Olas de calor insoportables ( microensayo)
por Juan Lorenzo de Membiela
Doctor por la UV
Uno de los problemas que sufren las ciudades durante los meses estivales son las olas de calor. No existe una definición única y generalmente aceptada. Para la Organización Meteorológica Mundial, es un período de cinco o más días consecutivos durante los cuales la temperatura máxima diaria supera en 5 °C o más la temperatura máxima media habitual.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ofrece una definición más compleja: «un episodio de, al menos, tres días consecutivos en el que, como mínimo, el 10 % de las estaciones consideradas registran temperaturas máximas superiores al percentil 95 de sus series de temperaturas máximas diarias correspondientes a los meses de julio y agosto del período 1971-2000».
Se han registrado numerosas olas de calor en España. La más notable, por su persistencia y extensión territorial, fue la de 1947, que se prolongó durante trece días consecutivos, desde el 23 de julio hasta el 4 de agosto. Durante aquel episodio se alcanzaron 47 °C en Sevilla, en el observatorio de la iglesia de la Anunciación; 42 °C en Bilbao, y 40,5 °C en Figueras.
CeraPiper: sistema de la Universidad de Cornell que fabrica tuberías cerámicas a medida para enfriar espacios sin electricidad.
Temperaturas extremas aún más antiguas se registraron en Sevilla en junio de 1873, cuando se alcanzaron 49,8 °C. Asimismo, se citan 51 °C en junio de 1876, dato que no figura en las bases climatológicas, aunque sí en los Resúmenes de Observaciones Meteorológicas. Ese mismo año, durante el mes de julio, se registraron 44,2 °C en Madrid, 47,8 °C en Murcia, 42,5 °C en Bilbao y 41 °C en Salamanca.
En 1881, los Resúmenes de Observaciones Meteorológicas reflejaban temperaturas extremas, como los 42,5 °C registrados en Salamanca durante el mes de julio; los 45 °C de Alicante y los 44 °C de Teruel durante el mes de agosto.
Otros episodios destacados fueron los 47,2 °C registrados en Murcia en julio de 1994, así como los 46,6 °C de Sevilla y los 45 °C de Badajoz en agosto de 2003.
El calor forma parte del clima veraniego español, pero también constituye un riesgo para la salud. El sistema MoMo, creado en 2004 para monitorizar la mortalidad diaria, atribuye a las altas temperaturas 27.564 defunciones entre 2015 y 2025. El año 2022 fue el de mayor impacto, con 4.789 fallecimientos, seguido de 2025, con 3.832.
La cuestión principal es qué medidas pueden adoptarse en las ciudades para mitigar este calor extremo. Se trata de actuaciones que hayan superado la fase teórica o especulativa y se hayan materializado en soluciones visibles y eficaces.
Las estrategias aplicadas por arquitectos, urbanistas e ingenieros pueden agruparse en cinco categorías principales:
1. Aumentar el arbolado urbano y las zonas verdes. También se emplean jardines verticales y cubiertas vegetales.
2. Incorporar infraestructuras azules. Las fuentes, las láminas de agua y los sistemas urbanos que aprovechan cauces o circuitos hidráulicos refrescan el entorno mediante procesos de evaporación.
3. Emplear materiales de alta reflectancia. Es frecuente la utilización de pavimentos y cubiertas de colores claros, capaces de reflejar una mayor proporción de la radiación solar y reducir el calentamiento de las superficies urbanas.
4. Diseñar espacios de sombra. Las pérgolas, las redes de toldos y los refugios climáticos —como bibliotecas, centros culturales y otros edificios públicos climatizados— reducen significativamente el calor.
5. Crear corredores de viento. Tanto la circulación del aire como los procesos de convección constituyen recursos fundamentales para disipar el calor acumulado en el entramado urbano.
Entre las innovaciones más recientes destaca una tecnología presentada en 2026, basada en la aplicación de nanopartículas de sulfato de bario sobre distintas superficies. Este recubrimiento refleja aproximadamente el 98 % de la radiación solar y facilita la emisión de calor hacia el exterior. Las pruebas realizadas indican una reducción significativa de las necesidades de climatización mecánica.
Otra aportación relevante es CeraPiper, desarrollada por el Instituto Tecnológico de Israel (Technion) y la Universidad Cornell, en Estados Unidos. Se presentó en 2025, durante la conferencia SCF'25 de la Association for Computing Machinery, celebrada en noviembre de ese año en Cambridge, Massachusetts. Esta tecnología consiste en tubos cerámicos porosos que enfrían el entorno mediante la evaporación del agua contenida en su interior. Se trata de una solución inspirada en principios tradicionales de refrigeración evaporativa, utilizados desde hace siglos en numerosos lugares del Mediterráneo. Funciona sin necesidad de electricidad.
No hablamos de episodios de cambio climático, para ello sería necesario analizar cientos o miles de años. Los períodos de treinta años utilizados por los climatólogos, basados en registros continuos de temperatura, precipitaciones, humedad y otros factores, aportan indicios con cierta relevancia estadística. Sin embargo, la inexistencia de registros meteorológicos con siglos de historia obliga a actuar con cautela, lo que no impide adoptar medidas paliativas en entornos urbanos para reducir una insolación insoportable.