Lazo negro
In memoriam víctimas de Urda (Toledo)

jueves, 12 de abril de 2012

Aniquilamiento del espíritu

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Aniquilamiento del espíritu

Usar el sufrimiento ajeno y desechar después al que sufre: frente a ese materialismo, el Bushido exalta la bondad hacia los débiles y la democracia reclama honor y responsabilidad.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 7 min de lectura

Samurái fotografiado por Raimund von Stillfried
Raimund von Stillfried, Samurái (h. 1870-1880). Fotografía de dominio público. Fuente

Sinopsis

Idea principalConclusión
El competidor del enemigoLorenz: lo que amenaza a una especie no es su depredador, sino el competidor de este.
Del animal a la sociedadSe usa el sufrimiento ajeno para fines propios y luego se desecha al afligido.
Una conducta sin códigoNingún texto contemporáneo la condena expresamente; el Bushido, sí.
La bondad del samuráiConmoverse ante la desgracia es fuente de belleza y deber del fuerte.
Reparar no rindeLa reparación del daño se ignora porque no genera rédito.
La cosificación de la personaSometer lo espiritual a lo material degrada la dignidad.
Eternidad frente a lo efímeroEl idealismo japonés mira a lo perenne; el materialismo occidental, a lo pasajero.
El gobierno de los mansosEl conformismo social es la antesala de lo pretotalitario.
Silenciar al idealistaComo la psiquiatría soviética, se busca destruir al disidente.
Sin honor ni responsabilidadUna sociedad así es maleable y pone en riesgo la democracia.
Democracia y deberesLos derechos solo se sostienen si se asumen las responsabilidades.
La hora del liderazgoSolo prosperará sobre la verdad generosa y no sobre la mentira egoísta.

I. El competidor del enemigo

Konrad Lorenz explica que lo que amenaza la existencia de una especie animal no es el enemigo que se alimenta de ella, sino siempre el competidor de ese enemigo. Lo expone en su obra Sobre la agresión: el pretendido mal1. Cuando el hombre llegó a Australia, lo hizo con una especie de perro, el dingo. Una vez revertido a su estado salvaje, el animal no acabó con ninguna de las especies que le servían de sustento, pero sí con otras, como los grandes marsupiales carnívoros que consumían el mismo alimento.

Tilacino en el zoo de Hobart en 1928
Tilacino o «tigre de Tasmania», uno de los grandes marsupiales carnívoros desaparecidos del continente australiano, en el zoo de Hobart (1928). Fotografía de dominio público. Fuente

II. El sufrimiento ajeno como mercancía

Lejos del plano etológico y cerca del social, se constata una transposición de ese ejemplo. El uso del sufrimiento ajeno para alcanzar fines propios, para desechar luego al afligido como mercancía usada, se ha visto, por desgracia, en varias ocasiones. Es una práctica rechazable, que responde solo a un materialismo que ejecuta la máxima de que todo vale para alcanzar el fin: el poder, el beneficio, la ventaja oportunista. Este hecho es reprobable. No cabe en una formación moral mínima, pero no he visto ningún texto que lo recoja expresamente como regla o método de conducta. Al menos, en textos contemporáneos.

Sí se encuentra, en cambio, en un código tan lejano en su origen como el Bushido, el código del guerrero japonés, básico para entender la cultura de Japón en el pasado y en el presente: «la bondad hacia los débiles, los labriegos o los vencidos fue siempre exaltada como apropiada particularmente para un samurái» (Nitobe, 2005)2. La bondad doblega con su ascenso todo aquello que es un obstáculo para su fuerza, lo mismo que el fuego es vencido por el agua. Conmoverse por la desgracia es la fuente de la belleza. Un hombre bueno está, por consiguiente, siempre afectado por el espectáculo de los que sufren y se encuentran en el dolor.

Bushido: las virtudes del samurái

Rectitud. Decidir sin vacilar lo que la razón exige.

Valor. Hacer lo que es justo, no temerario.

Benevolencia. La bondad hacia los débiles, propia del fuerte.

Cortesía. Expresión del respeto por los sentimientos ajenos.

Sinceridad. La palabra del samurái no necesita juramento.

Honor y lealtad. La conciencia de la propia dignidad y el deber hacia los demás.

Nitobe Inazō, Bushido. El alma de Japón (1899)

Retrato de Nitobe Inazō
Nitobe Inazō (1862-1933), autor de Bushido. El alma de Japón. Fotografía de dominio público. Fuente

III. Materialismo frente a idealismo

Pero hoy, en nuestra sociedad, la reparación del mal que causó ese dolor se ignora y molesta al «adversario» y al «enemigo», porque no genera rédito alguno. Hay una decadencia en este proceder y un sometimiento de lo espiritual a lo material. Supone, en suma, una cosificación de la persona que degrada su dignidad. E, inversamente, la vileza beneficia a cualquier organización que da un paso atrás en la regeneración cívica, al asumir que sin conceptos morales todo es más asequible. Confrontadas ambas situaciones, el idealismo nipón se proyecta hacia la eternidad, mientras que el materialismo occidental se proyecta hacia lo efímero.

