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Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
La cortesía de lo civilizado
Los modales no son un adorno: sostienen la cooperación en la empresa y en la sociedad. Su abandono abre paso a la desconfianza y a la ley del más fuerte.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 6 min de lectura
Sinopsis
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| Los modales en la organización | Permiten que las personas cooperen, se agraden o no. |
| Desdén por la cortesía | Su ausencia deja paso a jerarquías de dominación. |
| La organización como sistema vivo | Lo emocional pesa tanto como los objetivos, o más. |
| Conciencia del trabajo | Sin ella no nacen compromisos sinceros con la empresa. |
| Cortesía y civilización | Domina los instintos y protege al débil frente al fuerte. |
| Eusocialidad y altruismo | La cooperación humana descansa en códigos de confianza. |
| Mayo de 1968 y consumo de masas | Los modales pasaron a tenerse por anticuados. |
| Permisividad y relativismo | Se desatendió a los mayores y a los más vulnerables. |
| Valores y buenas maneras | La erosión de aquellos explica las intemperancias de hoy. |
| Desconfianza y formalismo | La firma sustituyó a la palabra dada. |
| Posmodernismo | Agudizó el deterioro de las relaciones personales. |
| El silencio ante los currículos | Más torpeza que intención, pero descortesía al fin. |
| Drucker y Peters | La cortesía es simpatía hacia los sentimientos ajenos. |
| El deber legal de respeto | El art. 54.1 TREBEP lo recoge, aunque se aprende en la familia. |
| Cortesía sincera y cortesía fingida | La fingida rompe la cooperación y abre paso a la barbarie. |
I. La cortesía en la organización
Los modales imprimen ritmo a una organización. Permiten que varias personas trabajen juntas, se agraden o no (Ivancevich, 2006)1. Pero la cortesía no es valorada por los jóvenes, lo que provoca que lo atávico se manifieste e imponga jerarquías de dominación. Buena parte de la problemática de la empresa, pública o privada —de su eficiencia, de su valor, de su confort—, obedece a estas deficiencias culturales.
La organización es un sistema vivo en el que lo emocional desempeña una función estratégica tanto o más esencial que los objetivos. Hablo, incluso, de la burocracia maquinal, en la que la interpretación de las normas siempre facilita un humanismo del que brotan compromisos sinceros en beneficio de la empresa. Para ello hace falta una conciencia previa, inculcada o innata, de lo que es el trabajo y de lo que significa para el hombre. Muy pocas veces se encuentra esa «sensibilidad».
II. Civilización y cooperación
La cortesía facilita la vida en sociedad y la hace más confiable, humana, sincera y solidaria. Se trata de controlar los instintos animales para mantener un medio laboral y social sostenible. Nuestra civilización se edifica sobre la dignidad de la persona y rechaza la tiranía de lo natural: la opción del fuerte sobre el débil, el abandono del incapaz, la sinrazón de la fuerza bruta, física o psíquica, la competencia por la comida, la destrucción por el poder, la violencia por el espacio.
Lo que distingue al hombre del resto de las especies es la llamada «eusocialidad», junto al altruismo (Wilson, 2012)2: «miembros de grupos que contienen múltiples generaciones y que están dispuestos a realizar actos altruistas como parte de su división de trabajo».
Esa cooperación se edificó sobre códigos de comportamiento que inspirasen confianza y seguridad. La cooperación como herramienta de prosperidad: respeto para lo individual y compromiso para la comunidad.
III. La erosión de los modales
El modernismo, el movimiento francés de mayo de 1968 y sus repercusiones políticas años después, las tendencias de consumo de masas, la lucha contra la autoridad por sí misma, la crisis de las ideologías, el despotismo de lo económico y los procesos de ingeniería social y manipulación de masas hicieron que los modales se tuvieran por anticuados. Reminiscencias de un mundo necesitado de ser olvidado. Ansias por controlar sociedades que no opusieran resistencia a reeducaciones viciadas.
Se anhelaba la libertad de las formas en cualquier medio y modo: se abandonó el cuidado personal sin aumentar el interno, se fomentó la permisividad, se relativizó la moral, se desvalorizó el respeto y la atención a las personas mayores y, junto a ellas, a todos los especialmente vulnerables ante una incipiente depravación que, como toda degeneración, es insaciable.
Las buenas maneras, como razona Hillmann, se nutren de los valores que imperan en una sociedad (2005: 589)3, y sin duda la erosión de aquellos ha traído las intemperancias de hoy. La soledad de una sociedad que se construye sobre el aislamiento y el dolor de sus miembros.
