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viernes, 12 de octubre de 2018

Sobre el perverso fin de una independencia inviable: la Corona es la garantía de la unidad y la convivencia (pensamiento).

Sucesos contemporáneos · Serie microensayos

Sobre el perverso fin de una independencia inviable: la Corona, garantía de la unidad y la convivencia

En el otoño de 2018, una reflexión sobre la ética de la responsabilidad, el pensamiento único y la Corona como símbolo de la unidad y la permanencia del Estado frente a una independencia inviable.

Por Juan B. Lorenzo de Membiela
⏱ 4 min de lectura

Ilustración.
Ilustración.

Sinopsis

Idea principalConclusión
La CoronaSímbolo de la unidad y permanencia del Estado (art. 56.1 CE).
Ética de la responsabilidadLa que distingue al hombre de Estado del político ocasional.
La corrosión del carácterCon Sennett, la obstinación del momento quiebra expectativas.
Pensamiento únicoSin alternativas, solo queda el miedo.
Ley y convivenciaSin ley ni Constitución, los principios sociales se desmoronan.
NacionalismoRazonable si respeta el marco común; con Montaigne, las pasiones irracionales llevan a la decadencia.

Juan B Lorenzo de Membiela

«El símbolo de esa unidad es la Corona, a ella se debe la democracia, a ella se debe la unidad y ella es el futuro para una España en armonía constructiva».

Lo demás es degeneración y egoísmo oportunista.

I. La ética de la responsabilidad

Se debatía la importancia de la ética de la responsabilidad en las gestiones políticas. Responsabilidad sobre actos presentes que producirán efectos en un futuro. Es una idea explicada por Max Weber sobre los fundamentos humanistas de Kant.

Aquellos gobernantes que la asumían son llamados hombres de Estado, porque sacrificaban el interés de un presente pasional por un futuro racional en provecho para toda una comunidad.

Hoy, la obstinación de los momentos quiebra expectativas brillantes y prósperas.

Ocurre lo que Sennett (2006) llamó «corrosión del carácter»: lo responsable como categoría moral se difumina y se pierde toda perspectiva espacial, social y económica.

Bajo esta situación la diversidad ideológica desaparece, la libertad de la persona se embarga y la ley queda relegada a simple testimonio escrito.


Engaño/verdad y totalitarismo/libertad se presentan en un mismo óleo sin matices cromáticos.
Y ello da paso a la ingeniería del aniquilamiento del disidente. Frente a lo absoluto no puede existir lo particular. Frente a una ideología independentista no puede coexistir otra distinta.

No hay alternativas.

Solo nada.

Solo miedo.

Pensamiento único, solamente.

II. Ley, Constitución y convivencia

La convivencia necesita un orden acotado por un Estado Social y de Derecho cuyos valores de libertad e igualdad del art. 1.1º de la Constitución impidan cualquier tipo de terribilitá y cualquier tipo de exención en el cumplimiento de la ley.

Y ello debe ser así porque como dijo Rousseau en 1755: « Si se encuentra en un pueblo un solo hombre que no esté sometido a la Ley, todos los demás están sometidos a éste ».

Idéntico a lo que Nixon, sobre las palabras de Lincoln, declaró: «Nadie está por encima de la Ley, nadie está por debajo de la Ley».

Sin ley, sin Constitución, los principios sociales, jurídicos y humanistas se tornan indefinidos provocando una inconsistencia cognitiva que no es otra cosa que un relativismo de corte nihilista con una desvalorización de todo que conduce a una tiranía amoral.

Si todo carece de sentido, se compromete la razón de ser de una sociedad y la dignidad de las personas que la integran.

Y en esas circunstancias se olvida lo prioritario, que el hombre es un fin en sí mismo, como razonó Kant, y todo lo que atente a su dignidad debe quedar relegado como artificial y producto del egoísmo y lo impositivo irracional.

No debe exigirse a la política nada de lo que yo, como persona, no pueda exigirme. Y no puedo exigirme prescindir e ignorar al amigo, al familiar, al vecino, al ciudadano que disienta en su modo de ver a un territorio integrado en una nación y esta, a su vez, en un proyecto europeo que avanza hacia la unidad para salvaguardar a todo un continente.

III. Nacionalismo y decadencia

El nacionalismo en España es razonable, pero entendiendo que su razón de existencia es precisamente su diferenciación con el resto de pueblos de España. Sin España como criterio referente pierde su sustantividad, su justificación. Si rechazan a España se están rechazando a sí mismos.

Comentaba Montaigne en el s. XVI que hay pasiones fantásticas e irracionales que han empujado no solo a individuos sino a pueblos a desaparecer (Montaigne,2008:370).

Preámbulo de la decadencia social es la persecución al ideológicamente disidente. Los «Gulag» y los Campos de concentración no menos que los suplicios selectivos que modernamente se practican en comunidades son muestras de hasta qué extremo algunas sociedades cohabitan con el arcano deleite de las tinieblas metafísicas del mal.

En momentos de incertidumbre la altura del político de Estado debe prevalecer para garantizar una unidad, que no es otra cosa, que garantizar una convivencia dentro de los principios constitucionales españoles y derechos fundamentales europeos.

El símbolo de esa unidad es la Corona, a ella se debe la democracia, a ella se debe la unidad y ella es el futuro para una España en armonía constructiva.

Lo demás es degeneración y egoísmo oportunista.

Para seguir leyendo

  • Sennett, R. (1998): La corrosión del carácter, Barcelona: Anagrama.
  • Constitución Española, art. 56.1. Disponible en: www.boe.es.

Publicado en este blog en octubre de 2018.

Cómo citar esta entrada

Lorenzo de Membiela, Juan B.: «Sobre el perverso fin de una independencia inviable: la Corona es la garantía de la unidad y la convivencia (pensamiento).», Sucesos Contemporáneos. Disponible en: https://membielaguitian.blogspot.com/2018/10/sobre-el-perverso-fin-de-una.html

Sobre el autor

JLM

Juan B. Lorenzo de Membiela

Emblema de la Universitat de ValènciaDoctor en Derecho · Universidad de Valencia

Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con fuentes académicas y autorizadas.

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