Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de agosto de 2026

La decadencia de Roma

 La decadencia de Roma 

por Juan Lorenzo de Membiela 

I. El exotismo oriental 

Declarado el imperio por Octavio, conocido como Augusto, princeps civitatis, llamado por el Senado Imperator Caesar Divi Filius en el año 27 a. C., la Roma conquistadora de vastos territorios en Asia, Europa y África experimentó una decadencia destructiva que impregnó a todos los estamentos sociales y contaminó las instituciones públicas. La ruina de la agricultura y de las viejas costumbres, junto a la importación del exotismo y la exuberancia, el lujo y la concupiscencia griega, consiguió transformar a los romanos en enemigos de sí mismos y de Roma.


        Senado de Roma.  Fuente: Wikicommons 
    

Así lo expresó Cicerón cuando señaló a ese país, y a su sórdido refinamiento, como origen de todos estos males. Nos dice Lara Velado que los romanos, cuando conquistaron Oriente, aprendieron sus vicios y los llevaron a Roma… pero, como expongo en este breve estudio, con los mismos perjuicios que ocasionaron en el mundo helénico.

Los romanos, expone Montanelli, no creían ya en las instituciones democráticas y republicanas porque conocían su podredumbre y corrupción, aunque estaban apegados a las formas. Sobrevivían asidos a una ilusión que poco a poco naufragaba, sumergiéndose en un mar oscuro sin una esperanza clara.

El deshonor se extendió por todas partes: un crimen que suponía someter los intereses de la República a los intereses propios y egoístas. La palabra «honor» se vació de significado y, lo que es aún más grave, quienes rechazaban estas prácticas viciosas no eran tenidos por hombres dignos, sino por enemigos: se los aniquilaba o, en el mejor de los casos, se los desterraba.

Los desórdenes civiles, como explica Drioux, nacían en todas partes, aunque la culpable indiferencia, el confort de una dulce vida o, en todo caso, una soportable supervivencia hacían enmudecer a los ciudadanos ante la descomposición de las virtudes y los usos antiguos que anunciaban ruinas y desastres.

II. El abandono de los paterfamilias

Las buenas costumbres y la honrada vida familiar no eran más que cosas despreciables, y esta idea fue asumida por todos los estamentos que integraban la sociedad romana, explica Mommsen.

En épocas pasadas, la disciplina de las costumbres privadas había sido respetada por los jefes de familia o paterfamilias, pero en aquellos momentos faltaban a sus deberes y los despreciaban, pues muchos habían perdido la fe en el futuro de su sangre y estimaban vanos e inútiles todos los esfuerzos educativos y sacrificios. El contexto social favorecía esta dejación.

La pobreza fue considerada el peor de los vicios; no se concebía que alguien careciera de recursos para socorrer su existencia. Por dinero se conseguían grados en la milicia y votos en los jurados, escrituras de propiedad falsas y perjurios, tanto mejores cuanto mejor remunerados…

Los lazos familiares se relajaban con insólita prontitud. Los hábitos de embriaguez y de concúbito con meretrices y sodomitas se extendían por todas partes. En las familias más notables se cometían horrendos crímenes. El cónsul Cayo Calpurnio Pisón —un simple ejemplo de los sucesos de aquella época— fue envenenado por su mujer y su yerno para provocar nuevas elecciones consulares y favorecer que el joven ocupara la plaza de su suegro.

III. Cuando se deja de ser pueblo

Vicios morales, públicos y privados, como recoge Guglielmo Ferrero: el lujo, el ansia de placeres, la codicia, la pasión del juego, el espíritu de intriga y la rivalidad, el orgullo municipal generador de desigualdades oprobiosas, el adulterio, el robo, la idolatría, el aborto, la práctica del envenenamiento, el asesinato. Y, junto a todo ello, la exagerada soberbia de los ricos, una pequeña minoría, y la bajeza de los pobres, una gran muchedumbre. Vagancia y pereza, denunció Catón.

Por todas partes se encontraban pruebas del carácter adúltero y afeminado de las celebridades de la sociedad romana. Togas muy anchas que conferían una pomposa afectación. El cuidado esmerado de las uñas, la depilación del vello nasal y la desaparición del olor corporal. Tom Holland nos habla del aspecto oleoso de brazos y piernas, todos depilados. Ejemplos de esta relajación de costumbres pueden verse en las pinturas murales de Pompeya.

Entre tanta zozobra, hubo quienes recordaron que Roma supo ser bárbara sin los vicios de la barbarie y que, debido a esa disciplina, venció a tantos pueblos iguales o más civilizados, debilitados por los vicios de su propia civilización.

Eminentes oradores como Cicerón alegaron que el propio pueblo, cuando se hace injusto, deja de ser pueblo, porque ya no es sociedad formada al amparo del derecho y con el fin de promover el bien de la nación.

Por ello, los más nostálgicos de los tiempos pasados, cuando florecían las virtudes, clamaron por una restitución de la nobleza senatorial y de un orden ecuestre o équites que supiesen emplear las riquezas en beneficio del pueblo y no disiparlas en lujos y orgías.

