Sucesos contemporáneos · Microensayo · Economía y empresa
Lo directivo y lo cuasi directivo
Por qué la ciencia de la empresa ha estudiado tan poco lo que de verdad hace un directivo: del generalismo que lastró a la industria estadounidense a las advertencias de Carlson, Haire, Campbell y Mintzberg.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela · Doctor en Derecho por la Universitat de València · Microensayo
La entrada en cinco ideas
1.La dirección es el recurso más crítico y escaso de la empresa: de ella depende explotar, combinar y potenciar los demás recursos.
2.El directivo generalista, formado en Derecho o en finanzas, contribuyó desde los años cincuenta al declive industrial de EE. UU. frente a Japón.
3.La gerencia se consolidó como institución social con una rapidez insólita y casi sin oposición (Drucker).
4.Carlson, Haire, Campbell y Mintzberg coinciden: se ha especulado mucho sobre las funciones del directivo y se ha estudiado poco lo que de verdad hace.
5.La figura del empresario quedó relegada en la ciencia económica por motivos filosóficos (una visión newtoniana de la economía) y apriorísticos (la primacía de los resultados).
Nadie discute que la dirección concentra, respecto a los demás elementos empresariales, un potencial competitivo que condiciona su éxito o su fracaso. Lo competitivo depende de su capacidad para explotar, combinar y potenciar los recursos de que disponga, y eso queda condicionado por la capacidad directiva.
El espejismo del directivo generalista
Si esta afirmación es correcta, también lo es que cada empresa tiene una actividad diferente, con objetivos distintos, al abarcar diferentes sectores de producción. Hasta hace poco tiempo se creía que los conocimientos de un directivo para dirigir empresas eran generalistas. Desde esta óptica, el directivo era versátil: acomodaba sus experiencias a cada tipo de empresa, independientemente de su objeto.
Esta creencia produjo considerables pérdidas en EE. UU., donde, desde la segunda mitad de los años cincuenta, proliferaron directivos formados en Derecho o en finanzas, lo que constituyó uno de los motivos del declive norteamericano en las décadas siguientes.
En vez de promover e impulsar las tecnologías del producto y de los procesos de la empresa, los directivos optaron por ocuparse de aquellas materias en las que eran expertos: bien la gestión de la tesorería, bien los procesos de fusión y adquisición.
El resultado fue una reducción continuada de la productividad empresarial norteamericana frente al auge imparable de la japonesa, como expone Abernathy[1].
La dirección, recurso crítico y escaso
Frente a ello, nuevos estudios pusieron de manifiesto la necesidad de sustituir la dirección clásica por otra que obligue a conocer la naturaleza de la organización, la importancia de la tecnología y las capacidades de producción.
A partir de entonces, la dirección comenzó a considerarse el recurso más crítico y escaso de las empresas. A ella se deben nuevas formas organizativas, como las estructuras divisionales[2], que fomentaron en su momento la explotación de economías de escala y de gama.
La dirección tiene que ver con la asignación, la coordinación y la movilización de los recursos con los que cuenta cualquier actividad organizada[3].
La aparición de la gerencia como institución social es un hecho insólito por la rapidez de su configuración y de su establecimiento. Rara vez en la historia de las sociedades una institución ha mostrado su necesidad tan rápidamente, con tan poca oposición y con tan escasa controversia.

La gerencia, como institución social básica, posee dos connotaciones:
1. Es consecuencia de la civilización.
2. Es materialización de creencias y valores de Occidente, como la de tener control sobre la subsistencia del hombre mediante la organización sistemática de los recursos económicos. Esa tarea está encomendada a los gestores, como órgano de la sociedad responsable de hacer productivos los recursos (Drucker, 2011: 11-12)[4].
Lo que de verdad hacen los directivos
Existen muchos trabajos que estudian el puesto directivo, pero muy pocos profundizan en él. Se reiteran generalizaciones sin más sistemática que resaltar aspectos muy concretos, omitiendo otros decisivos y complejos y privando así al estudio del rigor preciso.

Sune Carlson (1951)[5], profesor de la Escuela de Economía de Estocolmo, en la presentación de su estudio sobre cómo repartían su tiempo nueve directivos suecos, declaró:
«Esta literatura se preocupa más por las especulaciones generales sobre las funciones de los ejecutivos que por la descripción de lo que de hecho hacen […]».
Tesis reiterada por Mason Haire (1959)[6]:
«Se sigue prestando mucha mayor atención al comportamiento y motivaciones de los trabajadores a destajo y administrativos […]. Prácticamente carecemos de estudios sobre lo que hacen en realidad los directivos […]».
Indefinición argumentada en el estudio de Campbell y sus colaboradores (1970: 476)[7]:
«[…] El impedimento radica, naturalmente, en nuestra incapacidad actual para definir y medir los requisitos de la tarea directiva. La descripción del comportamiento laboral directivo sigue a un nivel infinitamente primitivo. El campo del comportamiento directivo sigue siendo una masa esencialmente indefinida».
El problema en que incurre la literatura, incluso cuando se construye sobre estudios sistemáticos, es la tendencia a centrarse en un aspecto del directivo excluyendo todos los demás.
Para Mintzberg, existen muchos trabajos sobre el directivo como líder y como promotor de decisiones, pero en pocas ocasiones se reúnen ambas facetas para generar una visión global del trabajo (1991: 31)[8].
La figura olvidada del empresario
La idea del empresario y del empresariado surge en el pensamiento económico con gran dificultad. Matiza Raga Gil que la figura del empresario no siempre fue conocida y comprendida[9], aun tratándose de una figura clave para la subsistencia de las empresas.
