Mostrando entradas con la etiqueta Historia de España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia de España. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de septiembre de 2026

Napoleón, Fernando VII y la Constitución de 1812

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Napoleón, Fernando VII y la Constitución de 1812

Un reinado que no se entiende sin la Revolución francesa, la ocupación napoleónica y la pugna entre absolutismo y liberalismo. Una lectura a contracorriente de la unanimidad.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela

Francisco de Goya, Fernando VII con manto real (1814-1815). Madrid, Museo del Prado.
Francisco de Goya, Fernando VII con manto real (1814-1815). Madrid, Museo del Prado. Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
Revisión crítica de Fernando VIIEs necesario analizar su figura de forma más matizada y contextual.
Influencia del entorno y carácter del reySu comportamiento político debe entenderse desde su experiencia personal e histórica.
Crisis del Antiguo RégimenLa monarquía atraviesa una crisis estructural sin precedentes.
Dificultad de adaptación históricaEl conflicto entre tradición y modernidad genera tensiones políticas.
Estrategia de supervivencia políticaLa actuación política de la época estuvo guiada por la necesidad de supervivencia.
Impacto de la Revolución francesaLos ideales revolucionarios se ven desacreditados por su aplicación violenta.
Contradicción de los ideales revolucionarios francesesExiste una ruptura entre teoría política y práctica real.
Ascenso de NapoleónLa revolución desemboca en una forma de poder autoritario.
Debilitamiento de EspañaEspaña entra en un periodo de decadencia estratégica.
Inestabilidad política internaLa debilidad interna favorece la intervención externa.
Intervención napoleónicaEspaña pierde temporalmente su soberanía política.
Resistencia popularExiste una fuerte identidad monárquica en la sociedad.
Origen de la Constitución de 1812La Constitución es una respuesta política a la crisis de España.
Carácter liberal de la ConstituciónSupone una ruptura con el absolutismo tradicional.
Reformas institucionalesSe impulsa una modernización del sistema político y social.
Rechazo a la ConstituciónLa Constitución genera conflictos internos.
Conflicto entre liberalismo y absolutismoEspaña vive una inestabilidad política continua.
Importancia del contexto históricoNo se puede juzgar al monarca sin considerar los contextos.

Cronología, 1789-1828

1789Revolución francesa
Toma de la Bastilla
1793Luis XVI guillotinado
Guerra de la Convención
1795Paz de Basilea
Cesión de Santo Domingo
1797Cabo de San Vicente
27 navíos frente a 15
179918 de brumario
Napoleón, primer cónsul
1805Trafalgar
21 de octubre
1807Fontainebleau
Conjura de El Escorial
1808Aranjuez y Bayona
José I, rey de España
1812Constitución de Cádiz
19 de marzo
1813Tratado de Valençay
11 de diciembre
1814Decreto de Valençay [(Indre)  (Francia)]
4 de mayo. Vuelta al absolutismo. Derogación de la Constitución de Cádiz de 1812
1820Pronunciamiento de Riego
Trienio liberal
1823Cien Mil Hijos de San Luis
El rey, a Sevilla y Cádiz
1827Viaje a Cataluña
Albacete, 24 de septiembre

I. Contexto

Mucho se ha escrito sobre Fernando VII, y todo malo. Tanta coincidencia no me dice nada y me convence menos.

No suelo guiarme por unanimidades para formar opiniones. Y por muchos motivos: unos, porque la unanimidad es resultado frecuente de la complacencia; otros, porque el mimetismo evita discrepancias siempre inoportunas: la inacción no aportará nada positivo, pero evita la huella de la disidencia.

El reinado de Fernando VII se encuentra estrechamente vinculado a las tramas e intrigas palaciegas que concurrían bajo el reinado de Carlos IV y la reina María Luisa, que, sin duda, motivaron en él un carácter taciturno y desconfiado.

Francisco de Goya, La familia de Carlos IV (1800). Fernando, entonces príncipe de Asturias, viste de azul a la izquierda del cuadro; en el centro, la reina María Luisa. Museo del Prado.
Francisco de Goya, La familia de Carlos IV (1800). Fernando, entonces príncipe de Asturias, viste de azul a la izquierda del cuadro; en el centro, la reina María Luisa. Museo del Prado. Fuente.

También lo está muy unido al contexto histórico de su reinado, nacional y extranjero.

Fue testigo de una crisis sistémica como jamás habían visto sus antepasados. Toda la estructura de la monarquía absolutista —la que hasta entonces existía en los países occidentales— se tambaleó en España y en Europa con nuevas ideas que reconocían más derechos y libertades a los representantes de los ciudadanos, en detrimento de las clases dirigentes y de los deberes. Y, sobre todo, cuestionaban el carácter divino de la majestad, sometiendo al rey a un pacto con su pueblo bajo otra concepción de monarquía .

Hoy es normal verificar estas formas políticas. Hace más de doscientos años la mentalidad era otra, y los acontecimientos que la hicieron surgir, particularmente en Francia, generaban espanto en una sociedad española en donde las instituciones tenían carácter secular y el transcurso del tiempo había forjado costumbres centenarias.

Sin duda, ante el caos moral, político e institucional1  que producían los aires de un llamado progreso, solamente cabía una forma de no dejarse atropellar por los acontecimientos: asumir una flexibilidad y una capacidad de adaptación acordes con las circunstancias que prevalecían en cada momento, sin sujeción a antecedentes. La palabra más precisa para definir este modo de actuar no es otra que supervivencia.

II. Sucesos extranjeros que amenazan la armonía institucional y social imperante en España

La fuerza de las ideas y la personificación feroz que adoptaron dejaron estupefacto al resto de Europa. Más aún a España, donde seguían vigentes los Pactos de Familia entre ambas monarquías borbónicas.

