Sucesos contemporáneos · Serie microensayos
Declaraciones de Jeroen Dijsselbloem o la ética protestante
Las palabras del presidente del Eurogrupo sobre los países del sur reabrieron una vieja fractura cultural europea. Weber y Hofstede ayudan a entender por qué la ética protestante y la católica miran de modo distinto el trabajo, el ahorro y la riqueza.
Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 6 min de lectura

Sinopsis
| Idea principal | Conclusión |
|---|---|
| Motivo | Las declaraciones de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, en marzo de 2017 |
| Autores citados | Max Weber, Geert Hofstede, Peter A. Hall, Philip Jenkins |
| Tesis | La cultura religiosa modela el comportamiento económico de las naciones |
| Mirada al futuro | El eje decisivo ya no es católico-protestante, sino musulmán-cristiano |
Cronología
Individualismo frente a colectivismo
La «tercera Iglesia»
Peticiones de dimisión
La polémica
Las declaraciones de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, provocaron peticiones de dimisión.
Dijsselbloem dice que su mensaje se ha malinterpretado y que no dimitirá1.
La distinta cultura, católica y protestante, de los diversos países europeos genera estas tensiones. Diferentes percepciones que se complementan, que se compensan.
Ética protestante o la prosperidad de las naciones
El estudio de Geert Hofstede, investigador holandés, encontró que la cultura de un país influye en el comportamiento de los empleados (Koontz, Weihrich y Cannice, 2012: 76-77). Demostró que el individualismo predomina en EE. UU., Australia, Gran Bretaña y Canadá, mientras que el colectivismo se imponía en países como Guatemala, Ecuador y Panamá.
Estos resultados enlazan con los estudios de Max Weber de 1905 sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo. Países de raíz protestante alcanzan mejores resultados económicos que otros. Para Weber, la ética protestante, y especialmente la calvinista, propició la desaparición de restricciones sociales a la empresa y a la adquisición monetaria, fundamentos del capitalismo (García Ferrando, 1985, 29: 148).
El protestante no es un capitalista aventurero, tampoco un especulador; solamente un hombre sobrio, parco, impedido de gozar de sus riquezas, pero obligado a incrementarlas. Está sumido en un predeterminismo que le condena a una soledad interior inaudita. En esa zozobra se desengaña del mundo, culminación de su creencia. Ignorado por Dios, solamente le queda el trabajo como medio de salvación.
El afán de lucro era considerado como un precepto divino (Weber, 2004: 271-272). El capital acumulado no debía gastarse inútilmente, sino ser invertido productivamente (Weber, 2004: 274). La pobreza es admitida como designio de Dios, que impide de este modo los grandes peligros de la riqueza (Weber, 2004: 281). La desigual repartición de los bienes es obra de la Providencia, que persigue finalidades desconocidas para nosotros. El salario no es importante si con el trabajo se alcanza la gracia. Se impone al ciudadano un riguroso puritanismo que excluye la solidaridad social y una estricta autodisciplina emocional.
La religión y el sustrato formado a través de generaciones sobre el modo y forma de vivir integran la cultura de las sociedades. De ello se desprende que en países protestantes prepondere el individualismo y sus características: atención por los propios intereses; aceptación desigual del poder y centralización; asunción de incertidumbre; confianza en uno mismo y competitividad; trabajo duro y perseverancia. Frente a otros que promueven el colectivismo: importancia del grupo y de la persona; inconformismo con el poder y la autoridad; minimización de la desigualdad e incremento de la descentralización; temor a la ambigüedad e incertidumbre; preponderancia de las reglas y estructuras; orientación a lo social y a la calidad de vida de los otros; importancia de la modestia; menor tendencia al trabajo duro e inclinación al consumo.
Sobre estas condiciones, fácil es constatar un mayor desarrollo del capitalismo en aquellos países de raíz protestante.
Innovación y libre mercado
La revista Fast Company publicó en febrero de 2012 su clasificación «The World’s 50 Most Innovative Companies». Los doce primeros puestos fueron: Apple (California, EE. UU.), Facebook (California, EE. UU.), Google (California, EE. UU.), Amazon (Seattle, EE. UU.), Square (California, EE. UU.), Twitter (California, EE. UU.), Occupy Movement (Nueva York, EE. UU.), Tencent (Shenzhen, China), Life Technologies (California, EE. UU.), SolarCity (California, EE. UU.), HBO (Nueva York, EE. UU.) y Southern New Hampshire University (New Hampshire, EE. UU.).
Resultados que corroboran la preeminencia del protestantismo en sistemas de libre mercado.
Pero las diferencias entre las iglesias cristianas no tienen la relevancia que antaño tuvieron, además de verse invitadas por los tiempos a un obligado ecumenismo.
El imperativo de la eficiencia o productividad que se exige para subsistir en un mundo globalizado demuestra que nos dirigimos hacia una convergencia de instituciones sobre el modelo angloamericano (Peter A. Hall, 2012: 66).
El eje musulmán-cristiano
El escenario que debe ser analizado se concreta en el eje musulmán-cristiano. El incremento en espiral de cristianos y musulmanes invita a encontrar acercamientos que disipen riesgos por todos conocidos.
Barrett y Johnson, coeditores de la World Christian Encyclopedia, pronostican que los 2000 millones de cristianos actuales se habrán convertido en 2600 millones hacia el año 2025: un incremento de prácticamente un 30 %. Pero el islam crece a una velocidad mayor: de los 553 millones de 1970 ascendió a 1200 millones en 2001, y hacia 2025 alcanzará la suma de 1800 millones.
Las bases del crecimiento religioso se encuentran, para los cristianos, en América Latina, África y Asia. Es lo que Jenkins denomina «tercera Iglesia»: el crecimiento se expande a un ritmo positivamente correlacionado con el estado cada vez mayor de la opresión política y la corrupción en estas regiones (Jenkins, 2002: 53).
En Europa, el número de musulmanes se ha duplicado en los últimos veinte años, y se incrementa también en Malasia e Indonesia.
Oriente Próximo pierde su influencia por una energía devaluada producida por el petróleo y por un comercio marítimo entre Asia y Europa que ha sustituido el canal de Suez por el cabo de Buena Esperanza.
El resultado de todo ello es que Europa pierde influencia geográfica frente a Asia, la India y Brasil, como nuevos centros de civilización en un futuro no muy lejano. Otra cosa diferente es si perderá influencia ideológica.
El referente europeo persistirá, sin embargo, como meta de evolución social, pues en Europa se fraguaron las ideologías que han impulsado la revolución económica del mundo y que convirtieron a los países hoy emergentes en potencias económicas. Prueba de ello es que la marca «Europa» acapara en China cotas de mercado espectaculares.
Notas
- Expansión, 22 de marzo de 2017. Disponible en: expansion.com. ↩
Para seguir leyendo
- Weber, M.: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, varias ediciones.
- Hofstede, G.: Culture’s Consequences: International Differences in Work-Related Values, Beverly Hills, Sage, 1980.
- Jenkins, P.: The Next Christendom: The Coming of Global Christianity, Nueva York, Oxford University Press, 2002.
- Koontz, H.; Weihrich, H., y Cannice, M.: Administración: una perspectiva global y empresarial, 14.ª ed., México, McGraw-Hill, 2012.
- Barrett, D. B.; Kurian, G. T., y Johnson, T. M.: World Christian Encyclopedia, 2.ª ed., Nueva York, Oxford University Press, 2001.
Imagen principal: Wikimedia Commons, dominio público.