Reclamaban una nueva construcción social que supiera dar al pueblo ejemplo de las virtudes que mantienen y protegen un imperio conquistado por las armas. Entre esas virtudes están la fecundidad, el espíritu de familia, la abnegación cívica, el valor militar, las costumbres severas, el esfuerzo y la superación de uno mismo, el comercio, la agricultura, la industria y la firmeza o templanza.

IV. ¿De qué sirven las leyes sin moral?

La reacción de Augusto ante esta depravación fue adoptar distintas medidas. Una de ellas fue la restauración de los antiguos santuarios. Como nos ilustra Pierre Grimal, Ático, amigo de Cicerón, no creía en los milagros de las divinidades, pero entendía que el sentimiento religioso era esencial para la comunidad. Algunos filósofos observaron que el abandono de lo sagrado provoca una perversión de la moral que anuncia el declive de las ciudades, la pérdida progresiva de su alma y, consiguientemente, su destrucción. Así lo expresa Montanelli: «la religión es siempre la proyección moral del pueblo».

Para salvaguardar la nación, Augusto restauró 82 templos, cuantifica Robin Lane Fox. Todavía pueden verse en Roma los restos del templo de Apolo Sosiano, en la Via del Teatro di Marcello. Se esforzó mucho en la restauración del gran templo de Júpiter Óptimo Máximo, Juno y Minerva, en la colina del Capitolio, hoy desaparecido, aunque se ha encontrado su base arquitectónica. Era el mayor de todos los templos existentes en Roma, con unas dimensiones de 50 × 60 m.

Adriano seguiría su ejemplo levantando varios templos más, entre ellos el Panteón de Agripa, situado en la actual Piazza della Rotonda. Su altura rebasa los 43 m, su interior inscribe una esfera perfecta y tuvo la mayor cúpula del mundo hasta el siglo XX. Fue de nuevo dedicado a los siete dioses celestes de la mitología romana: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno. Fue excluida una multitud de celebridades mitológicas importadas por las conquistas de lejanas tierras.

Junto a esta medida, se hizo necesario legislar sobre aspectos más particulares y personales, regulando la esfera privada.

De ahí el adagio de Horacio: quid leges sine moribus vanae proficiunt, ¿de qué sirven las leyes sin moral, sin buenas costumbres?

Y este otro que lo completa: ¿para qué sirve haber reconstituido la república si no se purifican las costumbres corrompidas?

Eran afirmaciones recitadas y escritas por autores, y constituían una petición expresa al príncipe para moralizar a las gentes.

Para exponer esa difícil tarea se dijo: indomitam audeat refrenare licentiam, atrévase a poner freno al libertinaje indómito.

¿Cómo se haría? Y, lo más importante, ¿quién lo llevaría a cabo?

Tito Livio, en su Historia de Roma, resaltó las virtudes clásicas romanas, pero no creía que volvieran a resurgir, por la inmensa fuerza que la corrupción mostraba en todos los aspectos de la vida ciudadana.

Muchos pedían a Augusto el dictado de leyes contra el celibato, contra el lujo, contra las malas costumbres. Anhelaban el restablecimiento de los antiguos censores, que velaban por la custodia de los buenos usos, pero Augusto era consciente de que la clase política y la aristocracia se encontraban contagiadas por esos vicios y no mostrarían interés alguno en asumir contención y templanza.


Sinopsis del estudio en 8 ideas:

  1. La decadencia es un proceso moral antes que institucional. No fallan las magistraturas ni las leyes: falla el carácter de quienes las ocupan. Todo el artículo descansa en esta prioridad, y de ella depende que el diagnóstico sea reversible o no.
  2. El vicio se importa. La corrupción no brota de dentro, llega con la conquista: exotismo, lujo y refinamiento oriental. Roma no se diluye por lo que le falta, sino por lo que trae de fuera.
  3. La virtud es disciplina y la disciplina distingue de la barbarie. Roma supo ser bárbara sin los vicios de la barbarie, y por eso venció a pueblos más civilizados que ella. La civilización, sin severidad, se convierte en debilidad.
  4. La familia es la célula del orden público. La disciplina privada del paterfamilias sostiene la moral colectiva; cuando el jefe de familia pierde la fe en el futuro de su sangre y abandona la educación, la sociedad entera queda sin cimiento.
  5. Disolución del honor. Si la pobreza es el peor de los vicios y todo se compra —grados, votos, escrituras, perjurios—, la palabra honor se vacía de contenido y con ella el vínculo cívico.
  6. La élite debe disfrutar su riqueza con ejemplaridad. La restitución que reclaman los nostálgicos no es de privilegios, sino de función: una nobleza senatorial y un orden ecuestre que empleen las riquezas en beneficio de la nación y no en lujos y orgías.
  7. Lo sagrado es el cemento moral de la ciudad. La religión como proyección moral del pueblo: su abandono anuncia el declive, la pérdida del alma de las ciudades y su destrucción. De ahí que la primera medida de Augusto sea restaurar templos, no promulgar leyes.
  8. La ley presupone la moral, no la crea, y el pueblo injusto deja de ser pueblo. Es la doble tesis del cierre: sin costumbres, las leyes son vanas (Horacio), y una comunidad que abandona el Derecho pierde su condición misma de comunidad política (Cicerón). La legitimidad no la da el número, la da la justicia.



lunes, 26 de agosto de 2024

Antonino Pío o la gobernación sensata (publicado en El Confidencial Digital)

