Lecturas en el Blog Sucesos Contemporáneos thinking & creativity
de
Juan B. Lorenzo de Membiela
http://membielaguitian.blogspot.com.es
Microensayos, Gran Armada, Trafalgar, Armada, función pública, historia, management, monarquía hispánica, pensamiento.

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
Los gremios garantizaron durante siglos la calidad del trabajo y el valor de la palabra dada; su herencia obliga a preguntarse cómo formamos hoy a los jóvenes y cuánta libertad les dejamos.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 8 min de lectura
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| Qué fue un gremio | Corporación de maestros, oficiales y aprendices de un mismo oficio, regida por ordenanzas propias. |
| Origen y vigencia | Nacidos de hermandades de socorro mutuo, rigieron en España desde los Reyes Católicos hasta el siglo XIX. |
| Poder casi público | Controlaban el oficio y ejercían funciones legislativas, ejecutivas, policiales y judiciales. |
| Justicia cercana | Sus tribunales resolvían los pleitos de un pueblo llano sin acceso a la justicia ordinaria. |
| Garantía de calidad | Acceso restringido, jerarquía y largo aprendizaje aseguraban la excelencia del producto. |
| Del aprendiz al maestro | Contrato ante notario, unos nueve años de aprendizaje, carta de oficial y examen de maestro. |
| Sin quebrados | Las ordenanzas excluían a quien hubiera quebrado: de ahí el valor de la palabra dada. |
| El declive | Llegó con la economía de mercado y la competencia internacional, no por falta de calidad. |
| Formar hoy | Los jóvenes ya no aprenden junto al maestro, sino en escuelas y universidades. |
| Libertad frente al pensamiento único | La dignidad de la cultura occidental exige libertad de debate. |
| Nuevos gremios | Persisten la jerarquía, el nepotismo y una disciplina fría y mecánica. |
| Un legado en piedra | El colegio de la Antigua de Monforte de Lemos, ejemplo de obra gremial. |
Un gremio era una corporación formada por los maestros, oficiales y aprendices de una misma profesión u oficio, regida por ordenanzas o estatutos especiales (Fernández-Ríos, 1999: 488)1. Se extendieron por toda la Europa medieval.
Tenían su origen en las agrupaciones vecinales de socorro mutuo de carácter religioso2 y estuvieron vigentes en España desde los Reyes Católicos hasta principios del siglo XIX3.
Sus siglos de vida dejaron una cultura que aún hoy pervive en algunos aspectos, aunque de carácter testimonial. Sobre todo en los oficios más antiguos y en aquellos que hoy más admiración despiertan por lo que tienen de individualismo frente a lo informe de un igualitarismo sin adjetivos.
El gremio controlaba el oficio en sus aspectos técnico, productivo, laboral y organizativo. Era titular de competencias legislativas, ejecutivas, policiales y judiciales, potestades reconocidas por los concejos o ayuntamientos4 y, después, directamente por la monarquía.
Esta era la facultad más esencial, pues el pueblo llano apenas podía acceder a la jurisdicción ordinaria y sus controversias las resolvían tribunales constituidos por el gremio en cada municipio (González Arce, 2008)5.
El acceso era restringido; la estructura, muy jerarquizada; se impartía un periodo de aprendizaje y se obligaba a practicar el oficio durante un tiempo inexcusable. Todas ellas eran notas que garantizaban un producto de calidad, una excelencia perseguida por toda la corporación, pues de ella dependían su prestigio y, por tanto, su trabajo y su subsistencia.
En el gremio de albañiles (Terán, 1998)6, para iniciarse en el secreto y el conocimiento del oficio se ingresaba como aprendiz mediante un contrato entre el aspirante o sus familiares y el maestro, otorgado ante notario. El maestro se comprometía a enseñarle el oficio, «así de traza como de obra», y a mostrarle las técnicas para su ejecución.