Las ideas enciclopedistas francesas culminan con la Revolución de 1789. El rey Luis XVI es guillotinado el 21 de enero de 1793, y el país se sume en la barbarie del Terror a manos del sector más radical de los jacobinos, junto a los sans-culottes, marginados urbanos, desde junio de 1793 hasta julio de 1794. Ejecuciones sumarias contra todo vestigio del Antiguo Régimen, sea por complicidades explícitas, sea por delaciones anónimas casi nunca justificadas y siempre indebidamente fundamentadas.

Las purgas indiscriminadas se intensificaron entre junio y julio de 1794, lapso llamado la Grande Terreur (el Gran Terror), a manos del Comité de Salvación Pública.

Sí, se promulgaron los derechos del hombre y los principios de libertad, igualdad y fraternidad, pero esta declaración de principios se agotó en su propia redacción sin trasladarse al terreno de la práctica. Más bien constituyeron excusas propiciatorias que alentaron la barbarie. Los tribunales revolucionarios dictaron unas 17.000 condenas a muerte —cerca de 2.600 guillotinados solo en París—, y el total de víctimas del Terror, contando ejecuciones sumarias y muertes en prisión, se estima entre 35.000 y 40.0002, incluido el estamento clerical3.

Es la pugna constante entre la sinceridad política y el oportunismo personalista, que siempre produce una igualdad de mínima excelencia, como todo lo que procede de la devastación.4

El golpe de Estado del 9 de termidor (27 de julio de 1794) derriba a Robespierre y abre una reacción contra los excesos cometidos. La Constitución del año III (1795), que sustituyó a la de 1793 —jacobina y nunca aplicada—, instituye el Directorio, nueva forma de gobierno, y modera la radicalización alcanzada. En 1799, ante la inestabilidad política, Napoleón Bonaparte ejecuta el golpe de Estado del 18 de brumario (9 de noviembre), por el que es nombrado primer cónsul de la República.

Jacques-Louis David, Napoleón en su gabinete de las Tullerías (1812). Washington, National Gallery of Art.
Jacques-Louis David, Napoleón en su gabinete de las Tullerías (1812). Washington, National Gallery of Art. Fuente.

Desde la proclamación de la República y la Convención, siguiendo con el Directorio, el Consulado y, por último, la proclamación del Imperio (1804), Francia se enfrenta a toda Europa y derrota a los ejércitos de las potencias extranjeras5.

La causa de esta hostilidad fue la ejecución de Luis XVI, que precipitó la ampliación de la primera de las siete coaliciones formadas por distintas monarquías europeas.

En la primera, España, Inglaterra, Prusia, Piamonte y Austria combatieron contra la Francia revolucionaria en 1793.

En España, durante la guerra de la Convención (1793-1795), los franceses conquistan el norte de Cataluña, tomando Figueras, y entran en las Provincias Vascongadas, ocupando San Sebastián, Bilbao y Vitoria, además de parte de Navarra.

La Paz de Basilea (22 de julio de 1795) cierra el conflicto con Francia: España cede la parte española de la isla de Santo Domingo. La Luisiana no se cedería a Francia hasta el Tercer Tratado de San Ildefonso (1800), que Napoleón vendió a los Estados Unidos en 1803.

Inglaterra queda aislada en la lucha contra los revolucionarios franceses tras la paz entre España y Francia. En el Tratado de San Ildefonso de 1796, España se alía con Francia frente a Inglaterra, lo que ocasiona el combate del cabo de San Vicente (Portugal), el 14 de febrero de 1797. Esta batalla fue el primer aviso de una descomposición del poderío naval español y del militar en general. Veintisiete navíos españoles fueron vencidos por quince ingleses en una derrota ininteligible.

La neutralidad española con Inglaterra se alcanza con la paz de Amiens de 1802, aunque España tuvo que comprar su derecho a la neutralidad pagando a Napoleón un elevado subsidio mensual  que, para John Lynch, ascendía a 6 millones de francos.

Robert Cleveley, La batalla del cabo de San Vicente, 14 de febrero de 1797. Greenwich, National Maritime Museum.
Robert Cleveley, La batalla del cabo de San Vicente, 14 de febrero de 1797. Greenwich, National Maritime Museum. Fuente.

Le siguió otra, la de Trafalgar (21 de octubre de 1805), consecuencia lejana de un acto de piratería inglesa: el ataque, sin declaración de guerra, a las fragatas españolas que traían caudales del Río de la Plata (combate del cabo de Santa María, 5 de octubre de 1804), que llevó a España a declarar la guerra a Inglaterra en diciembre de ese año. Por el Tratado de San Ildefonso, renovado por el convenio de París de 4 de enero de 1805, Francia está coaligada con España; de ahí que ambas armadas se enfrentaran a la inglesa y que la escuadra española de Gravina quedara bajo las órdenes del almirante francés Villeneuve.

En 1795, Francia se anexa los Países Bajos austriacos (actual Bélgica) y convierte las Provincias Unidas en la República Bátava, Estado satélite; la orilla izquierda del Rin se incorpora entre 1797 y 1801. Entre 1796 y 1797 logra la rendición del Piamonte, los Estados Pontificios y Austria. En 1800, Austria es de nuevo vencida en Marengo y Hohenlinden. En 1805 conquista Génova y vence al ejército austro-ruso en la batalla de los Tres Emperadores, en Austerlitz (Moravia)6.

En 1806, Napoleón derrota a Prusia en la batalla de Jena. En 1810, dominaba, directa o indirectamente, la mayor parte de la Europa continental; fuera de su control quedaban Inglaterra, Rusia, Portugal y la España que resistía. Conquistas que provocan una diseminación de las ideas enciclopedistas de la Revolución francesa7.