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Antonino Pío o la gobernación sensata

Origen, adopción y gobierno del emperador que dio a Roma veintitrés años de paz, fiel a la política de Adriano.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 3 min de lectura

Busto del emperador Antonino Pío
Busto de Antonino Pío. Múnich, Gliptoteca (n.º 337). Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
NacimientoLanuvio, en el Lacio, el 19 de septiembre del año 86.
Raíces galasLa familia paterna procedía de Nemausus, la actual Nîmes.
Su padreHombre íntegro y austero, de las antiguas virtudes romanas.
FormaciónEstudió filosofía, pero prefirió siempre la religión.
PresagiosSeñales que anunciaban su llegada al poder.
AdopciónAdriano lo adopta y pasa a llamarse Tito Aelio Adriano Antonino.
«Pius»Recibe el sobrenombre de Pío.
ContinuidadMantiene la política de Adriano.
Consilium principisLo potencia, sobre todo en materia jurídica.
El muro de AntoninoUna frontera en Escocia; pocas guerras y revueltas sofocadas en Egipto.
ComercioUn imperio próspero y en paz.

Cronología, 86-161

86Nacimiento
Lanuvio, 19 de septiembre
120Cónsul
Primer consulado
138Adopción por Adriano
25 de febrero
138Emperador
A la muerte de Adriano, 10 de julio
142Muro de Antonino
Escocia
161Muerte de Antonino Pío
7 de marzo

Extracto

Titus Aurelius Fulvus Boionius Arrius Antoninus nació en una finca de Lanuvio, a los pies de los montes Albanos, en el Lacio (Italia), a 32 kilómetros de Roma, el 19 de septiembre del año 86. Vino al mundo durante el duodécimo consulado de Flavio Domiciano y el primero de Cornelio Dolabela. Sus orígenes familiares por la línea paterna procedían de Nemausus, en la Galia Narbonense o Transalpina, hoy Nîmes (Francia).

Su padre fue Tito Aurelio Fulvo, natural de Nemausus, que alcanzó el consulado en el año 89 junto a Marco Asinio Atratino. Practicaba las antiguas virtudes romanas: hombre íntegro y austero, murió cuando Antonino tenía 10 años. Amaba la soledad, huía del bullicio de las compañías, cumplía su palabra y era fiel a los favores recibidos. Antonino adoptó de él rasgos que lo hicieron precavido y recatado.

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este microensayo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 26 de agosto de 2024.

Leer el microensayo completo en El Confidencial Digital →

Para seguir leyendo

  • Historia Augusta, «Vida de Antonino Pío», Madrid: Akal.
  • Birley, A. R. (1987): Marcus Aurelius. A Biography, Londres: Batsford.
  • Gibbon, E. (1776): The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, vol. I, Londres.
  • Canto, A. M. (2003): «La dinastía Ulpio-Aelia (96-192 d. C.): ¿Antoninos, o Trajánidas?», Gerión, 21 (1).

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).

martes, 28 de mayo de 2024

Adriano (publicado en El Confidencial Digital)

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Adriano

Hispano de Itálica y sucesor de Trajano: un emperador que levanta pasiones contrapuestas y que gobernó con prudencia entre los años 117 y 138.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 3 min de lectura

Busto del emperador Adriano
Busto de Adriano. Roma, Museos Capitolinos (MC 817). Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
Roma en su plenitudCon Trajano y Adriano, Roma alcanza toda su magnificencia.
El cristianismoAportó las ideas de dignidad y libertad a la civilización occidental.
Un emperador polémicoLevanta pasiones contrapuestas; su biografía mezcla hechos y fábulas.
Frente a ClaudioA diferencia de Claudio, Adriano tuvo que superar intrigas y rivales.
Formación militarTribuno de legión y compañero de Trajano en las guerras dácicas.
MatrimonioCasado con Vibia Sabina, sobrina nieta de Trajano: una unión fría y sin hijos.
Una adopción discutidaSu llegada al trono despertó recelos.
Buen gobiernoRedujo el gasto, mantuvo la paz y potenció el derecho y la seguridad jurídica.

Cronología, 76-138

76Nacimiento
24 de enero; familia de Itálica
100Matrimonio
Con Vibia Sabina
117Emperador
A la muerte de Trajano
122Muro de Adriano
Britania
h. 125Panteón de Roma
Reconstrucción
138Muerte de Adriano
10 de julio, en Bayas

Extracto

Con Trajano y Adriano se manifiesta Roma en toda su magnificencia, hasta el punto de identificarse territorialmente con la Europa contemporánea y culturalmente como base de la civilización occidental. Se complementó con las decisivas aportaciones del cristianismo, que reveló al hombre las ideas de dignidad y libertad, que la hicieron, entonces, identificable y única frente a otras comunidades.

Adriano es un hombre que levanta pasiones en sentidos contrapuestos. No puedo pasar por alto este matiz, intenso y definido, inexistente en otros príncipes. La interpretación detallada y minuciosa de sus vivencias de niñez, de juventud, de edad adulta… y después de alcanzar los laureles del imperio, está repleta de anécdotas, de intrigas y, en alguna medida, de fabulaciones e inexactitudes: juicios subjetivos de autores que han generado una bruma que oculta la verdad de los hechos y, en todo caso, su precisión.