El tiempo de aprendizaje lo fijaban las ordenanzas de cada población, aunque, dada la extensión de las enseñanzas, solía alcanzar los nueve años. El maestro proporcionaba casa y habitación, así como las herramientas de trabajo. El alumno debía asistir a diario, obedecer cuanto se le mandara, tanto para el oficio como para cualquier otra actividad, guardarle fidelidad y cuidar la herramienta. En España era frecuente la denominación de «criado», que se extendía incluso a los familiares del maestro.
Del aprendiz al maestro
Aprendiz. Ingreso mediante contrato ante notario y un aprendizaje de unos nueve años en casa del maestro.
Oficial. Adquirido el conocimiento, el maestro expedía la «carta de aprendizaje», que se inscribía en el libro de oficiales: era el segundo grado de la jerarquía gremial.
Maestro. Examen en el taller ante los alarifes o veedores y el cabildo o ayuntamiento, con una parte teórica —explicar mediante cálculos los secretos del oficio— y otra práctica, realizada en obra.
Tres grados · Unos nueve años de aprendizaje · Un examen público
En todas las ordenanzas gremiales concurría la voluntad de no admitir a quien hubiera incurrido en quiebra. De ahí la responsabilidad con que los agremiados intervenían en las operaciones mercantiles. Y de ahí, también, el valor de la palabra dada7.
El declive no se debió a la falta de calidad de sus actividades, sino más bien a una incipiente economía de mercado que abolió el proteccionismo real y a una competencia internacional que afectó al precio de los productos y servicios.
Desde hace tiempo, los jóvenes ya no aprenden del caballero o del maestro, sino que quedan excluidos de la sociedad y de los círculos de adultos, con sus contrastes y su especial gramática, durante un tiempo más dilatado8. Ya no se los prepara para la vida en su sentido amplio, sino de forma indirecta, a través de universidades y escuelas. Cabría plantearse qué enseñanza sería la más productiva, técnica y personalmente.
Es una pregunta que formulo lejos del imperativo de ideologías que someten a los hombres a la tiranía del pensamiento unívoco y rechazan toda libertad de debate, todo matiz de divergencia. Un sovietismo en estado puro y latente que monopoliza una libertad cuyo fin es la muerte de la dignidad en la cultura occidental, que es un capital infungible cuyos efectos frente a lo totalitario son todavía insondables.
Para Ortega, el gremio ahogaba al hombre9: lleva en el vestido la indumentaria de su oficio y toda su existencia está supeditada a la corporación.
Sí. Hoy ya no existen gremios, pero existen otros mecanismos que aplican una misma jerarquización, un mismo nepotismo, una misma disciplina férrea, fría y mecánica.
Quizá sea la falta de amabilidad o de tacto, el vacío de una cortesía desterrada de toda formación, lo que hace al hombre menos humano y más mamífero. O quizá sea la lucha entre las élites y el anhelo siempre presente de quienes desean expresar una libertad divergente. Un conflicto que se pierde en los siglos de las ambiciones personales.
Un apunte, solo como ejemplo de obra gremial: el colegio de Nuestra Señora de la Antigua, en Monforte de Lemos, levantado a finales del siglo XVI por iniciativa del cardenal Rodrigo de Castro, de la casa de los condes de Lemos, y conocido como «el pequeño Escorial». Destaca especialmente su escalinata sin soporte, obra que aún hoy despierta admiración por su ingeniosa técnica, en muchos aspectos todavía desconocida.








Procedencia de las láminas: escolapiosmonforte.com, viajar08.blogspot.com, blogs.ua.es/historiaalcoy y lascronicasdethot.blogspot.com.
Imágenes principales: Wikimedia Commons (dominio público y CC0).
Fragmentos genéticos del patógeno
de Guinea fueron remitidos al
laboratorio «P4 Jean Mérieux» en Lyon (Francia) que detectó la presencia del virus. Los
resultados fueron confirmados por el Instituto
Pasteur de Paris que concretó el género como
Zaire ebolavirus (EBOV).
