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miércoles, 14 de septiembre de 2016

El crack de 1929 y las emociones financieras ( estudio)

El crack de 1929 y las emociones financieras
por
Juan B Lorenzo de Membiela

La crisis de 1929 ha sido estudiada como manifestación de una  economía cíclica  en tanto la concurrencia de comportamientos financieros y económicos  muy parecidos. Especialmente el agotamiento de las oportunidades de inversión debido a  una sobre expansión de la demanda consumista y la inversión, el llamado « overshooting » (Kindleberguer, 2009:308).

Sus efectos durante los años sucesivos nos muestran aspectos que concurren en la actualidad, aunque no todos. En lo esencial, subsisten emociones que son permanentes, sea cual sea el momento histórico, porque pertenecen a la naturaleza del hombre que se mantiene inalterable. Y  a ellas debe acudirse para explicar comportamientos que  pueden parecer erráticos.

El ciclo que se repite está compuesto por la crisis de liquidez, por presupuestos públicos extravagantes, por disminuciones de precios que quiebran el sistema monetario, por una inversión  bruta cercana a  cero y, finalmente, por una apocalipsis bancaria (Rostow, 1971:84).

 Conocer circunstancias de 1929 y años subsiguientes   pueden ayudarnos a evitar caer más profundamente porque saber nadar en las «formas»  de la comunicación impide  que los  «fondos » se sumerjan  más en el abismo.

Lo emotivo  económico ha operado en sentido positivo y negativo. Destacable como ejemplos:

El miedo de los inversores  a percepciones o noticias negativas sobre  la solvencia económica de un país. No se trata de su autenticidad, tan sólo la  constancia de un rumor equívoco, fútil. Se generó pánico y ansiedad de liquidez que motivó la venta  de  valores y  divisas.

Ello ocurrió tras unas declaraciones  de Hoover en  Des Moines (Iowa, EEUU) el  4 de octubre   de  1932, cuando mencionó: «lo cerca  que EEUU había estado de abandonar el patrón oro (…) ».

Este comentario desató una oleada  mundial de especulación financiera en contra del dólar.

Otro ejemplo, la cancelación de depósitos  en Nueva York en 1929 por inversores extranjeros y  por bancos y corporaciones estadounidenses sin motivo alguno. Ello  generó  pérdidas a inversores particulares. Éstos, a su vez,  para  resarcir sus perjuicios, realizaron sus hipotecas, provocando, en la mayoría de los casos,  desahucios masivos.

El precio de la vivienda cayó rápidamente  junto  a materias primas y automóviles. En agosto de 1929 se contrajo la venta de vehículos, de 440.000 a 319.000 en octubre; a 169.500 en noviembre  y  a 92.500 en diciembre (Butler, 1969).

b) Recuperación de la confianza. Gran Bretaña recuperó la confianza de los mercados internacionales  en la libra  en enero de 1932.

El gobierno británico   anunció  que el Banco de Inglaterra  cumpliría los pagos de los créditos en el  verano de 1931 sin mermar su stock de oro. También informó el pago adelantado  y voluntario del impuesto de la renta en enero cuando debía hacerse en marzo (véase  el estudio de Einzing, P., « The Comedy of the Pound», 1933, p. 56).

La finalidad perseguida fue  estabilizar la libra al valor oro pero también restablecer  a Londres como centro financiero mundial (Einzing, 1935), cosa que hoy, en el siglo XXI, se pretende en detrimento de Alemania.

La sutilidad financiera no casa con la realidad abrupta de unos hechos. Y de ello cabe deducir  que el mercado financiero es sensible a la simple sospecha, sin más. Las « políticas» de marketing sobre los  ajustes financieros   han podido  ofrecer una imagen de solidez económica  que a la postre ha dado resultados positivos. 


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