No nos encontramos ante un Claudio, calificado por su familia como «caricatura de hombre y aborto de la naturaleza», cuyo ascenso al trono nadie trató de impedir. Nada de esto ocurre con Adriano.

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este microensayo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 28 de mayo de 2024.

Leer el microensayo completo en El Confidencial Digital →

Para seguir leyendo

  • Birley, A. R. (1997): Hadrian. The Restless Emperor, Londres: Routledge.
  • Everitt, A. (2009): Hadrian and the Triumph of Rome, Nueva York: Random House.
  • Historia Augusta, «Vida de Adriano», Madrid: Akal.
  • Canto, A. M. (2003): «La dinastía Ulpio-Aelia (96-192 d. C.): ¿Antoninos, o Trajánidas?», Gerión, 21 (1).

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).

lunes, 15 de abril de 2024

La huella hispana en el Imperio Romano: Trajano (publicado en El Confidencial Digital)

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

La huella hispana en el Imperio romano: Trajano

Trajano, nacido en Itálica, abrió la serie de emperadores hispanos que dieron a Roma una de sus etapas de mayor prosperidad.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 3 min de lectura

Busto del emperador Trajano
Busto de Trajano. Múnich, Gliptoteca. Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
Dinastía discutidaMás que «Antoninos», la gens Ulpia-Aelia agrupa a estos príncipes, según Alicia M. Canto.
Edad de oroGibbon habló de los «cinco buenos emperadores»: del 96 al 180 d. C.
Libertad e imperioTácito elogia unos tiempos en los que se podía pensar y decir lo que se quería.
Gobernantes madurosTodos llegaron al poder en edad adulta, entre los 40 y los 66 años.
Adopción del mejorSin herederos directos, eligieron sucesor por afecto y por talento.
Raíz béticaTrajano y Adriano nacieron en Itálica; las mujeres de la dinastía transmitieron la legitimidad.
Nacimiento de TrajanoItálica (Santiponce, Sevilla), 18 de septiembre del año 53.
Apoyo senatorialUn grupo de senadores hispanos, con Licinio Sura al frente, respaldó al emperador.
CarácterClemente con el pueblo, digno con el Senado y temido solo por los enemigos.
Contra la corrupciónPersiguió los abusos de los gobernadores provinciales.
Modestia y caridadAyudó a los necesitados y vivió con sencillez militar.
HispaniaNunca la olvidó: senadores hispanos y obras públicas en la Península.
CristianosSu respuesta a Plinio el Joven fijó un trato basado en la equidad.
Expansión militarConquista de la Dacia y campañas en Oriente hasta el golfo Pérsico.
MuerteFalleció en el año 117, en Selinunte (Cilicia).

Cronología, 53-117 d. C.

53Nacimiento de Trajano
18 de septiembre, en Itálica
97Adopción por Nerva
Octubre
98Emperador
A la muerte de Nerva, el 28 de enero
101-102Primera guerra dácica
Contra Decébalo
105-106Segunda guerra dácica
La Dacia, provincia romana
113Columna Trajana
Roma, Foro de Trajano
114-116Campaña contra los partos
Armenia y Mesopotamia; llega al golfo Pérsico
117Muerte de Trajano
Agosto, en Selinunte (Cilicia)

Extracto

Los emperadores romanos que vivieron entre los siglos I y II d. C. son conocidos como la dinastía de los Antoninos. El calificativo no ha sido unánimemente aceptado. Un sector importante de autores sostiene que el elemento aglutinador no debe girar en torno a Antonino Pío, sino a la gens Ulpia-Aelia, que comprende a todos estos príncipes, como defiende la académica Alicia M. Canto.1  

Es la época de los «cinco buenos emperadores», como la llamó Edward Gibbon, que le añadió el calificativo de «mejor centuria en la historia de la humanidad»,2   o «el siglo de oro del Imperio romano», como la denominan Zancajo y Baig en su obra de 1892, entre otros.

Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio: 84 años, del 96 al 180 d. C., que ofrecieron al Imperio prosperidad, conquistas, seguridad pública y paz social. No era poco para lo que se había vivido, y quizá no lo bastante para lo que vendría después con Cómodo, hijo de Marco Aurelio.

Comenta Tácito en el libro I de sus Historias que sus dos periodos históricos preferidos son el principado de Nerva y el imperio de Trajano, tiempos de rara felicidad, «en los cuales era lícito entender las cosas como se quiere, y decirlas como se entendiera».3   Evitando las perífrasis, otra traducción posible sería: «Tiempos de rara felicidad son aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo». Tiempos de libertad y armonía, todo, como no podía ser de otra manera, dentro del orden romano. Por ejemplo, fue Trajano quien concedió al Senado plena libertad para debatir cualquier propuesta.

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este microensayo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 12 de abril de 2024.