III. Sucesos internos causados por la actividad propagandística en España

Fue el conde de Floridablanca quien oportunamente desplegó medidas de contrapropaganda —el llamado cordón sanitario—, controlando todo el correo y la mercancía procedentes de Francia, porque casi todo ello traía referencias a un nuevo orden que destilaba odio y sangre. 

Floridablanca era hombre ilustrado y representante de las ideas del Antiguo Régimen, ampliamente compartidas por el pueblo y la mayoría del ejército. Solamente una parte de las élites ilustradas simpatizaba con las ideas revolucionarias.

Calificó de vergonzoso el pacto de Luis XVI con los revolucionarios y optó por una política equidistante entre la intervención directa en Francia y un distanciamiento prudente.

No tenía pocos enemigos. Desde 1777 había capeado distintas acechanzas; las más importantes, las de Aranda y Campomanes, a las que se sumó la reina María Luisa en favor de su favorito, Godoy8. Especial referencia merece el marqués de Manca, que llegó a ofrecerse a Georges Danton, uno de los líderes de la Revolución francesa, proponiéndole la invasión de España.

El 28 de febrero de 1792, Carlos IV cesa a Floridablanca9. Lo sustituye Aranda, a quien Carlos IV confía la misión de salvar la vida de su primo Luis XVI10. Su acercamiento a los franceses no produjo los resultados previstos, y en noviembre de ese año fue relevado por Godoy.

Por distintas causas, una de ellas la influencia de Napoleón11, Godoy es cesado en 1798 y sustituido por Saavedra. Tras distintos intentos reformistas frustrados, en 1801 regresa Godoy al poder, esta vez a disposición de Napoleón12. Las palabras empleadas por Ruiz Torres son: «La política de Godoy fue de sumisión casi total al flamante nuevo emperador de Europa […]»13.

En la búsqueda de una salida personal «apropiada» para cuando Fernando VII ocupara el trono (dada la animadversión entre ambos), se llega al Tratado de Fontainebleau, el 27 de octubre de 1807. Se acuerda que las tropas francesas cruzarían España para conquistar Portugal. El propio Godoy, príncipe de la Paz, pretende la adjudicación de una parte del territorio para instaurar su principado en la zona de los Algarves14.

El complot de Fernando VII, todavía príncipe de Asturias, junto a algunos notables , ocasionó la conjura de El Escorial, descubierta el 27 de octubre de 1807. Ante la contundencia de los hechos , Fernando VII se vio obligado a pedir perdón  a sus padres el 5 de noviembre. El apaciguamiento familiar  se consiguió acordando el cese inmediato de Godoy para cuando aconteciera la muerte de Carlos IV. Estos hechos advirtieron a Napoleón de un clima familiar que era tóxico. No lo desaprovechó y optó por ocupar España y, con ella, sus posesiones ultramarinas: entre noviembre de 1807 y marzo de 1808 sus tropas se asentaron en la Península.

El 17 de marzo de 1808 se produce el motín de Aranjuez: el partido fernandino pretende instituir como rey a Fernando VII. Consecuencia de él fue la caída de Godoy, que hasta entonces dirigía la política del país bajo el interés de Napoleón.

Carlos IV, el 19 de marzo de 1808, abdica en su hijo Fernando VII, aunque días después declara nula la abdicación con la justificación de que fue forzado a hacerla.

Fernando VII entra en Madrid el 24 de marzo de 1808, y Napoleón decide trasladar a la familia real a Bayona para resolver sus diferencias.

El 20 de abril, Fernando VII entra en Bayona, aunque las órdenes del emperador eran detener al monarca para que asistiera a la entrevista si mostraba alguna resistencia. Esta orden expresaba la desconfianza de Napoleón hacia el joven monarca.

F. Pérez (h. 1846), Las abdicaciones de Bayona. Grabado.
F. Pérez (h. 1846), Las abdicaciones de Bayona. Grabado. Fuente.

Las abdicaciones de Bayona se consuman entre el 5 y el 6 de mayo de 1808: Carlos IV cede sus derechos a Napoleón el día 5 y, al día siguiente, Fernando VII devuelve la corona a su padre. Napoleón la ofrece a su hermano José I, que es proclamado rey de España y de las Indias el 6 de junio.

El nuevo monarca promulga el Estatuto de Bayona (6 de julio de 1808), que concedía algunos derechos a los ciudadanos, en un gesto para atraerse a los ilustrados españoles y ganar adeptos a su causa.

La Revolución francesa se había instaurado en España sin gastar munición y sin sublevar a las masas. El pueblo llano y el ejército eran profundamente partidarios de su rey, pero los momentos fueron hábilmente medidos por las minorías liberales, lo que dio lugar a la Constitución de Cádiz de 1812. Se ha discutido entre autores si la masonería tuvo una influencia decisiva  o solo testimonial. De manera formal, las Cortes de Cádiz mantuvieron una postura de rechazo institucional hacia esta organización, condenándola y prohibiéndola, sin embargo, aportaciones historiográficas han demostrado la intervención de miembros suyos en las comisiones de estudio, como Agustín Argüelles, Martínez de la Rosa, Muñoz Torreno -clérigo-, Toreno, Calatrava y Mejía Lequerica, como sostiene el profesor Alberto Bárcena en su obra La pérdida de España. De la Hispania Romana al reinado de Alfonso XIII.

IV. La Constitución de 1812 y Fernando VII

Ante el vacío de poder en ausencia del monarca legítimo Fernando VII, se crean las juntas provinciales, que gestionan la soberanía real. Las coordina la Junta Suprema Central Gubernativa desde el 25 de septiembre de 1808, sustituida luego por el Consejo de Regencia de España e Indias, instalado el 31 de enero de 1810. Las Cortes lo relevaron por una segunda regencia el 28 de octubre de 1810, y esta, el 21 de enero de 1812, por la llamada Regencia del Reino, de cinco miembros.

