La implacable persecución y vacío a una persona con una presunción de inocencia consagrado en la Constitución es una hipocresía inasumible en una democracia.Rompe el sistema jurídico y por ello el sistema politico.
Que la ambición de poder condene apriorísticamente a la persona destruye lo que el fin de la democracia misma defiende que no es otro que la defensa y protección de la persona.
Es un punto sobre el que se debe reflexionar enfatizando y haciendo valer los principios esenciales que procuren la convivencia en comunidad.
Los «votos de sangre » son inadmisibles.
Como humanista lo importante es la persona siempre y su dignidad.
Sobre el autor
Juan B. Lorenzo de Membiela
Doctor en Derecho · Universidad de Valencia
Especialista en Derecho administrativo, empleo público y Derecho del trabajo. Investiga la historia naval de la Monarquía hispánica —de la Gran Armada a Trafalgar—. Es autor de Estudios sobre Trafalgar: tempestad, marinos e imperio (Sevilla, 2019) y de una veintena de libros y 169 artículos científicos de Derecho público y del trabajo. Colabora en El Confidencial Digital y El Español. Desde este blog publica microensayos que contrastan los hechos con las fuentes primarias.