Leer el microensayo completo en El Confidencial Digital →

Notas

  1. Canto, A. M. (2003): «La dinastía Ulpio-Aelia (96-192 d. C.): ¿Antoninos, o Trajánidas?», Gerión, 21 (1), Madrid: Universidad Complutense. ↩
  2. Gibbon, E. (1776-1789): The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, Londres: Strahan & Cadell, vol. I, cap. III. ↩
  3. Tácito: Historias, I, 1: «rara temporum felicitate, ubi sentire quae velis et quae sentias dicere licet». Edición española: Madrid: Gredos (Biblioteca Clásica Gredos). ↩

Para seguir leyendo

  • Bennett, J. (1997): Trajan. Optimus Princeps, Londres: Routledge.
  • González, J. (ed.) (2000): Trajano, emperador de Roma, Roma: L’Erma di Bretschneider.
  • Canto, A. M. (2003): «La dinastía Ulpio-Aelia (96-192 d. C.): ¿Antoninos, o Trajánidas?», Gerión, 21 (1).
  • Real Academia de la Historia: Diccionario Biográfico electrónico, entrada «Trajano», en dbe.rah.es.

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).

sábado, 6 de abril de 2024

La decadencia de Roma en tiempos indómitos (publicado en El Confidencial Digital)

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

La decadencia de Roma en tiempos indómitos

Tras la restauración augustea, Roma vivió una crisis moral que el emperador quiso atajar con leyes y con la recuperación de las virtudes clásicas.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 3 min de lectura

Augusto de Prima Porta
Augusto de Prima Porta (siglo I d. C.). Ciudad del Vaticano, Museos Vaticanos. Fuente.

Sinopsis

Idea principalConclusión
Restauración augusteaEn el 27 a. C. Augusto restaura la República, pero Roma sufre una profunda decadencia.
Contagio orientalEl lujo y el refinamiento de Oriente transforman a los romanos en enemigos de sí mismos.
Instituciones vacíasLos romanos ya no creen en ellas, aunque siguen apegados a sus formas.
Pérdida del honorQuien rechaza la corrupción es visto como enemigo y castigado.
Indiferencia cívicaLa vida cómoda acalla a los ciudadanos ante la ruina de las virtudes.
Abandono del paterfamiliasLos padres renuncian a educar y a transmitir las costumbres.
Culto al dineroLa pobreza se tiene por el peor vicio; todo se compra.
El pueblo injustoCicerón: cuando un pueblo se vuelve injusto, deja de ser pueblo.
Restauración religiosaAugusto restaura 82 templos para devolver la piedad a Roma.
Leyes sin moralHoracio: ¿de qué sirven las leyes sin costumbres?
Leyes juliasFomentan el matrimonio y la natalidad y castigan el adulterio.
Ley Papia PopeaCompleta en el 9 d. C. la legislación matrimonial de Augusto.
Virtudes clásicasVirtus, clementia, iustitia y pietas, fundamento del Estado.
Pax romanaLa paz descansa en la virtud de los ciudadanos más que en las leyes.

Cronología, 28 a. C.-14 d. C.

28 a. C.Restauración de templos
82 templos, según las Res gestae
27 a. C.Augusto, princeps
Restauración de la República
18 a. C.Leyes julias
Sobre el matrimonio y el adulterio
17 a. C.Juegos Seculares
Horacio compone el Carmen saeculare
9 a. C.Ara Pacis Augustae
Consagración del altar de la paz
2 a. C.Destierro de Julia
La hija de Augusto, condenada por adulterio
9 d. C.Ley Papia Popea
Completa la legislación matrimonial
14 d. C.Muerte de Augusto
19 de agosto, en Nola

Extracto

Restaurada la República por Octavio —conocido como Augusto, princeps civitatis, llamado por el Senado Imperator Caesar Divi Filius— en el año 27 a. C., la Roma conquistadora de vastos territorios en Asia, Europa y África experimentó una decadencia destructiva que impregnó todos los estamentos sociales y contaminó las instituciones públicas. La ruina de la agricultura y de las viejas costumbres, junto a la importación del exotismo y la exuberancia, del lujo y de la concupiscencia griega, consiguieron transformar a los romanos en enemigos de sí mismos y de Roma.

Así lo expresó Cicerón cuando acusó a Grecia y a su sórdido refinamiento de ser el origen de todos estos males. Nos dice Lara Velado que los romanos, cuando conquistaron Oriente, aprendieron sus vicios y los llevaron a Roma…, pero, como expongo en este breve estudio, con los mismos perjuicios que ocasionaron en el mundo helénico.

Los romanos, expone Montanelli, ya no creían en las instituciones republicanas, porque conocían su podredumbre y corrupción, aunque seguían apegados a las formas. Sobrevivían asidos a una ilusión que poco a poco naufragaba, sumergiéndose en un mar oscuro sin una esperanza clara.

El deshonor se extendió por todo: un crimen que suponía someter los intereses de la República a los intereses propios y egoístas. La palabra honor se vació de significado y, lo que es aún más grave, quienes rechazaban estas prácticas viciosas no eran estimados como hombres dignos, sino vistos como enemigos y aniquilados o, en el mejor de los casos, desterrados.1  

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este microensayo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 22 de marzo de 2024.

Leer el microensayo completo en El Confidencial Digital →

Notas

  1. Sobre la crisis moral de la República tardía y la respuesta de Augusto, véase Syme, R. (1939): The Roman Revolution, Oxford: Clarendon Press. Edición española: La revolución romana, Barcelona: Crítica. ↩

Para seguir leyendo

  • Augusto: Res gestae divi Augusti, caps. 8 y 20 (leyes y restauración de templos). Edición española: Madrid: Gredos.
  • Horacio: Odas, III, 24 («quid leges sine moribus vanae proficiunt?»).
  • Montanelli, I.: Historia de Roma, Barcelona: Plaza & Janés.
  • Mommsen, T.: Historia de Roma, Madrid: Turner.
  • Lane Fox, R. (2007): El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma, Barcelona: Crítica.
  • Syme, R.: La revolución romana, Barcelona: Crítica.

Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).

martes, 13 de febrero de 2024

Sacramentum (publicado en El Confidencial Digital)

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Sacramentum

El juramento como fundamento de la confianza: de la devotio ibérica y el iusiurandum romano a las instituciones democráticas de Occidente.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 3 min de lectura

Sinopsis

Idea principalConclusión
El juramento y OccidenteClave en la creación de Europa y de sus instituciones liberales.
Invocatio DeiEl compromiso religioso entre los hombres sostiene el progreso.
ConfianzaBase de las instituciones que vertebran Estados y sociedades.
InglehartLa solidez democrática depende también de la confianza percibida.
La devotio ibéricaAntecedente del juramento en la España prerromana.
Indíbil y EscipiónPolibio narra el pacto y su ruptura.
GreciaEl juramento solemne ante los dioses, ya en la Odisea.
RomaEl iusiurandum y el rito de la piedra arrojada.
Juramentos rotosApiano recoge incumplimientos y sus consecuencias.
CicerónEl juramento es una afirmación religiosa que obliga.
El ejércitoEl juramento de fidelidad de las legiones.

Cronología, siglo VIII a. C.-1997

s. VIII a. C.Homero
La Odisea y el gran juramento
206 a. C.Indíbil y Escipión
Pacto y sublevación ilergete
44 a. C.Cicerón
Sobre los deberes
1992Paolo Prodi
Il sacramento del potere
1997Ronald Inglehart
Modernización y posmodernización

Extracto

La incidencia del juramento en la creación y consolidación del Occidente europeo, y en el mantenimiento y desarrollo de las instituciones democráticas liberales, es una vía de estudio que cobra protagonismo en un ambiente de gran escepticismo como el actual. Este breve estudio analiza hasta qué punto el compromiso religioso entre los hombres para un determinado fin, la invocatio Dei, tiene como resultado un progreso sostenido en las sociedades.

El juramento promueve la confianza entre los hombres, una confianza básica para alcanzar propósitos que van más allá de la simpleza del interés particular, logros más amplios, de mayor espectro. Confianza, que es sinónimo de certidumbre y seguridad, de la cual depende todo un conjunto de instituciones que vertebran los Estados y las sociedades.

Ronald Inglehart, en su libro Modernización y posmodernización, nos habla del desencanto y la desconfianza, porque la solidez de la democracia, o de lo que debe entenderse como democracia, depende de las condiciones económicas, de la estructura institucional, del factor cultural y de la confianza percibida.

[…]

Publicado en El Confidencial Digital

Este artículo se publicó en la sección «Opinan los socios de ECD» de El Confidencial Digital el 13 de febrero de 2024.

Leer el artículo completo en El Confidencial Digital →

Para seguir leyendo

  • Prodi, P. (1992): Il sacramento del potere. Il giuramento politico nella storia costituzionale dell’Occidente, Bolonia: Il Mulino.
  • Agamben, G. (2008): El sacramento del lenguaje. Arqueología del juramento, Valencia: Pre-Textos.
  • Inglehart, R. (1998): Modernización y posmodernización, Madrid: CIS.
  • Cicerón: Sobre los deberes, Madrid: Alianza.

sábado, 22 de mayo de 2021

Epigramas y la vida breve (microensayo)

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos · Literatura y pensamiento

Epigramas y la vida breve

De las inscripciones griegas a Marcial y de Marcial a las redes sociales: el epigrama, arte de decir mucho en poco, vuelve en la era de los mensajes breves, aunque casi siempre sin su ingenio.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela · Doctor en Derecho por la Universidad de Valencia

⌚ 8 min de lectura

Epígrafe latino dedicado a san Nazario en la basílica de San Nazaro in Brolo, Milán
Epígrafe en verso dedicado a san Nazario, basílica de San Nazaro in Brolo (Milán). Fotografía de Giovanni Dall’Orto (2007), de uso libre. Fuente: Wikimedia Commons.

Sinopsis

Idea principalConclusión
OrigenNace en Grecia como inscripción sobre piedra o metal y en Roma se vuelve sátira de la vida diaria.
MarcialEl poeta de Bílbilis fija el modelo moderno: brevedad, expectación y remate agudo.
TradiciónDel Renacimiento al siglo XX lo cultivan autores franceses, ingleses, alemanes y españoles.
HoyLas redes sociales imponen la brevedad, pero no el ingenio: lo procaz se confunde con lo satírico.

Qué es un epigrama

Se entiende por epigrama una composición concisa, en prosa o en verso, que expresa un pensamiento agudo, ingenioso y, a menudo, satírico. Su origen está en Grecia: procede de epígramma, «inscripción», derivado del verbo epigráphein, «escribir sobre» una superficie. Era, en efecto, un texto grabado en piedra, metal u otro material que rotulaba tumbas, monumentos públicos, estatuas, bustos privados o simples objetos. Se cultivó intensamente en Roma y, a lo largo de los siglos, en varias naciones de Europa.