Salvador Viniegra, La promulgación de la Constitución de 1812 (1912). Cádiz, Museo de las Cortes.
Salvador Viniegra, La promulgación de la Constitución de 1812 (1912). Cádiz, Museo de las Cortes. Fuente.

El 19 de marzo de 1812, las Cortes de Cádiz promulgan la Constitución, que establece el Estado liberal en España.

De su obra legislativa derivan las siguientes instituciones y reformas:

  1. Abolición del régimen señorial. Se suprimen los señoríos jurisdiccionales, reminiscencia feudal (6 de agosto de 1811)
  2. Tribunal Supremo. Se crea el Supremo Tribunal de Justicia (17 de abril de 1812)
  3. Consejo de Estado. Se crea el Consejo de Estado (21 de enero de 1812)
  4. Supresión de los Consejos. Desaparecen los antiguos Consejos, instituciones de apoyo de los monarcas de España (17 de abril de 1812)
  5. Tribunal especial de las Órdenes militares. Sustituye al Consejo de Órdenes (17 de abril de 1812)
  6. Administración local. Se racionaliza con normas para ayuntamientos y diputaciones provinciales (23 de mayo de 1812)
  7. Inquisición. Se suprime el Santo Oficio (22 de febrero de 1813)
  8. Libertad económica. Abolición de los gremios e implantación de la libertad económica, comercial, de trabajo y de fabricación (8 de junio de 1813)

La Constitución de 1812 era un texto constitucional de carácter liberal que siguió en muchos puntos a la Constitución francesa de 1791, heredera de la Declaración de derechos de 1789, de la que a veces toma redacciones casi literales: véanse los capítulos III y IV del título II, semejantes a los títulos III y II del texto francés.

Además, incorpora principios del constitucionalismo inglés, como la separación de poderes.

Reconocía la soberanía nacional («La soberanía reside esencialmente en la Nación», art. 3), la sumisión del rey a las Cortes y la negación de todo carácter absoluto de la monarquía.

Todas estas disposiciones causaron el rechazo del monarca y de la masa del pueblo, que era realista incondicional.

El 11 de diciembre de 1813 se firma el Tratado de Valençay, por el cual se da por terminada la guerra entre España y Francia, y Napoleón reconoce como rey de España a Fernando VII.

Sin embargo, la Regencia del Reino subordinaba el reconocimiento del monarca al juramento de la Constitución (decreto de las Cortes de 2 de febrero de 1814), hecho que de por sí constituía una afrenta abierta al rey.

En los años siguientes confluyó un cúmulo de incidentes entre realistas y liberales que motivaron la salida impuesta de Madrid de Fernando VII en 1823. Su itinerario: de Madrid a Sevilla y de allí a Cádiz, para evitar que los Cien Mil Hijos de San Luis, al mando del duque de Angulema, lo liberaran y lo restituyeran como rey absoluto.

Fernando VII en Albacete

Estos viajes, realizados en 1823 y en 1827-1828, han sido estudiados por los profesores Emilio La Parra López, Francisco Sevillano Calero y Emilio Soler Pascual, de la Universidad de Alicante, que publicaron el libro Diarios de viaje de Fernando VII (1823 y 1827-1828) en 2013.

Los diarios fueron escritos por el secretario de cámara del monarca, Antonio Martínez de Salcedo y Membiela.

En el segundo de los viajes, el día 24 de septiembre de 1827 llega a Albacete a las 16:40. Abandona la ciudad a las dos de la madrugada del día 25 con dirección a Almansa. Su itinerario transcurre por Tinet, Castellón, Tarragona, Valencia, Tortosa, Vinaroz, Barcelona, Lérida, Zaragoza, Tafalla, San Sebastián, Bilbao, Vitoria, Burgos, Palencia, Valladolid, San Ildefonso, San Lorenzo y Madrid, adonde llega el 11 de agosto de 1828.

Leguas recorridas: 418 ½ · Distancia: 2325,4 km · Duración: del 22 de septiembre de 1827 al 11 de agosto de 1828

Notas

  1. Ruiz Torres, P. (2008): Reformismo e Ilustración, vol. 5 de Historia de España, dirs. J. Fontana y R. Villares, Barcelona-Madrid: Crítica/Marcial Pons. ↩
  2. Greer, D. (1935): The Incidence of the Terror during the French Revolution: A Statistical Interpretation, Cambridge (Mass.): Harvard University Press. Véase también el blog de André Boyer: «La Terreur, pour quoi faire?», en andreboyer.over-blog.com. ↩
  3. A diferencia de la Revolución americana o la suiza, que no necesitaron de genocidios. ↩
  4. Ello puede explicar por qué las tropas napoleónicas en España saquearon templos y valiosísimos archivos, incunables, pinturas y piezas preciosas de devoción cristiana. Como anécdota, el botafumeiro de plata de la catedral de Santiago, costeado según la tradición con una donación del rey Luis XI de Francia (1461-1483) y en uso desde 1554, fue sustraído por las tropas napoleónicas en 1809. El actual, obra del orfebre José Losada, data de 1851 y es de latón bañado en plata. ↩
  5. Una cronología más pormenorizada puede consultarse en remilitari.com. ↩
  6. Considerada una obra perfecta de táctica militar. ↩
  7. Vid. «Primer Imperio francés», en Wikipedia. ↩
  8. Aguado Bleye, P. y Alcázar Molina, C. (1964): Manual de Historia de España, Madrid: Espasa-Calpe, pp. 355-361. ↩
  9. Vid. Escudero, J. A.: Los orígenes del Consejo de Ministros en España, Madrid: Universidad Complutense, pp. 553 y ss. ↩
  10. García de Cortázar, F. y González Vesga, J. M. (2004): Breve historia de España, Madrid: Alianza. ↩
  11. García de Cortázar, F. y González Vesga, J. M. (2004): Breve historia de España, cit., p. 395. ↩
  12. Ruiz Torres, P. (2008): Reformismo e Ilustración, cit., p. 618. ↩
  13. Ídem, p. 619. ↩
  14. García de Cortázar, F. y González Vesga, J. M. (2004): Breve historia de España, cit., p. 395. ↩

