Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
Fundamentos de innovación
Crear es traer a la existencia algo inédito con valor. De De Bono a Drucker, pasando por Ortega: por qué innovar no es una opción, sino una condición de supervivencia para personas y organizaciones.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 4 min de lectura

Sinopsis
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| Crear es traer a la existencia algo inédito con valor | Sin creatividad solo hay repetición y rutina. |
| La «posibilidad» como origen de lo creativo (De Bono) | Quien no imagina un futuro distinto queda preso de los hechos del presente. |
| El ejemplo de China | Tener la técnica no basta si falta la hipótesis. |
| La imaginación por encima del conocimiento (Einstein) | Lo creativo escapa a la lógica previsible hasta que se materializa. |
| El papel de la fortuna (Montaigne, Horacio, Virgilio) | El creador es dueño de sus ideas, no siempre de su éxito. |
| La idea nace vulnerable | Necesita el ímpetu personal de quien la concibe para sobrevivir. |
| Crear en las organizaciones | Romper roles administrativos exige humildad, que pocos asumen. |
| «Aristócrata en la plazuela» (Ortega) | En España la creación debe hacerse cercana y popular para tener eficacia social. |
| No hay maldad creadora | El acto perverso compensa la incapacidad de crear algo auténtico. |
| La mentira | Quien miente en su ser solo se sostiene fingiendo un universo falso. |
| El mayor riesgo es no hacer nada (Drucker) | La innovación es una necesidad para evitar la insolvencia. |
| La entropía | Sin información nueva, todo proceso tiende a paralizarse. |
| La organización innovadora (Mintzberg) | Exige suprimir los «adornos» de la estructura burocrática. |
| Lo heroico (Ortega) | El héroe resiste al hábito; su vida es invención incesante. |
| Innovación y crecimiento económico | La innovación, más que el capital y el trabajo, hace avanzar el mundo. |
| Las empresas líderes | Innovaron de modo continuo sin que la dirección perdiera el control. |
I. Crear: lo inédito con valor
Crear significa traer a la existencia algo inédito con valor. Sin creatividad solo hay repetición y rutina. Es necesaria para cambiar, mejorar y abrir nuevas perspectivas y horizontes. Y es esencial para la subsistencia de las organizaciones, porque la mercancía al alcance de todos no genera ganancia.
El profesor Edward de Bono sitúa en la «posibilidad» el origen mismo de lo creativo. Esta circunstancia explica por qué China, hace dos milenios, pese a poseer pólvora y cohetes, no conquistó el mundo. Los eruditos chinos pensaron que el progreso se alcanzaba «de hecho en hecho»; nunca desarrollaron la compleja cuestión de la «posibilidad» o de la «hipótesis».1

Es decir, no creyeron que pudieran ir más allá porque no imaginaron un futuro distinto del marcado por los hechos del presente. Aquí se encuentra el reto del cambio, que obliga a romper inercias y a abrir perspectivas casi siempre transversales.
II. Imaginación, lógica y fortuna
Einstein pensaba que la imaginación es más importante que el conocimiento.2 Y en cierto modo es así, si pensamos que lo creativo rompe el binomio newtoniano acción-reacción para implantar otro, de naturaleza cuántica, en el que los hechos suceden sin causa previa.3 Todo nuestro conocimiento obedece a aquel principio, y de él se desprende lo que llamamos «lógico». Esta racionalidad excluye lo imprevisible y lo inaudito de la creación, que, hasta su materialización, solo pervive en el limbo de lo imaginario, ajeno a las reglas de la lógica previsible.
Para Montaigne, la mayor parte de las cosas del mundo ocurren por sí mismas; él acostumbraba a «dejar al cielo lo fuerte y principal de la tarea». «El resto déjalo a los dioses», escribió Horacio; o también: ya encontrarán los hados su camino (Virgilio).4 Siramnes, el persa, decía que él era señor de sus ideas y que del éxito de sus empresas lo era la fortuna.5