Son composiciones breves, satíricas y siempre ingeniosas. La brillantez de su razonamiento mide su calidad.

La temática es diversa; diría que pintoresca. Si en sus orígenes su contenido fue épico y elegiaco, después acogió toda clase de asuntos, lo que les restó solemnidad, pero los acercó a los avatares cotidianos de las gentes. Gracias a ellos conocemos detalles de la vida diaria de Roma, la intrahistoria de sus ciudadanos y de su sociedad.

Pueden agruparse en varias categorías según su objeto. Con cierta inspiración gastronómica —la clasificación se remonta a la Poética de Julio César Escalígero (1561)— se han distinguido los de mel (miel), elogiosos; los de fel (hiel), procaces y cáusticos; los de acetum (vinagre), de gusto agrio y picante, y los de sal (gracia), inocuos y graciosos, junto a otros múltiples y compuestos (Guillén, 2004).

Son poemas concisos, poesía en miniatura, de dos, cuatro o más versos. Su estructura se divide en dos partes: una primera, que capta la atención del lector, llamada nudo, y una segunda, con un final sorprendente, que se denomina desenlace. Lessing lo explicó en 1771 como el juego entre la expectación y la aclaración.

León de Arroyal, en Los epigramas (1784), cifra su belleza en dos aspectos: un juego de voces que deleita el oído, y la brevedad, novedad, agudeza o elevación del pensamiento, que sorprende gustosamente el ánimo.

El Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, en su tercera acepción, lo define como «pensamiento de cualquier género, expresado con brevedad y agudeza»1.

Marco Valerio Marcial, el hispano de Bílbilis

Entre los epigramistas clásicos figuran, en Grecia, Asclepíades de Samos y Calímaco, ambos de los siglos IV-III a. C. En Roma, el más destacado fue Marco Valerio Marcial, natural de Augusta Bílbilis —en el cerro de Bámbola, término municipal de la actual Calatayud (Zaragoza)—, que vivió aproximadamente entre los años 40 y 104 d. C.

Él mismo se definía como nacido de celtas e íberos y ciudadano del Tajo, y presumía de su tieso cabello hispano, en contraste con la estética griega, afectada, de moda en una metrópoli que ya daba claros signos de decadencia2.

Marcial tuvo numerosos predecesores en el género. Él cita como modelos a Catulo, Marso, Pedón y Getúlico3. Podría haber citado también a Varrón de Átax, a Licinio Calvo, a Hortensio o a Cayo Memio —pretor y protector de Lucrecio—, a quienes se atribuían epigramas satíricos o eróticos. En tiempos de Augusto compusieron epigramas grandes poetas como Virgilio y Ovidio y, ya bajo Nerón, se atribuyen también a Lucano.

Pasó unos treinta y cuatro años en la Roma imperial (64-98 d. C.). A su llegada lo acogió el círculo de los Anneos, cordobeses como Séneca y su sobrino Lucano, que cayeron en desgracia tras la conjura de Pisón (65 d. C.); después contó con el aprecio de otros hispanos, como Quintiliano. Llevó una vida bohemia, pero siempre servicial con sus amigos. Muchas de sus composiciones son adulaciones a magnates, pero también descripciones de la vida pública y privada de los romanos, con sus glorias y penalidades, sus intrigas, lujos, excesos, verdades e hipocresías.

Vivió en un piso alto cuyas ventanas daban a los laureles del pórtico Vipsanio, levantado por la familia de Agripa. Poseía una pequeña finca, poco productiva, cerca de Nomento (la actual Mentana), en el Lacio. En sus últimos años en Roma tuvo una casita propia en el Quirinal, antes de regresar a Hispania, donde recordó sus primeros años y donde murió.

Cultivó la amistad de mecenas, potentados y aristócratas romanos, que le proporcionaron no solo un modo de vivir de sus versos, sino una posición social relevante. Los emperadores Tito y Domiciano le concedieron el derecho de los tres hijos y el tribunado semestral (tribunatus semestris), que le confirió rango ecuestre.

Su obra conservada reúne quince libros y unos 1550 epigramas: el Liber spectaculorum, los doce libros de Epigrammata y los Xenia y Apophoreta (numerados como libros XIII y XIV). El Libro de los espectáculos, con una treintena de poemas conservados, celebró la inauguración del anfiteatro Flavio —el Coliseo— por Tito en el año 80.

La dimensión literaria de Marcial reside no solo en su brillantez compositiva, sino en su retrato de la vida romana. Se le ha comparado con Menandro, que llevó a la escena la Atenas de su tiempo.

A modo de ejemplo, cabe citar los siguientes epigramas4:

«¿Me preguntas, Lino, qué me produce mi campo nomentano? Esto es lo que me produce mi campo: que no te veo, Lino».
Marcial, II, 38
«Dicen que Cina escribe versos contra mí. No escribe el poeta cuyos versos nadie lee».
Marcial, III, 9
«¿Buscas dónde conservar el pescado en verano? Consérvalo, Ceciliano, en tus termas».
Marcial, II, 78
«No recitas nada y quieres, Mamerco, pasar por poeta: sé lo que quieras, con tal de que no recites nada».
Marcial, II, 88

A Marcial se debe la forma moderna de este género. Toda su obra se escribió bajo esta fórmula, criticada por los prosistas que se arrogaban la creatividad literaria del momento.