IV. El conformismo y el aniquilamiento del disidente

El idealismo es peligroso por lo que supone de desafío frente a lo comunitario. En el conformismo de la sociedad reside el arte de la gobernación: el gobierno de los mansos. Un conformismo aletargado hace al terror menos violento e ideológicamente menos explícito. Estadio fecundo, puerta de lo pretotalitario. Un clima social enmudecido acaba legitimando cualquier exceso político (Arteta, 2010)3. Este es el peligro de la falta de libertad de comunicación y de pensamiento.

Hay que callar anímicamente al idealista y destruirlo socialmente: la «solución final». Opción pulcra, impune, abyecta. Al estilo de las prácticas soviéticas de «curación» o «reeducación», que perseguían distorsionar, debilitar y destruir las funciones mentales de los disidentes. La divergencia fue temida, y se trató de eliminarla con fármacos o con el miedo a los fármacos. En esa práctica se constató un uso abyecto de la ciencia y una degradación médica que ignoró su código deontológico por miedo al poder (Levi, 2000)4 o por complicidad con él.

La ingeniería del aniquilamiento del espíritu es multiforme, y hoy también se emplea. Es una lucha que tiene un principio y un final, siempre con una víctima, pero en la que intervienen propios y extraños. Una sociedad, y más en crisis, necesita anecdotarios escandalosos para justificar lo que ya está degradado. Poco importa lo auténtico; solo importa lo accesorio. Lo verdadero es el fundamento de la libertad, pero hay miedo a ser libre, porque al serlo se asumen obligaciones en una comunidad en la que el bien y el mal no existen como categorías concretas.

V. Honor, responsabilidad y democracia

Cuando la responsabilidad como concepto moral se difumina, también lo hace el concepto de honor. Este es un bien que se refiere a la estimación de la persona en la sociedad y por la sociedad. Tiene un aspecto íntimo y personal, que consiste en la estimación de la propia dignidad por ajustar la vida y la conducta a un patrón moral que la comunidad, mayoritariamente, estima honesto y honrado. Cuando lo mayoritario en la sociedad no responde a esos conceptos sino a otros, todo queda modulado de otro modo, diferente y distinto de lo que ha sido, pero que ya no es. Sin honor y sin responsabilidad, es fácil constatar lo maleable que resulta la sociedad y, con ello, queda cuestionada la esencia misma de la democracia, porque, como declara Pieter Droist5:

«Con demasiada frecuencia, la democracia se ha identificado con los derechos populares, aunque en realidad la democracia se ha levantado gracias a la responsabilidad política y social de todos los ciudadanos. Tanto en lo que se refiere al Estado como a la comunidad de estados, la sociedad democrática, que se basa en el respeto a los derechos humanos de todas las personas y a los derechos naturales de todos los pueblos, solo puede asegurarlos y mantenerlos cuando la responsabilidad política, económica y social que corresponde a esos derechos se respeta plenamente […]».

Más preocupante es que en el Foro de Davos, en enero de 2012, se planteara la operatividad de la democracia en un escenario de crisis que exige un gran sacrificio social6. Sin duda, es la hora del liderazgo, y este solo prosperará cuando se construya sobre la verdad generosa y no sobre la mentira egoísta.

Notas

  1. Lorenz, K. (1971): Sobre la agresión: el pretendido mal, México: Siglo XXI. ↩
  2. Nitobe, I. (2005): Bushido. El alma de Japón (ed. española). ↩
  3. Arteta, A. (2010): Mal consentido. La complicidad del espectador indiferente, Madrid: Alianza. ↩
  4. Levi (2000). ↩
  5. Droist, P. ↩
  6. Foro Económico Mundial, reunión anual de Davos, enero de 2012. ↩

Para seguir leyendo

  • Arteta, A. (2010): Mal consentido. La complicidad del espectador indiferente, Madrid: Alianza.
  • Bloch, S. y Reddaway, P. (1977): Psychiatric Terror. How Soviet Psychiatry Is Used to Suppress Dissent, Nueva York: Basic Books.
  • Lorenz, K. (1971): Sobre la agresión: el pretendido mal, México: Siglo XXI.
  • Nitobe, I.: Bushido. El alma de Japón (ed. española).

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).

Cómo citar esta entrada

Lorenzo de Membiela, Juan B.: «Aniquilamiento del espíritu», Sucesos Contemporáneos. Disponible en: https://membielaguitian.blogspot.com/2012/04/se-acerca-lo-inminente-4-min.html

Sobre el autor

JLM

Juan B. Lorenzo de Membiela

Emblema de la Universitat de ValènciaDoctor en Derecho · Universidad de Valencia

Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con fuentes académicas y autorizadas.

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