El reservorio del virus se ha
detectado en los murciélagos de la
fruta. Animal que puede alcanzar los 5
m. de largo, que vive en bosques espesos
cercanos a fuentes de agua.Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
De Versalles a la hiperinflación de 1923: cómo la ruina del dinero arrastró consigo las normas, la confianza y la dignidad de una sociedad entera.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 7 min de lectura
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| El Tratado de Versalles (1919) | Impuso a Alemania pérdidas territoriales y unas reparaciones de guerra inasumibles. |
| Keynes contra las reparaciones | Dimitió y advirtió que arruinarían la recuperación de la economía europea. |
| Deuda impagable | Pagar en torno al 6 % del PIB anual obligó a Alemania a endeudarse en el exterior. |
| 1923, año de la quiebra | Alemania dejó de pagar y el banco central financió el Estado imprimiendo dinero. |
| La hiperinflación en cifras | Los precios se multiplicaron de forma astronómica y el 99 % de los ingresos públicos procedía de la emisión. |
| Ahorro aniquilado | Cuentas, hipotecas e instrumentos financieros se volatilizaron de la noche a la mañana. |
| La vida cotidiana | Los salarios se cobraban varias veces al día y los precios se duplicaban de una jornada a otra. |
| Una sociedad del instante | Triunfaron la improvisación, el gasto inmediato y la riqueza fácil de los más jóvenes. |
| Quiebra moral | El cinismo sustituyó a las normas; crecieron la mendicidad y los robos. |
| Un pago que duró 91 años | La última cuota ligada a Versalles se abonó en octubre de 2010. |
| Desintegración política | Para Arendt, aquel desarraigo alimentó el odio hacia todos y hacia todo. |
| La esperanza | Jayyam invita a pensar en el despertar de un niño frente al desencanto. |
Muchos autores sitúan en 1923 el año en que Alemania inició una conversión sociológica; una catarsis nacional que se originó tras el Tratado de Versalles, firmado en 1919. El historiador George F. Kennan consideró la Primera Guerra Mundial, de la que nació aquel tratado, «la gran catástrofe seminal» del siglo XX1. Versalles desmembró el Imperio alemán: Alsacia y Lorena volvieron a Francia, que obtuvo además la explotación de las minas del Sarre, puesto bajo administración de la Sociedad de Naciones; el norte de Schleswig pasó a Dinamarca y parte de la antigua Prusia, al nuevo Estado polaco (Coffin y Stacey, 2012: 1071)2.
Pero lo más gravoso no fue la merma territorial, sino las reparaciones de guerra, que una comisión aliada cuantificó en 269.000 millones de marcos oro3.
John Maynard Keynes, por aquel entonces representante del Tesoro británico en la Conferencia de Paz, dimitió de su cargo por esta causa. En su obra Las consecuencias económicas de la paz, publicada en 1919, afirmó: «las reparaciones condenarán la tarea más importante de Europa: la reparación de la economía mundial»4.

Porque Alemania no podría aplicar las políticas adecuadas para el desarrollo del Estado si no podía financiarse a sí misma, como sucedió al verse obligada a pedir créditos internacionales para pagar las indemnizaciones: se la obligó a pagar el 6 % de su PIB anual, algo imposible de cumplir.
Sí, el Tratado de 1919 puso fin a la guerra entre Alemania y el resto de las naciones combatientes. Pero las condiciones impuestas lastraron duramente a Alemania y la empujaron a emprender cualquier travesía hacia cualquier destino, porque la palabra imposible dejó de existir. Aquellas vivencias traspasaron la frontera de lo que cualquier pueblo puede soportar sin sufrir secuelas emocionales, porque 1923 estremeció a Alemania (véase Haffner, 2012: 58-59)5.
En ese año Alemania dejó de pagar las indemnizaciones de guerra a Francia. El motivo fue la inflación, generada por la emisión masiva de dinero de su banco central (Tugores, 2010: 216)6.
En enero de 1923, el índice de precios industriales (PPI, una fórmula parecida al IPC) se encontraba en el 2.785 %, y en noviembre alcanzó el 726.000.000.000 %. La tasa de inflación había llegado al 35.000 % mensual.
En octubre de 1923, solo el 1 % de los ingresos del Gobierno procedía de los cauces habituales; el 99 % restante, de la emisión de nueva moneda.