Para seguir leyendo

  • La Parra López, E. (2018): Fernando VII. Un rey deseado y detestado, Barcelona: Tusquets.
  • La Parra López, E. (2002): Manuel Godoy. La aventura del poder, Barcelona: Tusquets.
  • La Parra López, E., Sevillano Calero, F. y Soler Pascual, E. (eds.): Diarios de viaje de Fernando VII (1823 y 1827-1828), Alicante: Universidad de Alicante.
  • Real Academia de la Historia: Diccionario Biográfico electrónico, entradas «Fernando VII», «Godoy y Álvarez de Faria, Manuel» y «Moñino y Redondo, José (conde de Floridablanca)», en dbe.rah.es.
  • Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: portal La Constitución española de 1812.

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público, salvo la fotografía de la obra de Viniegra, bajo licencia CC BY-SA 4.0).

miércoles, 12 de agosto de 2026

La decadencia de Roma

 La decadencia de Roma 

por Juan Lorenzo de Membiela 

I. El exotismo oriental 

Declarado el imperio por Octavio, conocido como Augusto, princeps civitatis, llamado por el Senado Imperator Caesar Divi Filius en el año 27 a. C., la Roma conquistadora de vastos territorios en Asia, Europa y África experimentó una decadencia destructiva que impregnó a todos los estamentos sociales y contaminó las instituciones públicas. La ruina de la agricultura y de las viejas costumbres, junto a la importación del exotismo y la exuberancia, el lujo y la concupiscencia griega, consiguió transformar a los romanos en enemigos de sí mismos y de Roma.


        Senado de Roma.  Fuente: Wikicommons 
    

Así lo expresó Cicerón cuando señaló a ese país, y a su sórdido refinamiento, como origen de todos estos males. Nos dice Lara Velado que los romanos, cuando conquistaron Oriente, aprendieron sus vicios y los llevaron a Roma… pero, como expongo en este breve estudio, con los mismos perjuicios que ocasionaron en el mundo helénico.

Los romanos, expone Montanelli, no creían ya en las instituciones democráticas y republicanas porque conocían su podredumbre y corrupción, aunque estaban apegados a las formas. Sobrevivían asidos a una ilusión que poco a poco naufragaba, sumergiéndose en un mar oscuro sin una esperanza clara.

El deshonor se extendió por todas partes: un crimen que suponía someter los intereses de la República a los intereses propios y egoístas. La palabra «honor» se vació de significado y, lo que es aún más grave, quienes rechazaban estas prácticas viciosas no eran tenidos por hombres dignos, sino por enemigos: se los aniquilaba o, en el mejor de los casos, se los desterraba.

Los desórdenes civiles, como explica Drioux, nacían en todas partes, aunque la culpable indiferencia, el confort de una dulce vida o, en todo caso, una soportable supervivencia hacían enmudecer a los ciudadanos ante la descomposición de las virtudes y los usos antiguos que anunciaban ruinas y desastres.

II. El abandono de los paterfamilias

Las buenas costumbres y la honrada vida familiar no eran más que cosas despreciables, y esta idea fue asumida por todos los estamentos que integraban la sociedad romana, explica Mommsen.

En épocas pasadas, la disciplina de las costumbres privadas había sido respetada por los jefes de familia o paterfamilias, pero en aquellos momentos faltaban a sus deberes y los despreciaban, pues muchos habían perdido la fe en el futuro de su sangre y estimaban vanos e inútiles todos los esfuerzos educativos y sacrificios. El contexto social favorecía esta dejación.

La pobreza fue considerada el peor de los vicios; no se concebía que alguien careciera de recursos para socorrer su existencia. Por dinero se conseguían grados en la milicia y votos en los jurados, escrituras de propiedad falsas y perjurios, tanto mejores cuanto mejor remunerados…

Los lazos familiares se relajaban con insólita prontitud. Los hábitos de embriaguez y de concúbito con meretrices y sodomitas se extendían por todas partes. En las familias más notables se cometían horrendos crímenes. El cónsul Cayo Calpurnio Pisón —un simple ejemplo de los sucesos de aquella época— fue envenenado por su mujer y su yerno para provocar nuevas elecciones consulares y favorecer que el joven ocupara la plaza de su suegro.

III. Cuando se deja de ser pueblo

Vicios morales, públicos y privados, como recoge Guglielmo Ferrero: el lujo, el ansia de placeres, la codicia, la pasión del juego, el espíritu de intriga y la rivalidad, el orgullo municipal generador de desigualdades oprobiosas, el adulterio, el robo, la idolatría, el aborto, la práctica del envenenamiento, el asesinato. Y, junto a todo ello, la exagerada soberbia de los ricos, una pequeña minoría, y la bajeza de los pobres, una gran muchedumbre. Vagancia y pereza, denunció Catón.

Por todas partes se encontraban pruebas del carácter adúltero y afeminado de las celebridades de la sociedad romana. Togas muy anchas que conferían una pomposa afectación. El cuidado esmerado de las uñas, la depilación del vello nasal y la desaparición del olor corporal. Tom Holland nos habla del aspecto oleoso de brazos y piernas, todos depilados. Ejemplos de esta relajación de costumbres pueden verse en las pinturas murales de Pompeya.