En la innovación, la idea, vulnerable en su nacimiento, necesita un ímpetu personal que no la deje sucumbir en el medio en que debe vivir. La responsabilidad de su nacimiento la asume el creativo hasta su final, que es su principio: su nacimiento.
III. Crear en España y en las organizaciones
En las organizaciones es difícil crear, porque crear rompe roles administrativos. La humildad es una fortaleza; sin embargo, nadie quiere asumirla de verdad.
Ortega lo explicó para España: «En nuestro país, ni la cátedra ni el libro tenían eficiencia social. Nuestro pueblo no admite lo distanciado y solemne. Reina en él puramente lo cotidiano y vulgar. Las formas del aristocratismo “aparte” han sido siempre estériles en esta península. Quien quiera crear algo —y toda creación es aristocracia— tiene que aceptar ser aristócrata en la plazuela».6
En lo creativo subyace una respuesta filogenética de adaptación al medio para subsistir. Se innova para seguir existiendo. Y ello es reflejo de bondad, porque aporta valor de pervivencia; como dijo Ortega, no hay maldad creadora: todo acto perverso es un fenómeno de compensación que busca el ser incapaz de crear un acto espontáneo, auténtico, que brote de su destino.
El refrán dice que una mentira hace ciento. La mentira es un ejemplo particular de acción en que el hombre abandona su verdadero ser. Toda verdad del hablar supone la verdad del pensar. Pero no hay verdad en nuestro pensar si no hay una verdad anterior: la verdad de ser, de ser el que auténticamente se es. Y quien miente en su mismo ser solo puede sostenerse en la existencia fingiendo un universo falso.7
IV. Innovar o perecer
Todo lo social está sometido a la incertidumbre y al riesgo. También la empresa; pero, como aseveró Drucker, el mayor riesgo de todos es no hacer nada.8 Por eso la innovación es una necesidad constante para evitar el riesgo de insolvencia.
La entropía inhibe el cambio futuro. Invita al estancamiento, porque todos los procesos físicos tienden inevitablemente a desintegrarse si no reciben información nueva, aportaciones singulares que les impriman dinamismo para no paralizarse y morir. La innovación, desde esta perspectiva, es ritmo vital para seguir adelante.
Innovar significa romper con las pautas establecidas. La organización innovadora no puede contar con ningún procedimiento fijo para su coordinación. Por ello, sostiene Mintzberg, deben suprimirse los «adornos» de la estructura burocrática: las divisiones del trabajo, la diferenciación de unidades, los comportamientos formalizados y el peso de los sistemas de planificación y control.9
El creativo bordea lo heroico. Lo heroico de todo héroe radica siempre en un esfuerzo sobrenatural para resistirse al hábito. La acción heroica es, en todo caso, una aspiración a innovar la vida, a enriquecerla con una nueva manera de obrar. Heroísmo es ruptura con la tradición, con lo habitual, con la costumbre. El héroe no tiene costumbres; su vida entera es una invención incesante.10
V. La innovación, motor de la economía
Las empresas que mantuvieron el liderazgo en su sector fueron las que adoptaron estrategias de innovación de modo continuo. Esa innovación se construyó sobre la explotación de sus recursos y capacidades organizativas más distintivos, sin que la alta dirección perdiera el control de lo que sucedía en los diferentes departamentos o divisiones.12
Pero innovar no se agota en estos aspectos, sino que va más allá: alcanza a todo cuanto genere valor y supervivencia para la empresa.
Notas
- De Bono, E. (2012): Seis sombreros para pensar, Barcelona: Paidós, pp. 17-18. ↩
- LeBoeuf, M. (2002): [título y editorial por completar], pp. 72-73. La frase de Einstein procede de su entrevista con G. S. Viereck, The Saturday Evening Post, 26 de octubre de 1929. ↩
- La imagen es literaria. En la física cuántica los sucesos individuales son probabilísticos, pero eso no equivale, en sentido estricto, a hechos «sin causa». ↩
- Horacio, Odas, I, 9, 9 (permitte divis cetera); Virgilio, Eneida, III, 395 (fata viam invenient). ↩
- Montaigne, M. de (2008): Los ensayos, p. 901. [Completar ciudad y editorial]. La anécdota de Siramnes procede de Plutarco, Apotegmas de reyes y generales. ↩
- Ortega y Gasset, J. (1964): Obras completas, Madrid: Revista de Occidente, p. 354. El texto se publicó en El Sol en 1920 (Obras completas, Madrid: Taurus, t. III, p. 345). ↩
- Ortega y Gasset, J. (1966): [obra por completar], p. 79. ↩
- Flaherty, J. E. (2001): Peter Drucker: la esencia de la administración moderna, México: Pearson Educación, p. 119. ↩
- Mintzberg, H. (2002): La estructuración de las organizaciones, Barcelona: Ariel, p. 481. ↩
- Ortega y Gasset, J. (1963): [obra por completar], pp. 177-178. ↩
- The Economist, número del 21 al 27 de septiembre de 2002. ↩
- Valdaliso, J. M. y López, S. (2007): Historia económica de la empresa, Barcelona: Crítica, p. 379. ↩
Para seguir leyendo
- De Bono, E.: El pensamiento creativo. El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas, Barcelona: Paidós.
- Mintzberg, H.: La estructuración de las organizaciones, Barcelona: Ariel, 2012.
- Valdaliso, J. M. y López, S.: Historia económica de la empresa, Barcelona: Crítica, 2007.
- Flaherty, J. E.: Peter Drucker: la esencia de la administración moderna, México: Pearson Educación, 2001.
- Revista de Estudios Orteguianos (Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón): serie «El aristócrata en la plazuela», sobre la obra periodística de Ortega.
Imágenes: U.S. National Park Service, Thomas Edison National Historical Park, y Wikimedia Commons (dominio público).
Cómo citar esta entrada
Lorenzo de Membiela, Juan B.: «Fundamentos de innovación», Sucesos Contemporáneos, 19 de febrero de 2013. Disponible en: https://membielaguitian.blogspot.com/2013/02/fundamentos-de-innovacion-4-min.html [consulta: 22 de octubre de 2026].
Sobre el autor
Juan B. Lorenzo de Membiela
Doctor en Derecho · Universidad de Valencia
Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con fuentes académicas y autorizadas.
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Sobre el autor
Juan B. Lorenzo de Membiela
Doctor en Derecho · Universidad de Valencia
Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con fuentes académicas y autorizadas.
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