Ni siquiera la memoria de los muertos, impedidos de proteger en vida su honor, inhibe a quienes persiguen obtener en la muerte lo que no se atrevieron a cuestionar en vida. Siempre la leña del árbol caído como añagaza del nuevo hombre. La agresión destructiva hacia lo inerte. No hay mayor evidencia del fracaso de lo civilizado.
Todo tiene un inicio, y este era propicio para alcanzar lo que antes era patrimonio de lo furtivo. La necesidad de buena fe en las relaciones sociales fue sustituida por una desconfianza cautelosa; la palabra, por la firma en documento público y, con ello, llegó la imposibilidad del compromiso, que incapacita para asumir sacrificios. Lo expresó Rubén Darío4:
«Raras veces he encontrado
la lealtad con la expresión,
la caricia en el saludo
y el pensamiento en la voz […]».
El posmodernismo y sus consecuencias —relativismo, hedonismo, negación del dolor y de la muerte, exaltación de la soberbia y la superficialidad como «indicios» de superioridad social— no han hecho más que agudizar el deterioro de las relaciones interpersonales. Las percepciones se sometieron a la razón. La astucia sustituyó a la verdad de los hechos. Nada positivo se puede construir sobre el engaño, pero siempre se intenta.
IV. La cortesía, hoy
Hoy la cortesía se hace más precisa que nunca, porque la fría lógica de los hechos no basta a las emociones humanas. En escenarios críticos, los valores que perviven en los modales hacen la vida menos árida, más entusiasta, más segura.
En un blog de internet surgió, hace pocas semanas, un debate sobre el silencio de las empresas que recibían currículos de quienes buscan trabajo. Es frecuente pensar que la falta de contestación equivale a una negativa a lo pedido: un uso social impuesto por un minimalismo sin matices. Esa indiferencia, podríamos creer, se acerca más a una torpeza que, las más de las veces, no obedece a la intención de nadie, sino solo a una imprevisión del responsable de comunicación.
Aconseja Drucker: «Considere que los modales son la manifestación externa de una simpatía hacia los sentimientos de los demás» (2001: 337)5.
Y Tom Peters, coautor de En busca de la excelencia: «¡Cortesía! ¡Cortesía! ¡Cortesía! A más cólera, más cortesía. Punto» (2010: 123)6.
Hablamos de la cortesía sincera, no de la falsa cortesía, tan inoportuna como fingida; aquella versada por Rubén Darío:
«[…] Los rostros han sido máscaras
el abrazo una ficción
y la sonrisa una burla
y el compañero un traidor […]».
Que rompe la cooperación del grupo en beneficio particular. Que rompe lo civilizado en provecho de la barbarie.
La cortesía, entendida como corrección y respeto, está recogida incluso en la ley. El artículo 54.1 del texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público dispone que los empleados públicos «tratarán con atención y respeto a los ciudadanos, a sus superiores y a los restantes empleados públicos»7. Es algo que se supone, pues debió ser enseñado en el ámbito familiar por ser característico de nuestro ámbito cultural. Que el legislador haya tenido que escribirlo dice mucho de su erosión.
La cortesía fundamenta el tejido de la sociedad y la hace más amigable, próxima y segura. En esa seguridad se encuentra también el futuro de la comunidad y su grado de desarrollo.
Notas
- Ivancevich, J. M., Konopaske, R. y Matteson, M. T. (2006): Comportamiento organizacional, 7.ª ed., México: McGraw-Hill. ↩
- Wilson, E. O. (2012): La conquista social de la Tierra, Barcelona: Debate (orig.: The Social Conquest of Earth, Nueva York: Liveright, 2012). ↩
- Hillmann, K.-H. (2005): Diccionario enciclopédico de sociología, Barcelona: Herder, p. 589. ↩
- Versos atribuidos a Rubén Darío. ↩
- Drucker, P. F. (2001), p. 337. ↩
- Peters, T. (2010): Las pequeñas grandes cosas. 163 trucos para conseguir la excelencia, p. 123. Orig.: The Little Big Things: 163 Ways to Pursue Excellence, Nueva York: HarperStudio, 2010. ↩
- Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, art. 54.1 (BOE núm. 261, de 31 de octubre de 2015). ↩
Para seguir leyendo
- Elias, N. (1987): El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas, Madrid: Fondo de Cultura Económica.
- Camps, V. (1990): Virtudes públicas, Madrid: Espasa-Calpe.
- Lipovetsky, G. (1986): La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Barcelona: Anagrama.
- Bauman, Z. (2003): Modernidad líquida, México: Fondo de Cultura Económica.
Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público).