Entre tanta zozobra, hubo quienes recordaron que Roma supo ser bárbara sin los vicios de la barbarie y que, debido a esa disciplina, venció a tantos pueblos iguales o más civilizados, debilitados por los vicios de su propia civilización.

Eminentes oradores como Cicerón alegaron que el propio pueblo, cuando se hace injusto, deja de ser pueblo, porque ya no es sociedad formada al amparo del derecho y con el fin de promover el bien de la nación.

Por ello, los más nostálgicos de los tiempos pasados, cuando florecían las virtudes, clamaron por una restitución de la nobleza senatorial y de un orden ecuestre o équites que supiesen emplear las riquezas en beneficio del pueblo y no disiparlas en lujos y orgías.

Reclamaban una nueva construcción social que supiera dar al pueblo ejemplo de las virtudes que mantienen y protegen un imperio conquistado por las armas. Entre esas virtudes están la fecundidad, el espíritu de familia, la abnegación cívica, el valor militar, las costumbres severas, el esfuerzo y la superación de uno mismo, el comercio, la agricultura, la industria y la firmeza o templanza.

IV. ¿De qué sirven las leyes sin moral?

La reacción de Augusto ante esta depravación fue adoptar distintas medidas. Una de ellas fue la restauración de los antiguos santuarios. Como nos ilustra Pierre Grimal, Ático, amigo de Cicerón, no creía en los milagros de las divinidades, pero entendía que el sentimiento religioso era esencial para la comunidad. Algunos filósofos observaron que el abandono de lo sagrado provoca una perversión de la moral que anuncia el declive de las ciudades, la pérdida progresiva de su alma y, consiguientemente, su destrucción. Así lo expresa Montanelli: «la religión es siempre la proyección moral del pueblo».

Para salvaguardar la nación, Augusto restauró 82 templos, cuantifica Robin Lane Fox. Todavía pueden verse en Roma los restos del templo de Apolo Sosiano, en la Via del Teatro di Marcello. Se esforzó mucho en la restauración del gran templo de Júpiter Óptimo Máximo, Juno y Minerva, en la colina del Capitolio, hoy desaparecido, aunque se ha encontrado su base arquitectónica. Era el mayor de todos los templos existentes en Roma, con unas dimensiones de 50 × 60 m.

Adriano seguiría su ejemplo levantando varios templos más, entre ellos el Panteón de Agripa, situado en la actual Piazza della Rotonda. Su altura rebasa los 43 m, su interior inscribe una esfera perfecta y tuvo la mayor cúpula del mundo hasta el siglo XX. Fue de nuevo dedicado a los siete dioses celestes de la mitología romana: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno. Fue excluida una multitud de celebridades mitológicas importadas por las conquistas de lejanas tierras.

Junto a esta medida, se hizo necesario legislar sobre aspectos más particulares y personales, regulando la esfera privada.

De ahí el adagio de Horacio: quid leges sine moribus vanae proficiunt, ¿de qué sirven las leyes sin moral, sin buenas costumbres?

Y este otro que lo completa: ¿para qué sirve haber reconstituido la república si no se purifican las costumbres corrompidas?

Eran afirmaciones recitadas y escritas por autores, y constituían una petición expresa al príncipe para moralizar a las gentes.

Para exponer esa difícil tarea se dijo: indomitam audeat refrenare licentiam, atrévase a poner freno al libertinaje indómito.

¿Cómo se haría? Y, lo más importante, ¿quién lo llevaría a cabo?

Tito Livio, en su Historia de Roma, resaltó las virtudes clásicas romanas, pero no creía que volvieran a resurgir, por la inmensa fuerza que la corrupción mostraba en todos los aspectos de la vida ciudadana.

Muchos pedían a Augusto el dictado de leyes contra el celibato, contra el lujo, contra las malas costumbres. Anhelaban el restablecimiento de los antiguos censores, que velaban por la custodia de los buenos usos, pero Augusto era consciente de que la clase política y la aristocracia se encontraban contagiadas por esos vicios y no mostrarían interés alguno en asumir contención y templanza.


Sinopsis del estudio en 8 ideas:

  1. La decadencia es un proceso moral antes que institucional. No fallan las magistraturas ni las leyes: falla el carácter de quienes las ocupan. Todo el artículo descansa en esta prioridad, y de ella depende que el diagnóstico sea reversible o no.
  2. El vicio se importa. La corrupción no brota de dentro, llega con la conquista: exotismo, lujo y refinamiento oriental. Roma no se diluye por lo que le falta, sino por lo que trae de fuera.
  3. La virtud es disciplina y la disciplina distingue de la barbarie. Roma supo ser bárbara sin los vicios de la barbarie, y por eso venció a pueblos más civilizados que ella. La civilización, sin severidad, se convierte en debilidad.
  4. La familia es la célula del orden público. La disciplina privada del paterfamilias sostiene la moral colectiva; cuando el jefe de familia pierde la fe en el futuro de su sangre y abandona la educación, la sociedad entera queda sin cimiento.
  5. Disolución del honor. Si la pobreza es el peor de los vicios y todo se compra —grados, votos, escrituras, perjurios—, la palabra honor se vacía de contenido y con ella el vínculo cívico.
  6. La élite debe disfrutar su riqueza con ejemplaridad. La restitución que reclaman los nostálgicos no es de privilegios, sino de función: una nobleza senatorial y un orden ecuestre que empleen las riquezas en beneficio de la nación y no en lujos y orgías.
  7. Lo sagrado es el cemento moral de la ciudad. La religión como proyección moral del pueblo: su abandono anuncia el declive, la pérdida del alma de las ciudades y su destrucción. De ahí que la primera medida de Augusto sea restaurar templos, no promulgar leyes.
  8. La ley presupone la moral, no la crea, y el pueblo injusto deja de ser pueblo. Es la doble tesis del cierre: sin costumbres, las leyes son vanas (Horacio), y una comunidad que abandona el Derecho pierde su condición misma de comunidad política (Cicerón). La legitimidad no la da el número, la da la justicia.



lunes, 10 de agosto de 2026

Ceuta pide normalidad y españolidad

 

Ceuta pide normalidad y españolidad

por

Juan Lorenzo de Membiela

 

Felipe VI ha mostrado su voluntad de visitar Ceuta en estos momentos de confusión y angustia. Una vez más demuestra su responsabilidad con España y su lealtad a esa responsabilidad. Me parece una decisión acertada y oportuna, y añado algo más, necesaria.

