura que amputa el alma. Primeros destellos   en donde  se advierten  cualquier cambio de sensibilidad colectiva que esconde nuevos diseños.

La inspiración artística, que es fuente de  idea originaria y nueva, tiene algo de clarividente.  Alcanza  lo más etéreo, lo más abstracto, a donde  no  puede  llegar cualquier persona. Contemplar la sutilidad de un destello en la oscuridad del arcano puede ser indicio hoy de  la sociedad del mañana.

Porque el poeta empieza en donde el hombre acaba. El destino de éste es vivir su itinerario humano; la misión de aquél es inventar lo que no existe.

El poeta aumenta el mundo, añadiendo a lo real, que ya está ahí por sí mismo, un irreal continente. El artista se despoja de lo convencional, quizás de lo prosaico, para percibir  lo extraordinario.

Autor, procede de  « auctor », el que aumenta. Los romanos llamaban así  al general que ganaba para el imperio un nuevo territorio.

¿La estética como percepción de futuro?

El concepto « arte » ha sido también estudiado por Drucker  contrastándolo con lo teórico. El arte es algo intrínseco a la administración aún su distinta naturaleza con lo teórico (La esencia de la administración moderna, 2001:115) . Sus notas esenciales:

1. El arte  es privado y subjetivo, la teoría  es una serie de reglas y prescripciones impersonales.

2.El arte es ambiguo, la teoría es precisión.

3.El arte es instintivo, la teoría es lógica.

4.El arte produce innovaciones, la teoría técnicos.

5.El arte es un don  que no puede enseñarse, la teoría son conocimientos transmisibles.

6 El arte comprende experiencias, la teoría suscribe conceptos.


Montañés Duato equipara artistas y directivos. Su conexión es la creación. Ambos las sufren y ambos se alegran de sus resultados (Inteligencia política,2011:238). Pero además, en la creación de la idea  cabe que el directivo adopte una asepsia cuantitativa y profesional tal que difumine su  realidad. Es frecuente que repare más en la dimensión financiera  que en la calidad de la propia idea.

¿La idea creativa como percepción de futuro?

Se habla de « tensión creativa » ( King, 1986:52-9). Surge cuando  una visión que no existe todavía   se trata de descubrir indagando en  las fuerzas que « bullen por debajo de la realidad». Entonces se   iluminan las brechas entre la realidad y la visión  ( Senge,2006:439-40), entre lo actual y lo futuro.

Los líderes que poseen esta « tensión creativa » se han curtido en  una vida entera de esfuerzos: para desarrollar aptitudes conceptuales y de comunicación. Para reflexionar sobre valores personales y alinear su  conducta personal con dichos valores para  aprender a escuchar y palpar lo que está más allá de una simple comunicación. Sin ese esfuerzo, razona,  Peter Senge,  su carisma desaparece. La seguridad que  transmite ante lo desconocido se desvanece. El futuro ya no es lo que era cuando aquél nos dirigía, es más lóbrego, más  desolador.

El potencial creativo de la  organización es la única opción viable para remontar la crisis, siempre lo ha sido y bajo todas la circunstancias. Es algo  intrínseco  a toda organización. Y sin embargo, de todo el capital humano solamente unos pocos tienen las herramientas necesarias para materializar sus talentos para un futuro.

La creatividad supone disipar  grados y escalafones. En los creativos, la reputación personal es la  aptitud creativa: no son necesarias credenciales, ni relaciones, ni años de experiencia ( Hamel,2008:214).


La potencia artística únicamente. Y basta con ello. O debería bastar. Otra cosa distinta es querer asumir los retos de lo creativo porque ello convulsionará  lo   « establecido »  y eso gusta a pocos, a casi nadie.






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