Es más, resulta inexplicable, como razona Mark Blaug, que la ciencia de la empresa no haya dedicado estudios a figura tan esencial, y en ello encuentra una razón que explica vacíos tan significativos[10].
Sin duda, el recorrido histórico que se expondrá en un estudio posterior mostrará que los motivos son filosóficos y apriorísticos: los primeros responden a una concepción newtoniana de la sociedad y de la economía[11]; los segundos, a una priorización intelectual dirigida a los resultados económicos finales, sin atender a otros fenómenos que no sean materialización de la productividad.
📚 Para seguir leyendo
1. El origen de la tesis. Hayes, R. H., y Abernathy, W. J. (1980): «Managing Our Way to Economic Decline», Harvard Business Review, 58 (4), pp. 67-77. Es el artículo que atribuyó el declive industrial estadounidense a la primacía de directivos formados en finanzas y Derecho sobre los de formación técnica y productiva.
2. El nacimiento de la estructura divisional. Chandler, A. D. (1962): Strategy and Structure: Chapters in the History of the American Industrial Enterprise, Cambridge (Mass.): MIT Press. Estudia cómo DuPont, General Motors, Standard Oil (Nueva Jersey) y Sears, Roebuck adoptaron la organización por divisiones: la estructura sigue a la estrategia.
3. Lo que hacen los directivos. Mintzberg, H. (1973): The Nature of Managerial Work, Nueva York: Harper & Row (trad. esp.: La naturaleza del trabajo directivo, Barcelona: Ariel). Repasa la literatura anterior, con el estudio de Carlson a la cabeza, y observa directamente la jornada de cinco directores generales.
4. Un antecedente español. Mercado, T. de (1571): Suma de tratos y contratos, Sevilla: Hernando Díaz (primera versión: Salamanca, 1569). El dominico analiza la práctica de los mercaderes de Sevilla y las Indias: crédito, cambios y precios. Es un buen punto de partida para la historia del empresario que esta entrada deja pendiente.
5. El directivo en la Administración. El artículo 13 del texto refundido del Estatuto Básico del Empleado Público (Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre) regula el personal directivo profesional: su designación atenderá a principios de mérito y capacidad y a criterios de idoneidad, y su gestión se evaluará con criterios de eficacia, eficiencia, responsabilidad y control de resultados.
Notas
- Abernathy, W. J., y Wayne, K. (1974): «Limits of the Learning Curve», Harvard Business Review, 52 (5), pp. 109-119. Sobre la relación entre el directivo financiero o jurista y el declive industrial estadounidense, véase también Hayes, R. H., y Abernathy, W. J. (1980): «Managing Our Way to Economic Decline», Harvard Business Review, 58 (4), pp. 67-77. ↩
- Daft, R. L. (2010): Teoría y diseño organizacional, México D. F.: Cengage Learning; Bueno Campos, E. (2007): Organización de empresas. Estructura, procesos y modelos, Madrid: Pirámide, pp. 233 y ss.; y De Miguel Fernández, E. (2005): Introducción a la gestión (management), Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, p. 258. Sobre el origen histórico de la forma divisional, Chandler, A. D. (1962): Strategy and Structure, Cambridge (Mass.): MIT Press. ↩
- Cuervo García, Á. (2008): Introducción a la administración de empresas, Madrid: Civitas, pp. 140-141. ↩
- Drucker, P. F. (2011): La práctica del management, Madrid: Ciro Ediciones, pp. 11-12 (ed. original: The Practice of Management, Nueva York: Harper & Brothers, 1954). ↩
- Carlson, S. (1951): Executive Behaviour: A Study of the Work Load and the Working Methods of Managing Directors, Estocolmo: Strömbergs. ↩
- Haire, M. (ed.) (1959): Modern Organization Theory, Nueva York: Wiley. ↩
- Campbell, J. P., Dunnette, M. D., Lawler, E. E. III, y Weick, K. E. Jr. (1970): Managerial Behavior, Performance, and Effectiveness, Nueva York: McGraw-Hill, p. 476. ↩
- Mintzberg, H. (1991): La naturaleza del trabajo directivo, Barcelona: Ariel Economía, p. 31 (ed. original: The Nature of Managerial Work, Nueva York: Harper & Row, 1973). ↩
- Raga Gil, J. T. (1982), en Proceso económico y acción empresarial. Homenaje a Lucas Beltrán Flórez, Madrid: Moneda y Crédito, pp. 598-599. ↩
- Blaug, M. (1985): La teoría económica en retrospección, México: Fondo de Cultura Económica, p. 31. ↩
- Claver Cortés, E., Llopis Taverner, J., Lloret Llinares, M., y Molina Manchón, H. (1998): Manual de administración de empresas, 4.ª ed., Madrid: Civitas, p. 61. ↩
Publicado en este blog el 11 de enero de 2020. Revisado, corregido conforme a la OLE y adaptado a la plantilla actual el 17 de octubre de 2026. Imágenes: retrato de Frederick W. Taylor (Wikimedia Commons, dominio público) y Pixabay.
Cómo citar esta entrada
Lorenzo de Membiela, Juan B.: «Lo directivo y lo cuasi directivo (micro-ensayo)», Sucesos Contemporáneos. Disponible en: https://membielaguitian.blogspot.com/2020/01/lo-directivo-y-lo-cuasi-directivo-micro.html
Sobre el autor
Juan B. Lorenzo de Membiela
Doctor en Derecho · Universidad de Valencia
Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con fuentes académicas y autorizadas.
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