La presencia del monarca en la ciudad de Ceuta supondría un bálsamo, un apoyo, para todos los ciudadanos que viven con angustia la incertidumbre de un hoy y de un mañana necesitado de soluciones para garantizar la seguridad. No es algo que deba considerarse extraordinario visitar una parte del territorio nacional precisamente porque es nacional. Y es el rey quien ostenta el símbolo de la unidad y permanencia del Estado.

Ciudad de Ceuta
Fuente: Wikicommons.

Su visita evitaría distintos vacíos que se han producido y que han alterado la convivencia normal y deseable en Ceuta.

Aristóteles y algunos autores renacentistas declararon que el vacío no existe porque la naturaleza lo aborrece, es el llamado horror vacui. Y aunque la ciencia ha podido rebatir esta hipótesis, el razonamiento es válido para muchos aspectos de la vida porque lo que está vacío, siempre se llena con una u otra cosa.

 En el ámbito de las relaciones internacionales el aforismo aristotélico es usado con frecuencia para justificar la anexión de territorios abandonados. Es decir, cuando alguien, en un lugar de poder, ha perdido el control de algo y nadie lo ha reemplazado. Suele ocurrir en estados fallidos o estados débiles, en donde las fronteras suelen ser porosas y frágiles y en donde ha desaparecido la autoridad.

Reflexiona el profesor Hanna Kassab, que los vacíos de poder suelen provocar conflictos de toda índole. Y así es, el cambio de un estado vacío a otro estado compacto no es instantáneo y puede no transformarse con facilidad. Recurriendo a un símil químico, los líquidos de distinta densidad no se fusionan: el aceite no combina con el agua.

El presidente de la ciudad de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha declarado en el diario ABC, de 7 de agosto, que todavía se encuentran en Ceuta entre 8000 y 11000 extranjeros cuyo destino no debe ser otro que regresar a Marruecos a través de El Tarajal. Mientras tanto la ciudad no logra recobrar su normalidad.

Se han colapsado negocios, vidas y derechos; españoles sorprendidos por algo que es inaceptable en sus formas y modo de comisión. El miedo invadió la ciudad y con él la intranquilidad a un futuro que el gobierno de la nación debe dar más consistencia. No hay Photoshop posible para lo que ha sucedido y lo que está sucediendo y el tiempo no lo cura todo.

Más de 15000 ceutíes, cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes, hoy, 9 de agosto, se han echado a la calle al grito de «Basta ya: Ceuta no se rinde». Hay un clamor popular que no se ha desvanecido, a pesar del calor asfixiante. Y esto es un dato que revela el hartazgo de una población necesitada de orden que no es ni más ni menos que libertad, aquella citada en el art. 1. 1º de la Constitución, en su título preliminar.

 A pesar de todo, el daño ya está hecho, el incidente internacional de la invasión de Marruecos de los días 30 y 31 de julio ya es un antecedente documentado más, junto al sucedido en 2021, para lo que pueda venir después. Aunque sabemos lo que dice la Carta de las Naciones Unidas de 1945, art. 2. 4º, en cuanto que la adquisición de territorio mediante el uso de la fuerza o vías de hecho no causa soberanía. Es una tranquilidad saberlo…y más con los medios disuasorios dispuestos por España en la costa que no pasan de ser anecdóticos, nada que ver con los territorios de Gran Bretaña, Taiwán o EE.UU, entre otros muchos.

 En este contexto, cuando la población exterioriza su rabia por una situación que no revierte, cuando la sanidad ceutí se encuentra sobrepasada, hay que ofrecer soluciones que sean acordes con la gravedad de los hechos. 

Nadie quiere aquí un foco de inestabilidad internacional, tampoco un conflicto como los que conocemos en Oriente Próximo, por eso hay que hacer de la política el arte de lo posible, que pasa por adoptar las medidas necesarias para salvar a España del ámbito de lo imposible.

 

 

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

750º aniversario del legado de Jaime I: 27 de julio de 1276-27 de julio de 2026.

 

Valencia celebra el 750.º aniversario del legado del rey Jaime I de Aragón: 27 de julio de 1276-27 de julio de 2026.


Su entrada en Valencia ocurrió en 1238.

Nació en Montpellier en 1208, hijo de Pedro II el Católico, rey de Aragón y conde de Barcelona, y de María de Montpellier. Heredó el trono siendo niño, tras la muerte de su padre en la batalla de Muret (1213), en un reinado que se prolongaría 63 años.

Educado por los caballeros templarios.