Todos los que tenían una cuenta de ahorro, una hipoteca u otro instrumento financiero vieron cómo se volatilizaban de forma fulminante. Muchos optaron por otras inversiones, pero no obtuvieron los resultados esperados.
El coste de la vida no tenía fin. Medio kilo de patatas que el día anterior costaba 50.000 marcos alcanzaba al siguiente los 100.000. Los salarios se pagaban varias veces al día, porque los precios también subían varias veces en una misma jornada (Tucker, 2001: 296)7. Un bocadillo llegó a costar el equivalente a 6.000 dólares.
Un dólar que en 1914 se cambiaba por unos 4 marcos alcanzó, el 30 de octubre de 1923, los 6 billones de marcos (Arenz, 2011)8.
La inercia y la confianza en lo vivido dejaron de ser válidas y eran castigadas con el hambre y la muerte. Se subsistía mediante la improvisación, la acción por impulso y una gran capacidad de adaptación a lo nuevo, que se sucedía sin descanso. Y todo ello se recompensaba con una riqueza desmedida.
Como escribe Haffner, aparecieron numerosos bancos y, con ellos, directores casi adolescentes, sin formación ni experiencia; aunque ¿quién tenía experiencia en semejante escenario? Del mismo modo, el último alumno de la clase que seguía los consejos bursátiles de sus amigos lograba ganancias inauditas. La educación ortodoxa se mostró insuficiente para afrontar la nueva situación.
Era frecuente que los hijos mantuvieran a sus padres y celebraran fiestas con champán y corbatas a lo Oscar Wilde. El gasto era inmediato, porque de forma inmediata se devaluaba el dinero. Proliferaron los bares y los clubes nocturnos.
El amor también sufría inflación. Todos se dedicaban a él con prisas y muchas ganas. Se produjo un estallido de ligereza despreocupada. Se prescindió del romanticismo y se recibió al cinismo con los brazos abiertos. La mendicidad se disparó y los robos aumentaron vertiginosamente (Haffner, 2012: 62-63)9.
El largo final de las reparaciones
Plan de pagos de Londres. Rebajó la deuda a 132.000 millones de marcos oro (mayo de 1921).
Planes Dawes y Young. Escalonaron y redujeron los pagos con apoyo de créditos estadounidenses (1924 y 1929).
Acuerdo de Londres. Reguló la deuda exterior alemana y aplazó parte de los pagos hasta la reunificación (1953).
Último pago. Alemania abonó la última cuota, unos 70 millones de euros, el 3 de octubre de 201010.
91 años de pagos · De Versalles a la Alemania reunificada
Pero lo importante para la dignidad de la persona fue lo que ocurrió en aquel periodo de entreguerras: quedaron a la vista los sufrimientos de más y más personas para quienes, de repente, dejaron de regir las normas del mundo que las rodeaba. Se asumieron el cinismo y la hipocresía como reglas sociales. Y todo ello originó una desintegración de la vida política junto a un odio penetrante hacia todos y hacia todo (Arendt, 2011: 386-387)11.
De ahí a que el hombre sea sometido a intereses ajenos a su fin como persona solo hay una tenue divisoria. De ahí a que el hombre se vuelva contra sí mismo, como implosión de su zozobra, solo hay un instante insensato; una fugacidad que todo lo cambia.
Hoy, con una sociedad que erige el desprecio en su jerarquía, ¿quién puede esperar algo de alguien… tan impropiamente humano? La conversión del hombre, y el hombre ya convertido, pueden esperanzar o no. Pero solo quienes han sufrido lo extremo pueden saber lo que ningún otro ser ha sentido nunca y percibir entonces el hálito de la sabiduría, que transforma la vida y los valores.
Hoy, ante esta situación de desencanto, cabe recordar a Omar Jayyam en su cuarteta CXLVII12:
«(…) Cuando te exaspere el resplandor del día, y cuando anheles que una noche eterna se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño […]».
Imágenes: Wikimedia Commons (dominio público, salvo la fotografía del Bundesarchiv, bajo licencia CC BY-SA 3.0 DE).
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