La herencia europea

El género resurge en el Renacimiento y se mantiene desde entonces como recurso de muchos poetas y escritores.

En la literatura francesa lo cultivaron Marot, Ronsard, La Fontaine, Jean-Baptiste Rousseau y Voltaire; muy cerca de él están las máximas y caracteres de La Rochefoucauld y La Bruyère. De La Bruyère puede recordarse este pensamiento:

«La tonta vanidad parece consistir en la inquieta pasión de hacerse valer aun por las más pequeñas cosas».
La Bruyère, Los caracteres

O este de La Rochefoucauld:

«Si se examina la naturaleza de las enfermedades, se encontrará que tienen su origen en las pasiones y angustias del espíritu».
La Rochefoucauld, Máximas

En la literatura inglesa cabe citar a Jonson, Donne, Dryden y Pope (Estébanez, 2016), y más tarde a Oscar Wilde y George Bernard Shaw.

En la alemana, a Ulrich von Hutten (1488-1523) y Euricius Cordus (1486-1535), que escribieron en latín, y a Ambrosius Lobwasser (1515-1585), ya en un incipiente alemán. En el siglo XVII el género se consolida con la escuela poética de Silesia, con Martin Opitz (1597-1639) y, sobre todo, Friedrich von Logau (1604-1655), el gran epigramista barroco. En el XVIII destacan Lessing y Goethe, autor de los Epigramas venecianos (1790). En el siglo XX el epigrama tiene presencia destacada con Günter Grass (1927-2015) y Richard Exner (1929-2008), entre otros (Navarrete, 2020).

En España, durante los siglos XVI y XVII, lo emplearon Cristóbal de Castillejo, Baltasar del Alcázar y Diego Hurtado de Mendoza. Se usaron como formas métricas la redondilla, la copla castellana y la quintilla. Baltasar Gracián, en Agudeza y arte de ingenio (1648), hizo de la agudeza el centro de su teoría literaria. Sirva de ejemplo este terceto:

«Todos viven penando, si se advierte:
este, por no perder lo que ha ganado;
aquel, porque jamás se vio premiado».
Atribuido a Baltasar Gracián

En el siglo XIX lo cultivaron Bretón de los Herreros, Mesonero Romanos, Ruiz Aguilera y Campoamor; en el modernismo, Rubén Darío, González Prada y Díez-Canedo. Poetas de la generación de los cincuenta, como Jaime Gil de Biedma y Ángel González, también lo emplearon. Es conocido el «Epigrama votivo» de Gil de Biedma, recogido en Las personas del verbo (1982): en él, el poeta ofrenda a Cipris, diosa del amor, sus gastadas armas de seductor y la invoca, con humor, como «Afrodita Antibiótica».

El regreso de lo breve

Hoy el epigrama, como composición breve, vuelve con fuerza de la mano de las tecnologías de la comunicación. El microblog, la comunicación corta, se impone: Twitter —hoy X— nació con un límite de 140 caracteres, ampliado a 280 en 2017, y servicios como Tumblr o Plurk se construyen también sobre lo brevísimo: treinta palabras, no muchas más.

Sin duda pueden decirse cosas en tan escaso número de palabras, pero decir mucho en tan poco exige disciplinar el ingenio, una exigencia que imponen estos programas al arrojarnos a un minimalismo comunicativo.

Se busca la esencia en bruto, prescindiendo de otras consideraciones más líricas y bellas. Por desgracia, muchos textos breves carecen de cualquier atributo que se aproxime a lo ingenioso. Otras veces, lo procaz e insolente se confunde con lo satírico.

Lo conciso se ha convertido en arquetipo de lo social y muestra un hombre desnudo, que revela un primitivismo deshumanizador bajo la coartada de lo tecnológico.

Que la brevedad del epigrama de Marco Valerio Marcial, del siglo I d. C., confluya con la del siglo XXI no deja de ser llamativo, y demuestra, una vez más, lo que dice el Eclesiastés:

«Lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará: nada hay nuevo bajo el sol».
Eclesiastés 1, 9

Notas

  1. Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., s. v. «epigrama». Disponible en: dle.rae.es/epigrama.
  2. Marcial, Epigramas, X, 65.
  3. Marcial, Epigramas, I, prefacio.
  4. Marcial, Epigramas, II, 38; III, 9; II, 78, y II, 88. Texto latino en The Latin Library.

Bibliografía

  • Arroyal, León de (1784): Los epigramas, Madrid.
  • Estébanez Calderón, Demetrio (2016): Diccionario de términos literarios, Madrid: Alianza Editorial.
  • Guillén, José (2004): Marco Valerio Marcial, Epigramas, introducción, texto y notas, Zaragoza: Institución Fernando el Católico.

Para seguir leyendo

Publicado en este blog el 22 de mayo de 2021. © Juan B. Lorenzo de Membiela. Imagen: Wikimedia Commons.

El Rey pide tiempo y confianza para la democracia en la entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026

Noticia · Cultura · 23 octubre 2026 El Teatro Campoamor de Oviedo, escenario de la entrega de los Premios Princesa de Asturias. (Jl FilpoC, ...

El Rey pide tiempo y confianza para la democracia en la entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026