Principales conquistas y dominios de Jaime I de Aragón

Año(s)Territorio/ámbitoHecho relevante
1228Mallorca (fase preparatoria)Jaime I  convocó a las Corts de Barcelona en diciembre de 1228 (Palau Reial Major, sesiones del 20-23 de diciembre), y pidió y obtuvo el bovaje  para la empresa de Mallorca.
1229MallorcaSalida de la expedición y conquista de Palma de Mallorca (Madina Mayurqa).
1231MenorcaSometimiento de la resistencia musulmana y establecimiento del protectorado mediante el Tratado de Capdepera.
1235Ibiza y FormenteraIncorporación de ambas islas al dominio cristiano, completando la conquista balear.
1232-1233Norte valencianoConquista de Morella, Burriana y Peñíscola durante la primera fase de la campaña valenciana.
1238Ciudad de ValenciaAsedio y capitulación de Valencia; Jaime I resultó herido durante las operaciones.
1239-1242Reino de ValenciaConsolidación del nuevo reino y conquista de Alcira.
1244-1245Sur valencianoIncorporación de Játiva y Biar dentro de los límites fijados por el Tratado de Almizra.
1258Occitania
Renuncia a las reclamaciones sobre diversos territorios occitanos mediante el Tratado de Corbeil, a cambio del reconocimiento francés de la soberanía aragonesa sobre los condados catalanes (la vieja Marca Hispánica) . Cedió la soberanía de:

  • Toulouse (Tolosa) y su condado. 
  • Carcasona. 
  • Narbona. 
  • Albi. 
  • Quercy (Cahors). 
  • Fenolleda (Fenouillèdes). 
  • Peyrepertuse. 
  • Béziers. 
  • Lauragais. 
  • Agde. 
  • Nimes. 
  • Rouergue. 
  • Millau. 
  • Gévaudan. 
  • Renunció a sus derechos hereditarios sobre el condado de Provenza.

  • Foix y el Bearn no fueron cedidos en este tratado.
    1265-1266MurciaIntervención contra la rebelión mudéjar y posterior cesión del territorio a Castilla.
    1213-1276Dominios de Jaime IRey de Aragón, Valencia y Mallorca; conde de Barcelona y señor de Montpellier.


    Jaime I el Conquistador


    La programación organizada por la Generalitat arrancará esta misma semana con varias propuestas culturales de especial relevancia, entre las que se encuentran el espectáculo de danza y música medieval ‘La danza del Rey’, previsto el 24 de julio en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu; el concierto ‘El Conqueridor’, a cargo de Capella de Ministrers, que se celebrará el 25 de julio en el Festival Internacional de Música Antiga i Barroca de Peñíscola; y el concierto medieval ‘Planh a la mort de Jaume I’, programado para el 28 de julio en la Biblioteca Valenciana. 

    El 27 de julio, fecha en la que se cumplen 750 años del fallecimiento del monarca, tendrá lugar una jornada de especial significado simbólico que incluirá un volteo general de campanas en las tres provincias, la participación institucional en la Misa de Angelis y el Te Deum en la Catedral de València y un concierto en el Centre del Carme de Cultura Contemporània dirigido por Gérard Zuchetto.


    Ese mismo día, el Real Monasterio de Santa María del Puig acogerá, con el apoyo de la Generalitat, una jornada conmemorativa que incluirá una ofrenda floral en recuerdo a Jaume I.

    Entre septiembre y diciembre, el Archivo del Reino de Valencia acogerá una exposición documental sobre la creación y consolidación del Reino de Valencia, mientras que la Biblioteca Valenciana organizará talleres participativos, representaciones teatrales y actividades familiares inspiradas en el Llibre dels Fets y en la figura de Jaume I. 

    La dimensión académica tendrá un papel destacado con la celebración, del 5 al 7 de octubre, del congreso ‘Jaume I y la formación del Reino de Valencia’, que reunirá en València a especialistas de referencia para profundizar en el estudio del contexto histórico y la trascendencia institucional de su reinado.

    Desde el ámbito educativo, la Generalitat impulsará una edición especial del concurso ‘Desafío Minecraft Education’, destinada a acercar la historia valenciana al alumnado mediante herramientas innovadoras y nuevos lenguajes digitales. 

    La programación cultural se completará con el Festival Jaume I en el Real Monasterio de Santa María de El Puig; un ciclo de cine medieval en la Filmoteca Valenciana; conferencias especializadas en el Museo de Bellas Artes de València; conciertos de los conservatorios superiores de València y Castelló; actividades vinculadas al Centenar de la Ploma; propuestas de arte y pensamiento contemporáneo en el Centre del Carme; una instalación escultórica y musical inspirada en la figura del monarca; y el proyecto musical y audiovisual ‘9 d’Octubre, Llum de Futur’, promovido por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana. 

    Desde el ámbito de Justicia se desarrollarán, además, nuevas jornadas histórico-jurídicas sobre el legado institucional de Jaume I, actividades divulgativas en torno al Real Monasterio de Santa María de El Puig y distintas iniciativas orientadas a la promoción y difusión del patrimonio histórico valenciano. 

    La programación incorpora igualmente la iniciativa turística ‘Camins de Jaume I’, promovida por Turisme Comunitat Valenciana, que permitirá redescubrir enclaves históricos vinculados al monarca en las tres provincias y reforzar la dimensión territorial y vertebradora de esta conmemoración. 

    Asimismo, la Generalitat se sumará a la Diputación de Valencia y al Ayuntamiento de València en la organización de la gran exposición dedicada a la figura del monarca, que tendrá lugar en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM).

    Con esta programación, la Generalitat pretende convertir el 750 aniversario del legado de Jaume I en una ocasión para conocer mejor los orígenes históricos de la Comunitat Valenciana, valorar el patrimonio cultural e institucional recibido y acercar esa herencia a las generaciones futuras.


    Fuente: Generalitat Valenciana.

    Más información

    Historia del monarca enlace a la 

     Real Academia de la Historia


    Baleares. Celebracion en las Islas Baleares del legado de Jaime I

    Celebracion en las Islas Baleares


    Cataluña: Fecha a determinar.


    Municipio de Salou

    Celebracion en Salou





    Napoleón, Fernando VII y la Constitución de 1812

    Sucesos contemporáneos · Serie microensayos Napoleón, Fernando VII y la Constitución de 1812 Un reinado que no se entiende sin la Revolución...